Personas, personajes y hermandad

(Leer creyentemente)

 Jose Luís González

Jose Luís González

Al parecer, en 1920 el médico y humanista español Gregorio Marañón hizo suya y divulgó la frase atribuida a Hipócrates:
«No hay enfermedades, hay enfermos»
Personas, personajes y hermandad

MIGUEL DELIBES AFIRMABA QUE UNA NOVELA necesita entrelazar tres factores decisivos: «Un hombre, un paisaje, una pasión». Es decir: el protagonista, el conflicto, la tierra. Su obra integra a un personaje (hombre, mujer) definido por su relación con un entorno (paisaje) y movido por una motivación o afición (pasión). Logra así una narrativa «de personajes» donde la tierra y el género humano son indisociables.

El propio autor reconocía en una larga conversación con Alonso de los Ríos: «Yo entiendo que novelar o fabular es narrar una anécdota, contar una historia. Para ello se manejan una serie de elementos: personajes, tiempo, construcción, enfoque, estilo. A mi ver, con todos estos elementos se pueden hacer todas las experiencias que nos dé la gana..., todas menos destruirlos, porque entonces destruiríamos la novela. El margen de experimentación es inmenso, pero tiene un límite, que se cuente algo».

Quien pueda dedicar unos minutos a ejercitarse sobre el cuidado y tratamiento y creación de personajes observando, leyendo, pensando y resolviendo estos ejercicios estará en condiciones favorables de aportar este jueves 23 por la tarde, en nuestro encuentro.

EJERCICIO UNO: COMPLETAR

Al contrario que las demás novelas de Georges Simenon (1903-1989), Las memorias de Maigret (1951, Les Mémoires de Maigret) no es policiaca sino más bien un ovillo de recuerdos y experiencias de un comisario a sus treinta años de edad (aunque retirado en la ficción ficticiamente). Una especie de pausa en la relación literaria Maigret-Simenon, personaje-autor, iniciada en 1931 y prolongada hasta 1972. El escritor belga, prolífico y rápido, la compuso entre el martes 19 y el sábado 27 de septiembre de 1950. En su amplia y apartada finca Shadow Rock Farm, en Lakeville, Connecticut, a casi seis mil kilómetros de París, ciudad donde transcurren los acontecimientos narrados en el libro. Se publicó, por entregas, en la leidísima entonces revista mensual francesa Constellation, en sus números 34 a 37, correspondientes a febrero, marzo, abril y mayo de 1951

En la tercera página del primer capítulo se leen estos párrafos que nos sirven para preparar un ejercicio que tardarás varios días en completar:

Era un día cualquiera de principios de invierno, uno de esos días sin color, grises y blancos, lo que suelo llamar «una jornada de papeleo»

[…] Si insisto sobre este fondo gris, carente de todo relieve, no es por pintoresquismo, sino para demostrar lo banal que en sí mismo fue aquel acontecimiento, ahogado entre los mil aconteceres de un día también banal.

Eran sobre las diez de la mañana. El informe estaba terminado hacía casi media hora; había sido corto.

Todo el mundo sabe, más o menos, en qué consiste un informe de la Policía Judicial, pero en aquella época la mayoría de parisienses se habrían visto en un apuro para decir qué tipo de administración era la que había en el «Quai des Orfèvres» [una avenida y muelle situado a lo largo del río Sena en la Île de la Cité, en el distrito 1 de París].

A las nueve, un timbre llama a los diferentes jefes de servicio para que acudan al gran despacho del director, cuyas ventanas dan sobre el Sena. La reunión no tiene nada de particular. Todo el mundo se encamina hacia allí fumando su pipa o su cigarrillo y casi siempre con un expediente bajo el brazo. El día parece que todavía no ha empezado, todos creen percibir aún cierto aroma a café con leche y croissants. Se dan la mano. Se habla en ralenti mientras se espera a que lleguen todos.

