"Una conciencia nueva"
Acerca de un ensayo de Silvia Bardelás
Nos hemos dejado robar o hemos olvidado lo que compartimos como humanos y es urgente preguntarnos quiénes somos, así, en plural porque «no puedo ser ni conocerme en soledad. Eso lo sabía bien Sócrates, pero en su época no necesitaba aclararlo». La nuestra no solo exige aclararlo sino explicarlo e insistir sobre ello con urgencia.
Movida por la obsesión «de no separar la subjetividad de la humanidad común», Silvia Bardelás (Vigo, 1967) ha escrito un manifiesto sin estética de manifiesto y sin vocerío. ¿Puede un manifiesto ser proclamado en voz baja? De eso va Una conciencia nueva, de mirar desde otro lugar, de hacer cosas de forma distinta pero sin salir de uno mismo. Porque ahí es donde se encuentra la clave de todo; la raíz de una sensibilidad que ha sido arruinada por simulacros de realidad y paralizada ante el poderoso y rentable espectáculo de sus imágenes. ¿Qué ha ocurrido?
De brazos caídos
Cada vez hay más noticias sobre el advenimiento de una superinteligencia que causará estragos. También las hubo en su día —y las sigue habiendo—, sobre un pavoroso cambio climático. ¿Se hace algo? ¿Alguien actúa? Las instituciones redactan declaraciones ante hechos que dan por consumados. Tienen un tamaño inadecuado: son demasiado grandes. Los seres humanos, ¿qué pueden cambiar, diminutos ellos, nosotros, ante problemas descomunales? Resultado: nadie hace nada, nadie sabe nada. No se traza la línea entre acciones (u omisiones) y consecuencias. Se ha roto la cadena de sentido. La impotencia, cuando no la apatía o el fatalismo, se ha vuelto costumbre.
Según Bardelás no hay una conciencia común de que se pueda hacer cargo. El periodismo ofrece datos, cifras que verdaderamente importan… ¿a quién? «Hace ya mucho tiempo la gente vivía sin noticias en su pequeño mundo del que era protagonista. Sabía perfectamente que lo que hiciera desde el momento en que se levantaba tendría consecuencias en los más cercanos. Ahora es posible que muchos no veamos a los más cercanos, por culpa de un conocimiento abstracto de un mundo que nos horroriza y paraliza».
Tradicionalmente, la primera fuente de conocimiento del mundo son los sentidos. Es el punto de partida y es hermoso. ¿O no es hipnótico observar a un bebé descubriendo el tacto, el gusto, la vista…? La pregunta que plantea Bardelás es una película de terror: «¿Y si ya no percibimos? ¿Y si en lugar de percibir la realidad y desde ahí construir un mundo, lo inventamos sin más desde la abstracción?».
Su propuesta es volver a la experiencia directa, concatenada; resucitar la sensibilidad para ir después al pensamiento y no dejar nunca de combinar una y otro. O sea, como una María Zambrano, pero con urgencia.
La subjetividad que nos une
Es un grave error «pensar que la experiencia subjetiva no tiene valor y que sucede en una cápsula individual […]. Cuando la experiencia es subjetiva surge de la conexión, del reconocimiento de la intimidad de otro a través de esa mirada genuina que surge de nuestra propia intimidad. Es decir, la experiencia subjetiva anula la separación, surge de ese principio vital común. Solo se puede llegar a la intimidad de otro desde la propia intimidad».
A falta del tiempo y el espacio necesarios, la experiencia se sustituye por su simulacro. Qué error. La razón descontrolada, separada de los procesos vitales, ha tomado el mando del negocio y del ocio, también de las palabras y hasta de los seres humanos designados por palabras, siglas, colectivos. ¿Dónde están las personas? Porque no es posible tener sensibilidad y empatía efectiva ante un grupo abstracto de gente. La ayuda o la empatía es de persona a persona, de uno en uno.
Diccionario mínimo para una conciencia nueva
Quizá no estaría de más elaborar un pequeño diccionario de los conceptos que se desgranan en Una conciencia nueva. Es fácil, gracias al estilo aforístico de la autora:
— «Conocer algo es sentir su esencia, percibir su intimidad».
— «La inteligencia estética es la capacidad de llegar a sentir la subjetividad, ese yo que es nosotros».
— «Contemplar sin prejuicios a una persona, un árbol. Ahí está ese momento de vínculo con lo real».
— «Ese deseo de identidad que tanto caracteriza a nuestra época es nostalgia de intimidad, de conexión».
— «La subjetividad es un sentimiento de intimidad que nunca está acabado, que se va conformando en la relación».
— «La belleza no busca nada, solo aparece en el acto de ser».
Nostalgia de algo nuevo
Este ensayo quiere que algo nuevo suceda y trabaja en ello y por ello. Es un libro alegre, vitalista, energético. Sabe que el sistema depende de sus miembros. Cambiar la conciencia, crear otras posibilidades de vida sin abandonar la experiencia sensible y estética... En eso consiste el paso simple, pero decisivo, del yo al nosotros; es fácil porque es, somos lo mismo, se trata de «no separar la subjetividad de la humanidad común».
Bardelás propone una alianza con la experiencia directa, con la sensibilidad que permita “conocer sintiendo” y al revés. No es algo que sucede a escondidas dentro de uno miso, sino un proceso que se abre a los demás y es capaz todavía de revertir la desconexión y la falta de energía que recorre el mundo para imaginar y construir otro menos abstracto, más manejable y vivible, desde el tú a tú concreto, desde el cruce de miradas y la ayuda mutua. Aquí. Ahora.
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Uno de los autores hoy más leídos es Byung Chul Han, Premio Princesa de Asturias. Sus sagaces planteamientos críticos se aproximan a los de la española Silvia Bardelás. Ambos diagnostican el mismo "dolor" del siglo XXI y proponen medicinas notablemente similares. Considerando sus obras centrales (Una conciencia nueva, de Bardelás, y La sociedad del cansancio, de Han), podría establecerse la siguiente comparación:
Coincidencias clave
- Crítica a la abstracción: Ambos coinciden en que la vida digital nos aleja de la experiencia física y real. Bardelás habla de "exceso de abstracción" y Han de la "desmaterialización" del mundo.
- Recuperación de la sensibilidad: Para Bardelás es vital recuperar la "realidad energética" (el amor, la belleza) que no se puede medir. Han, por su parte, aboga por recuperar el eros y el ritual, que son formas de energía humana no productiva.
- La crisis de identidad: Los dos autores señalan que ya no sabemos quiénes somos porque nos definimos por nuestras funciones o perfiles digitales en lugar de por nuestra esencia humana.




