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San Juan de la Cruz

Plenitud de místico y de máximo poeta

6. Claves de su doctrina mística

No olvidemos que nos encontramos en medio de la sociedad renacentista en que medrar, riqueza y placer son una aspiración muy común en la sociedad surgente. San Juan se presenta como valedor de una doctrina antitética.

I. EL DOCTOR DE LAS NADAS.

Para poseer el TODO . Subida 1,13,11-13

Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas, has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees, has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

EL CAMINO DE LA FE

Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.
Aquella eterna fonte está escondida,
qué bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.
Su origen no lo sé, pues no lo tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella
y que cielos y tierra beben de ella
aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosos sus corrientes,
qué infiernos, cielos riegan, y las gentes,
aunque es de noche.

El corriente que nace de esta fuente,
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.

Bien sé que tres en sola una agua viva
residen, y una de otra se deriva,
aunque es de noche.

Aquella eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.

Historia de amor: antropología de la cruz. EL PASTORCICO

Un pastorcico solo está penando
Ajeno de placer y de contento
Y en su pastora puesto el pensamiento
Y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado
Que no le pena verse así afligido
Aunque en el corazón está herido
Mas llora por pensar que está olvidado.

Que sólo de pensar que está olvidado
De su bella pastora con gran pena
Se deja maltratar en tierra ajena
El pecho del amor muy lastimado.

Y dice el pastorcico: "¡Ay desdichado
De aquel que de mi amor ha hecho ausencia
Y no quiere gozar la mi presencia
Y el pecho por su amor muy lastimado!"

Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado
Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
Y muerto se ha quedado asido de ellos
El pecho del amor muy lastimado.

Estamos ante la narración más bella del misterio de la cruz. El genio artístico y místico de San Juan de la Cruz no se manifiesta sólo en sus tres grandes poemas: “El cántico espiritual”, “La llama de amor viva” y “La noche oscura”, cimas líricas de la poesía universal unánimemente alabados. Sino en esos otros catalogados como menores.

En San Juan escuchamos siempre una voz que brota del hondón de su ser. Es verdadera siempre por más raíces y artificios que podamos encontrar en la lupa de nuestros análisis.

Un ejemplo paradigmático que hoy no estaría exento de denuncias y escándalos judiciales. Es un plagio, se diría. Y formalmente tendría visos de verdad. De los cinco cuartetos que configuran el poema, los cuatro primeros están copiados, con mínimas variantes, de un poema de asunto amoroso y entramado pastoril muy difundido por ser la letra de una composición musical de la época. San Juan, propiamente, sólo compuso la quinta. San Juan, y no es la primera vez, convierte un poema mundano por su temática en divino. Y en divino no sólo por su temática, sino por el prodigio que realiza.

La última estrofa transfigura toda la composición. Lo que llegó a sus manos como canción pastoril sentimental, lo transforma en un poema alegórico en el que se resume el misterio de nuestra fe. El árbol nos remonta al Génesis y los brazos bellos extendidos, a la Cruz del Gólgota. El pastorcito enamorado se ha transmutado en Cristo, su divinidad lo sitúa en tierra ajena, la pastora esquiva, en nuestra alma, y ese pecho de amor muy lastimado, además, en herida abierta que llaga al corazón. Oh si fuéramos capaces de copiar así.

II. EN LA CUMBRE DEL AMOR

“Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.” En estas afirmaciones se resume el sentido que nuestro poeta quería transmitir a sus monjitas, a quienes estaban destinadas estas sublimes composiciones.

Yerra profundamente quien proyecte sus malsanas experiencias y pretenda reconocerlas en estas divinas canciones. Ignoran el alma virginal de San Juan. Cualquier interpretación que olvide la experiencia de la unión con Dios como clave de sentido es equivocada por no decir malévola. Ignoran que por la gracia de Dios existen hombres y mujeres que son limpios de corazón y que precisamente por ello pueden ver a Dios. Sus tres grandes poemas expresan líricamente la experiencia de esta unión con Dios y el camino seguido para lograrlo, que no es otro que el camino de la negación de sí mismo, tomando la cruz y siguiendo a Cristo, manso y humilde de Corazón.