Después, cada uno, cuando le toca, pone al jefe al corriente de los sucesos que se han producido en su sector. A veces algunos permanecen de pie junto a la ventana, mirando pasar los taxis y los autobuses bajo el puente de Saint-Michel.

En contra de lo que la gente podría figurarse, allí no se habla sólo de criminales.

— ¿Cómo está su pequeña, Priollet? ¿Qué tal va del sarampión?

Yo me acuerdo de haber oído dar, con gran competencia, magníficas recetas de cocina.

A veces se habla de cosas más serias, desde luego, por ejemplo del hijo de un diputado o de un ministro que ha hecho alguna tontería y continúa haciéndolas tranquilamente, al que es urgente hacer entrar en razón pero sin escándalo. O bien de un extranjero muy rico que recientemente ha pasado a ocupar un palacete de los Champs-Elysées y por el que el Gobierno empieza a preocuparse, o de una chiquilla recogida hace ya algunos días en la calle y a la que no reclama nadie a pesar de haberse publicado su fotografía en todos los periódicos.

Se está entre gente del oficio, y los acontecimientos sólo se examinan desde un punto de vista estrictamente oficial, sin palabras inútiles; así todo resulta sencillo. Es el simple quehacer cotidiano.

— ¿Qué, Maigret, aún no ha conseguido arrestar al polaco de la calle Birague?

Ahora vienen los ejercicios. Se basan en ese párrafo que repetimos: «A veces se habla de cosas más serias, desde luego, por ejemplo del hijo de un diputado o de un ministro que ha hecho alguna tontería y continúa haciéndolas tranquilamente, al que es urgente hacer entrar en razón pero sin escándalo. O bien de un extranjero muy rico que recientemente ha pasado a ocupar un palacete de los Champs-Elysées y por el que el Gobierno empieza a preocuparse, o de una chiquilla recogida hace ya algunos días en la calle y a la que no reclama nadie a pesar de haberse publicado su fotografía en todos los periódicos».

No están pero se les menciona. Y los vemos. La niña que se ha contagiado de sarampión, el hijo de un político destacado, el extranjero que no parece migrante desvalido, una muchacha joven y sin nadie. El director de la comisaría, los policías, inspectores, ciudadanos ajenos a las labores de los funcionarios en los cuerpos de seguridad del Estado…

1.1. ¿Qué tontería imaginas tú que ha hecho el hijo de un diputado —o incluso ministro del Gobierno— y sigue haciéndola tranquilamente, impunemente, pero a quien cuanto antes van a hacer entrar en razón pero con discreción, sin ruido? ¿Cómo es ese joven? ¿Y su padre, alto cargo gubernamental o del Parlamento francés?

1.2. ¿Y cómo te representas tú a ese extranjero muy rico que desde no hace mucho reside en un palacete nada menos que en los Champs-Elysées y por el que el Gobierno empieza a preocuparse? ¿De qué país proviene? ¿Es suya esa mansión? A pocos pasos, en el 55 de la Rue du Faubourg Saint-Honoré, se ubica la residencia oficial del presidente de Francia. El Grand Palais —icónica su cúpula de cristal— se encuentra en los jardines de los Campos Elíseos y es el gran escenario monumental de exposiciones de la capital. Casi enfrente del Grand Palais, el Museo de Bellas Artes. Es una zona pijérrima.

1. 3. ¿Y cuál es la historia de esa «chiquilla recogida hace ya algunos días en la calle»?

EJERCICIO DOS IMPRESIÓN

Lee este otro texto publicado en fechas parecidas al de Simenon y fíjate en el tratamiento de personajes. ¿Qué impresión te causan a ti? Deja por escrito, escuetamente, tus percepciones, la huella que dejan en ti.

Timoteo, el incomprendido

Timoteo Moragona y Juarrucho era un artista incomprendido. Las vecinas se cachondeaban de él y le decían:

— ¿Qué, Timoteo, le han encargado a usted algún San Roque? (Nota 1)

A Timoteo, aquellas bromas propias de la incultura le sacaban de quicio.

