PRESENTACIÓN
En lugar de los recuerdos vivos y de las tradiciones forjadas por ellos se aporta la elaboración de datos, pero los ordenadores no recuerdan, se limitan a almacenar.
Se debilita la confianza en la capacidad de cada persona para interpretar el mundo, que se deja en manos de enormes burocracias sobrecargadas de información y complejos sistemas tecnológicos. La dependencia completa de estos sistemas lleva a encerrarse en horizontes de sentido y de vida limitados. La realidad se ve reducida a una conexión, que permite entrar en una red de contactos caracterizados por la agilidad, la velocidad y las reacciones inmediatas, más que por la reflexión y el espíritu crítico. En este escenario los relatos universales y las historias fundadas en opciones duraderas interesan menos que las identificaciones ligeras y pluridimensionales.
La resignación ante la propia fragilidad prescinde de las grandes esperanzas y queda convertida en una mera exhortación a «ir tirando» sin criterio ni meta concretos. La cultura tiende hoy a cultivar el olvido del ser, de la memoria y del destino eterno.
Los desafíos que se derivan de los avances de las biotecnologías, de la robótica, de la IA y del imaginario cultural dominante ponen en cuestión la experiencia que el ser humano tiene de sí mismo en lo concreto y en la que forja su identidad: el encuentro interpersonal, su reconocimiento como persona. Pero ningún ser humano puede ser feliz si no sabe quién es.”
Comisión teológica internacional.
Hoy en día, la identidad humana se ha visto desdibujada por la tendencia a reducirnos solo a nuestras funciones operativas. Factores como el utilitarismo, el nihilismo, la proliferación de la inteligencia artificial y la influencia de las redes sociales contribuyen a transformar nuestra percepción personal y colectiva.
Pero la respuesta no es la huida. No se trata de desconectarse del mundo, sino de cambiar la forma en que habitamos el entorno digital y pragmático.
Lo primero será pararse a pensar qué significa ser persona, “alguien” original y único, y no simplemente “algo”. Y con ello encontrar qué propósitos son los que nos hacen más plenamente humanos y qué es lo que nos deshumaniza.
La literatura, la filosofía y el arte son más que simples actividades intelectuales: constituyen herramientas fundamentales para redescubrir lo que significa ser humano y volver a conectarnos con nuestro entorno. Ellas pueden ayudarnos a romper la apatía moderna y a afrontar la división entre individuo y sociedad, entre persona y sistema, entre “ser” y “hacer”.
En un contexto donde todo gira en torno a la utilidad y la productividad, la filosofía nos invita a habitar el terreno de “lo inútil” pero indispensable. Lo esencial. Una nueva conciencia surge cuando dejamos de aceptar sin cuestionar los dictados sociales, afrontamos prejuicios y comenzamos a investigar quiénes somos más allá de nuestras funciones laborales y digitales, de nuestras coordenadas económicas y nuestros impulsos consumistas ciegos.
El arte actúa como remedio contra la abstracción tecnológica y la pasividad. Mientras las pantallas nos alejan de la realidad, el arte nos reencuentra con ella y nos impulsa a conectar con lo universal. La pintura, la música, la escultura, la literatura… nos permiten aprender mediante otras vivencias, fomentando una empatía y una comprensión que ni los datos ni las noticias pueden brindar. Ver la belleza en lo cotidiano ayuda a combatir el desencanto contemporáneo.
Las redes sociales nos han vuelto sujetos pasivos, absorbidos por algoritmos que simplifican nuestra identidad y alimentan la polarización y la cultura de la cancelación. Es fundamental emplear la tecnología conscientemente, recuperando el control sobre nuestra atención y evitando la superficialidad y la reacción automática.
Aunque la inteligencia artificial (IA) procesa información, carece de sensibilidad y experiencia humanas. El verdadero problema radica en perder nuestra capacidad de juicio delegándola a las máquinas; vivir a través de mediaciones digitales genera desconexión y soledad.
Recuperar la libertad consciente no implica huir del mundo digital, sino transformar nuestro modo de interactuar con él. Es esencial pararnos a reflexionar acerca de lo genuinamente humano.
Para lograrlo, debemos retomar el control de nuestra atención, resistiendo la dispersión mediante la concentración en una sola actividad significativa. Esta pausa reflexiva nos ayuda a escapar del automatismo y reafirmar nuestra humanidad.
Más allá del asombro estético, busco revelar su dimensión interior: cómo su mirada, humilde y contemplativa, puede guiarnos en nuestro propio recorrido humano y espiritual. Divulgar a Gaudí no es solo hablar de arquitectura, sino del alma, de mirar con ojos nuevos lo cotidiano.
JOSÉ MANUEL ALMUZARA
Además de cuidar nuestra atención, es clave relacionarnos profundamente con personas, objetos y situaciones, tomando decisiones guiadas por valores nobles. Frente al mundo digital, necesitamos afianzar vínculos reales como la amistad, el contacto con la naturaleza y fomentar la presencia auténtica. Volver a lo interior, recuperar el alma.
Por último, conviene priorizar la creación antes que el consumo; pasar de ser meros receptores a participantes activos en espacios de diálogo, formación y búsqueda de la verdad, cultivando amistades genuinas y experiencias de belleza y gozo compartido. Se trata, en suma, de caminar juntos al encuentro de la persona.
FORUNIVER es una amistad que crece. Te esperamos, no vengas solo/a. Gaudeamus!
Andrés Jiménez, director pedagógico.
PROFESORES PONENTES INVITADOS
José Javier Ruiz Serradilla
Profesor de Filosofía
Fernando Carbajo López
Catedrático de Filosofía.
José Ramón Ayllón
Profesor de Filosofía y de Antropología en diversas universidades, escritor, coordinador de Nueva Revista
Javier Laforet
Escultor y poeta. Pamplona.
José Luis González
Profesor de Literatura y crítico literario. Pamplona.
Javier Bernácer
Director científico del Centro Internacional de Neurociencia y Ética. Grupo Mente-Cerebro. Pamplona.
Juan Sudón
Profesor y gaudinólogo. Madrid.
Sara Tabuenca
Pianista y musicóloga. Zizur Mayor (Navarra)
Miguel Ángel Gómez González-Vallés
Pianista y compositor. Madrid.
José Manuel Almuzara
Arquitecto, escritor y gaudinólogo. Presidente de la Asociación pro-Beatificación de Antonio Gaudí.