La expresión de la experiencia mística católica sigue el modelo de El Cantar de los Cantares. El alma, tanto sea de un hombre como de una mujer, se transfigura en la esposa; y Dios aparece como esposo. El lenguaje y las imágenes son las propias del lenguaje del amor humano y la historia aparente es una bella historia de amor. Los críticos hablan de que el recurso estilístico dominante es el símbolo, pero matizan, se trata del símbolo bisémico, queriéndonos decir que en sus poemas se pueden descifrar o entender a la vez una historia humana y una historia divina. Lo del símbolo es indiscutible. Cuando la rosa expresa la belleza de una mejilla es una metáfora; cuando expresa la belleza en sí, es un símbolo. Si alguien dice que el eclipse de sol trajo la noche a la tierra para expresar la intensidad de la oscuridad, se trata de una metáfora; pero cundo san Juan dice “En una noche oscura” ¿a qué se está refiriendo? ¿Podemos imaginar que la noche oscura de San Juan puede estar sucediendo a plena luz del día? Eso es un símbolo y sin duda admirable.

Hablan de símbolo bisémico porque podemos, primero, imaginar la aventura de amor en una noche real y podemos también interpretarla como la noche oscura de la fe. Estoy convencido que a San Juan no le hubiera complacido el término. El armazón de su experiencia es el armazón pero no su historia de amor. Es el plano del andamiaje el que da pie a lecturas morbosas y a interpretaciones absolutamente aberrantes. San Juan mediante el empleo de una sucesión continuada de metáforas nos comunica una experiencia imposible de comunicar en lenguaje propio y directo, consiguiendo que cada metáfora se eleve a símbolo de otra realidad por sí misma inefable, y que a su vez va contribuyendo a la creación de un símbolo total, el misterio de la unión del alma con Dios expresado en la suma total de las palabras del poema, en sus ritmos, en sus imágenes, en sus comas y en sus transiciones. Si sólo me quedo con una historia de amor humano, aunque sea sublime, he saboreado la cáscara, pero no su sabrosa fruta interior; he confundido el andamiaje con el monumental edificio que con su ayuda el poeta ha levantado.

EL CÁNTICO ESPIRITUAL
(La Belleza de Dios en la Creación)

Ningún poema más representativo que el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz para constatar cómo toda la Creación proclama la existencia de Dios y manifiesta su grandeza y hermosura. Es un canto amoroso entre la criatura y Dios, tan delicada y apasionadamente comunicado, que lo convierten en el poema amoroso más sublime de la Literatura Universal. “La Llama de Amor Viva” y “La Noche Oscura” son momentos exquisitos de esa misma historia de amores. Al acercarse a esta terna portentosa uno siente la presencia sobrenatural de Dios mismo en medio de la palabra humana. Mis comentarios sólo se acercarán, como nos enseñó Dámaso Alonso, desde esta ladera. Pero para valorar que tan sólo el misterio religioso interesaba a San Juan, sus vivencias místicas, para comunicárselas a sus dirigidas espirituales, las monjitas del Carmelo, os reproduzco el inicio del comentario que el propio santo hizo del Cántico, obra en prosa admirable.

“En esta primera canción, el alma, enamorada del Verbo, Hijo de Dios, su esposo, deseando unirse con él por clara y esencial visión, propone sus ansias de amor, querellándose a él de la ausencia, mayormente que, habiéndola él herido y llagado de su amor (por el cual ha salido de todas las cosas criadas y de sí misma), todavía haya de padecer la ausencia de su Amado, no desatándola ya de la carne mortal para poder gozarle en gloria de eternidad; y así, dice: ¿Adónde te escondiste? Y es como si dijera: «Verbo, esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido».

A veces se cree que hablar de místicos y de mística es adentrarse por mundos misteriosos y extraños. Quienquiera que se acerque a cualquier vida mística descubrirá que se trata de una apasionada historia de amor entre Dios y un ser humano, contada como se puede contar entre los hombres, es decir con imágenes y palabras de los hombres.

El Cántico espiritual es una bellísima historia amorosa en la que San Juan de la Cruz transfigurado en una pastorcilla enamorada, prometida y esposa, sale en busca y al encuentro de su Amado, a quién después de haberlo conocido, lo ha perdido. Como fondo, el Cantar de los Cantares. Por eso comenzará, dolorido, herido de amores,

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
Habiéndome herido;
Salí tras ti clamando, y eras ido.

San Juan de la Cruz se encontraba en la celda inhóspita de Toledo convertida en cárcel. Oyó cantar las coplillas de amores con que un novio rondaba a su enamorada. En ese momento comenzó este sublime poema. La ausencia del amado, el mal de ausencia le impulsa a salir en su búsqueda.

Voy a detenerme en un solo aspecto de este inigualable poema: exclusivamente la relación entre la naturaleza, la esposa enamorada y el amado.