— ¡No, señor! ¡No me han encargado ningún San Roque! ¡Yo no soy un artista de encargos!

Una vecina algo más atrevida, le dijo un día:

— Ya se ve, ya...

Y entonces, Timoteo le pegó una patada en el vientre y la tiró por encima del puestecillo de una vieja que vendía chufas y cacahuetes.

— ¡Tome usted! ¡Para que escarmiente y no se vuelva a meter con los artistas!

La que se armó en el barrio con el punterazo de Timoteo fue suave. El marido de la agredida —que era mecánico de radios— quería matar a Timoteo.

— ¡A ese tío lo rajo yo! ¡Un hombre que se precie no puede permitir que los transeúntes se líen a coces con la señora propia! ¡Estaría bueno!

La dueña del puesto de chufas también se puso hecha un basilisco.

— ¡A mí se me indemniza la mercancía o recurro a la autoridad! ¡Usted será muy artista, pero yo soy una mujer decente, que es más! ¿Se entera?

El mecánico de radios, en cuanto se enteró de lo ocurrido, cogió un berbiquí y cruzó a casa de Timoteo. En la acera de allá se encontró con un amigo suyo que vendía mecheros y piedras en la calle de Postas. (Nota 2) El vendedor de mecheros era un hombre ecuánime y de buen criterio.

— No suba usted ahora, que está la sueca.

— Pero, hombre, es que le han pegado una patada en el vientre a mi señora. ¡Eso siempre ofende!

El vendedor de mecheros se encogió de hombros.

— ¡Allá usted! Lo que yo le digo es que no debía subir, que está la sueca.

— Pero, entonces, ¿me voy a quedar así?

— Pues, sí, yo creo que es mejor. Después de todo, el Timoteo tampoco mató a su señora.

— Hombre, matarla, lo que se dice matarla, no, esa es la verdad. Pero el patadón fue de pronóstico, no me lo negará usted. Si llega a estar en estado interesante la hace abortar.

— Bueno, pero no estaba en estado interesante.

— Sí, eso también es cierto.

El vendedor de mecheros remató sus buenos oficios de pacificador.

— Mire usted, Pío, los hombres tienen que estar por encima de ciertas cosas. Que suba usted ahora, todo acalorado y empuñando un berbiquí, no es correcto. Además, ya le digo, está la sueca.

— Bueno, bueno...

Los dos hombres se fueron a tomar un blanco. El tasquero, que era un asturiano que se llamaba Manolín, los quiso obsequiar.

— ¿Un caracolito, de tapa?

— Bueno.

EJERCICIO TRES ADJETIVOS

Lee y resalta qué ideas subyacen en estas líneas del capítulo 61 de la novela de William Saroyan Tú es que estás loco, papá y describe con tres palabras —tres adjetivos— cómo es el padre y cómo es su hijo de diez años recién cumplidos. O, más bien, cómo parecen ser.

— Ahora las máquinas hacen de todo, papá. Si tuvieras una máquina así, no tendrías más que acercarte a la máquina, enchufarla y decirle: «Quiero una comedia muy graciosa sobre la gente y la alimentación». Luego te podrías marchar, y cuando volvieras, tres horas después, tendrías la comedia enterita escrita, y todo lo que tendrías que hacer sería leerla a ver si te gustaba.

— La verdad es que sería una delicia tener una máquina de esas.

— Pues vamos a inventárnosla.

— ¿Cómo?

— Se han inventado máquinas que pueden hacer de todo. Las he visto en la tele. No hay más que apretar un botón.

— No creo que me interesara mucho una máquina que escriba lo que me corresponde escribir a mí, aunque existieran máquinas de esas.

— ¿Por qué no? Se tarda mucho en escribir una obra de teatro, papá. Y no merece la pena.