En el poema, San Juan nos relata que a Dios lo ha conocido a través de las criaturas, pero que una vez ha descubierto a Dios mismo, ya nada de la Creación le sirve para aliviar sus ansias encendidas, antes al contrario le encienden más en amores y en sufrimientos de ausencia. Escuchemos sus palabras:

Oh bosques y espesuras,
Plantadas por mano del Amado,
Oh prado de verduras,
De flores esmaltado,
Decid si por vosotros ha pasado.

No hay duda. Toda la Creación es obra de la mano del Amado. Más aún toda la belleza no es sólo obra de Dios, sino que toda la belleza es consecuencia de miles de gracias otorgadas y sobre todo reflejo de La Belleza de Dios, pues al pasar junto a ellas (con presura, no se identifica ni se queda en ellas) y al mirarlas una a una “Vestidos los dejó de su hermosura”.

RESPUESTA DE LAS CRIATURAS

5. Mil gracias derramando,
Pasó por estos sotos con presura,
Y yéndolos mirando,
Con sola su figura
Vestidos los dejó de su hermosura.

Conocido el Autor, adivinada su figura, por maravilloso que resulte lo demás, nada ya podrá consolarla. No le sirven los mensajeros que ni saben decir lo que desea y lo que aún es peor, todo lo que le cuentan solo ahondan su herida amorosa, aunque se quede en un balbuceo infantil.

ESPOSA

6. ¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
No quieras enviarme
De hoy más ya mensajero,
Que no saben decirme lo que quiero.

7. Y todos cuantos vagan,
De ti me van mil gracias refiriendo,
Y todos más me llagan,
Y déjame muriendo
Un no sé qué que quedan balbuciendo.

Por ello en las estrofas nº 2 y 3, había suplicado a los pastores, avezados a recorrer todas las serranías, alejados de la urbe, pues que pudieran ver a su Amado le contaran sus dolencias de amor. A la amada ya no le consuelan ni las flores.

2. Pastores, los que fueredes
Allá por las majadas al otero,
Si por ventura vieredes
Aquel que yo más quiero,
Decidle que adolezco, peno y muero.

3. Buscando mis amores,
Iré por esos montes y riberas,
Ni cogeré las flores,
Ni temeré las fieras,
Y pasaré los fuertes y fronteras.

La amada ha llegado fatigada hasta la fuente, no como Narciso mirándose así misma. Por qué no esperar que en esos “tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados, que tengo en mis entrañas dibujados”. La contemplación profunda dibuja en las entrañas del alma. El deseo se convierte en realidad.

13. Apártalos, Amado,
Que voy de vuelo,

ESPOSO

Vuélvete, paloma,
Que el ciervo vulnerado
Por el otero asoma,
Al aire de tu vuelo, y fresco toma.

Una vez ha encontrado a su Amado, no olvidemos que se presenta como “ciervo vulnerado” es decir herido por la lanza en el Corazón ¿cómo poder contarnos su belleza y su gozo? San Juan me sorprende. ¿Pero cómo nos va a contar sus vivencias si habla a humanos que no tienen otra experiencia que la creación? Dime San Juan de la Cruz, tú que lo has visto, ¿cómo es el Amado? Y responde:

Mi Amado, las montañas,
Los valles solitarios nemorosos,
Las ínsulas extrañas,
Los ríos sonorosos,
El silbo de los aires amorosos.

La noche sosegada
En par de los levantes de la aurora,
La música callada,
La soledad sonora,
La cena, que recrea y enamora.

Gocémonos, amado,
Y vámonos a ver en tu hermosura
Al monte o al collado
Do mana el agua pura;
Entremos más adentro en la espesura.

EN UNA NOCHE OSCURA

En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada. 5

A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada. 10

En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía. 15

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en parte donde nadie parecía. 20

¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
Amada en el amado transformada! 25

En mi pecho florido
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba. 30

El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía. 35

Quedeme y olvideme
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dejeme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. 40

Podríamos decir que este poema es un canto a la oscuridad de la noche, que hace posible, a su deslumbradora luz, (Oh paradoja), más cierta que la luz del mediodía, y amable más que la alborada, la unión mística del alma con Dios, amada en el amado transformada. Pero abandonar nuestra confortable morada, nuestra casa interior, no es fácil. Nuestros sentidos carnales se agarran a toda seducción. ¿Cómo conseguir que se sosieguen? ¿Y las pasiones de nuestro espíritu, cómo doblegarlas? Noche de los sentidos y noche del espíritu. Hay que huir de nosotros mismos, la casa, disfrazados por la secreta escala, domeñando nuestras pasiones desordenadas hasta dejar la “casa sosegada”.

Algunos creyeron que esta tarea de lucha contra nuestras inclinaciones desordenadas era la de los cristianos comunes y que sólo para los escogidos estaban reservados los estados interiores de la iluminación y de la unión. Qué disparate. Mortificarse sin que el fin sea amar al Amor. La vocación universal a la santidad pone de relieve la vocación universal al Amor, por el camino de la fe y en alas de la esperanza, en noche oscura y ciega o en vislumbres de amanecer. Pero teniendo la certeza de que nos dirigimos “adonde me esperaba quien bien yo me sabía”.

La segunda parte es una maravillosa escena de amor. ¿Acaso la unión con Dios tiene que carecer de la ternura y fineza de los que bien se aman? ¿Cómo enseñárselo a quienes inician su vía espiritual interior o están adelantados en el camino de perfección? Claro que cada expresión se mueve entre las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo como un preciso mecanismo de relojería. Nuestra sensibilidad, sin embargo, se queda en ese pecho florido que entero para él sólo se guardaba y en esa caricia que esparcía los cabellos del Amado. La belleza de la escena es conmovedora, irresistible. Algo nos dice que todo ser humano, por perdido que se encuentre, siente nostalgia de un amor tan pleno. Es el Amor que fundamenta los amores. Sin embargo queda todavía lo más peculiar y sublime de la experiencia amorosa de San Juan: el amor como plenitud poseída logrando el abandono pleno y confiado en el amado: quedeme y olvideme…cesó todo” Los cuidados siguen pero “entre las azucenas olvidados”. ¡Las azucenas! ¿No es el lugar más adecuado para dejar nuestras inquietudes?

LLAMA DE AMOR VIVA

¡Oh llama de amor viva
Que tiernamente hieres
De mi alma en el más profundo centro
Pues ya no eres esquiva
Acaba ya si quieres,
Rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llama!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
Que a vida eterna sabe
Y toda deuda paga!
Matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh Lámparas de fuego
en cuyos resplandores
Las profundas cavernas del sentido
Que estaba oscuro y ciego,
Con extraños primores
Calor y luz dan junto a su querido.

¡Cuán manso y amoroso
Recuerdas en mi seno
Donde secretamente solo moras,
Y en tu aspirar sabroso,
De bien y gloria lleno,
Cuán delicadamente me enamoras!

Cuando uno lee a San Juan de la Cruz percibe que se encuentra ante la maravillosa presencia de Dios. Contar a los demás el prodigio de un Dios que se acerca y se une con un alma es inefable, no existe forma humana de darse a entender y por ello Santa Teresa solía confesar a sus hermanas que sólo la entendería bien quien hubiese pasado por tal experiencia. Desde el conmovedor Cantar de los Cantares el medio elegido era comparar la experiencia de Dios –el encuentro unitivo de dos seres tan distantes- con el matrimonio. Dios se convierte en el esposo y el alma en la esposa. En esta tradición se insertan los poemas amorosos de San Juan de la Cruz. Lo admirable es que no se trata de un recurso o artificio para comunicar un imposible; sino de la realidad: es el amor el camino que nos lleva a Dios, mejor dicho, es el camino que recorre Dios con los brazos abiertos para encontrarnos con su Amor, pues Dios tiene como esencia ser El Amor de los Amores. La vía del amor adelanta el cielo prometido en el aquí y ahora de la tierra.

Un creyente sabe que tiene que cumplir las obligaciones de su estado, pero en San Pablo aprendió muy pronto que “si falta el amor nada sirve de nada”. Con qué hermosura nos lo confesó San Juan de la Cruz en el Cántico: “Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio. Ya no guardo ganado. Ni ya tengo otro oficio: que ya sólo en amar es mi ejercicio”. Es el amor el camino por el que Dios se nos hace encontradizo.

La bellísima historia de amor que San Juan nos contó en su Cántico Espiritual, alcanza su cima ahora en cuatro estrofas: El matrimonio espiritual o vía unitiva. Una delicada tela separa la vida de plenitud que esperamos en el cielo. Dios habita en nuestro interior. Nuestros místicos se atrevieron a descender a su encuentro. La llama se escribió en Granada.