— Sí que merece la pena. Y tampoco se tarda tanto. Si un escritor escribiera un solo libro bueno en toda su vida, antes de morirse, tampoco sería mucho tiempo, aunque viviera noventa años, porque un buen libro es un buen libro, y morir vamos a morir todos tarde o temprano, y cuando uno ya está muerto, pues... se acabó, y no hay nada mejor para dejar en este mundo que un buen libro.

— Pero, de todos modos, ¿por qué no se puede escribir deprisa una obra de teatro? ¿Por qué hay que pensar tanto y preocuparse y estar de un lado para otro venga tomar cafés?

— Un hombre es un hombre, pero antes de poder hacer una verdadera obra de arte tiene que hacerse ángel.

— ¿Sí?

— Sí. Durante un momento, o durante una serie de momentos aislados, el hombre tiene que convertirse en emisario de Dios, en mensajero del amor, de la verdad, de la belleza, de la armonía, de lo que tiene sentido y de cosas así.

— ¿Y las alas qué?

— No hacen falta alas.

EJERCICIO CUATRO RESPUESTA

Redacta una respuesta para una paciente con cita previa que, tras esperar en una consulta privada de dermatología casi tres cuartos de hora, presenta una queja por escrito, en internet. Concreta que la visita médica ha durado seis minutos y le han cobrado 120 euros (en negro). El especialista le ha dicho —con displicencia, como apurando el reloj, con la intención de pasar al siguiente cliente cuanto antes— que es bastante normal esa piel irritada en los primeros meses tras el parto y la comezón en el abdomen. Que espere cuatro semanas o tres y vuelva a la consulta. La joven madre, en su escrito, por buscar algún aspecto favorable, ha destacado lo bonito y moderno de las instalaciones (en las que el padre del dermatólogo, cirujano vascular, atiende por las tardes, tras su trabajo en la sanidad pública, consultas particulares).

EJERCICIO CINCO POSIBILIDADES

«Estaba hace un rato en una librería. Una cola enorme de gente para una firma de libros de una conocida autora de novela romántica. Yo había ido a buscar un libro, lo encontré y justo cuando salía paso al lado de una chica que estaba en la fila, hablaba en voz bastante alta con su grupo de amigas y dijo, con voz como indignada: “¿Qué hago yo en Marruecos leyéndome un libro de un cura?”.

»Mi imaginación no para de pensar en un contexto y un marco para esa frase. Se abre juego para interpretaciones…».

»Opción 1: Se iba a ir de viaje y su novio le regaló un libro de espiritualidad, pensando que le gustaría y, en cuanto leyó la reseña del autor en la solapa, se volvió hacia él y exclamó…»

»Opción 2: alguien está colado por esa chica, ella le trata con condescendencia y él sabedor de su viaje a Marruecos le regala el libro de Pablo d’ Ors El amigo del desierto. Ella solo piensa en que el tío es un rarito. El aún no vislumbra que ella no merece la pena.

»Opción 3: Pues lo que he pensado es que se iba de viaje y alguien le regaló un libro de Jesús Sánchez Adalid, que tiene tramas árabes. ¿Treinta doblones de oro?

»Opción 4: ¿La respuesta a mis inquietudes está en un libro escrito por un cura? ¿Tanta “independencia y libertad” para concluir en Dios?

Añade tú dos posibilidades distintas de cómo es esa chica que dice: “¿Qué hago yo en Marruecos leyéndome un libro de un cura?”

Nos leemos.

NOTAS


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1.- San Roque fue un peregrino occitano del siglo XIV, canonizado el 26 de octubre de 1629 por el papa Urbano VIII. La Iglesia católica lo venera como santo y celebra su festividad el 16 de agosto. Es uno de los tres patrones del peregrino. Aparece en las artes plásticas vestido de peregrino con bordón [bastón alto], sombrero y capa, con una llaga en una pierna —habitualmente la izquierda— y acompañado de un perro, que suele llevar un pan en la boca, llamado Rouna, o un ángel, aunque a veces se le representa clon ambos.

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2.- La calle de Postas, Postas o de las Postas es una vía urbana del barrio de Sol en el distrito Centro de Madrid.

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