No utiliza la lira, sino otra de seis versos que ya había utilizado Garcilaso (Boscan) y Fray Luís de León. A san Juan no le preocupa la construcción de nuevas formas métricas. Le suenan bien y adelante Es el canto al amor en plenitud “La Llama de Amor Viva” es una sucesión gozosa de exclamaciones. San Juan no cabe dentro de sí y exulta de gozo. Le dio a la caza alcance. La llama de amor viva e l Dios que crepita en su interior. Su alma no es solo fuego, como tronco quemado, sino que llamea llamas del mismo Dios. En esta vida el cielo palpita en el alma de San Juan. Qué lección prodigiosa para nuestro tiempo.

Las estrofas primera y cuarta hablan propiamente de amor. Ya no existe la zozobra por la correspondencia amorosa, El amor se manifiesta con tal potencia que se hace deseable la muerte. Amor y muerte, no como destrucción de los amantes o aniquilamiento personal, sino como plenitud amorosa, en la que se hace posible seguir amando más allá de la muerte. Todo el poema se concentra en la primera estrofa. La imagen utilizada es la llama, vieja metáfora, junto a la herida, o la prisión. Una llama paradójica, pues, plena de vigor (viva), sus quemaduras hieren pero están llenas de ternura, que llegan hasta lo más hondo de su ser. ¿Cómo no recordar los versos manriqueños “¿Qué se hicieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores?” en que el silencio responde a cada una de las suntuosas o admirables realidades que el paso del tiempo ha dejado en el olvido. Ni las damas ni sus amores, ni sus enamorados han sobrevivido en el recuerdo. La llama de amor viva de San Juan tiene vocación de eternidad. Ha crecido tanto, tal es su plenitud, que ya tiene la perfección plena que exige el morir, ya no es posible una correspondencia tan plena en esta vida (pues ya no eres esquiva). El cuerpo como tela debe ser roto, en este dulce encuentro, del matrimonio espiritual, porque todavía será mayor la unión definitiva en el cielo para toda la eternidad.

Este matrimonio espiritual, que los teólogos denominan la etapa unitiva, aparece con una delicadeza y hermosura insuperable en la estrofa cuarta. De nuevo una íntima escena de amor. El esposo adormecido en el regazo o seno de la amada, despierta tan manso y amoroso que la sigue enamorando con delicadeza inefable. En el proceso lógico la estrofa primera debiera ocupar el cuarto lugar. Pero el poeta habla en el presente de su gloria, de su apoteosis amoroso y a continuación recuerda su aprendizaje espiritual como aprendiz en la escuela del amor.

La estrofa segunda nos recuerda que también en esta plenitud se sigue creciendo y purificando. Es Dios, divino cirujano, quien ha ido eliminando el hombre viejo. Desde la plenitud del hoy, aquel inicio tremendamente doloroso (cauterio y llama, no olvidemos que la imagen recuerda el hierro incandescente que se aplicaba a las heridas con gangrena) se ha convertido en suave y regalada y el proceso de perfección en intervenciones que transforman en blanda la mano que corrige y en toque delicado la última exigencia del artista en el camino de perfección.

La estrofa tercera recorre la denominada etapa iluminativa. No está en mano de los hombres alcanzar el misterio de Dios. Pero lo que los sabios de este mundo no penetran está al alcance de los niños. Es la clave pedagógica del Evangelio. La estrofa está sostenida por símbolos sobrecogedores y precisiones que parecen reservadas a la situación intelectual de nuestros días. San Juan no duda en representar al conocimiento basado en el sentido (sólo vale lo que veo, palpo, etc, y mido con rigor) como el que habita en una profunda caverna, igual que un hombre primitivo. Comprobad que por la concordancia gramatical aplica al sentido la oscuridad y la ceguera. Aún recordando la caverna de Platón, el conocimiento humano se reduciría a sombras de la realidad. Toda la realidad humana cuando se basa en la fuerza autónoma de los hombres, por esplendorosa que nos parezca, en realidad es oscuridad y ceguera y como se deduce de las palabras de san Juan, frialdad. Pero Dios no nos ha abandonado. Su Espíritu se transfigura en “Lámparas de fuego” a cuyos “resplandores” no sólo los caminos de Dios se llenan de luminosidad y de extraños primores. No. El poeta dice mucho más: son las profundas cavernas de los hombres las que dan luz y calor, como si tuvieran luz y calor propios, en línea de fidelidad con la doctrina de la gracia, que no destruye la naturaleza sino que la perfecciona.

Los resplandores irradian del Espíritu. Sin embargo todo quedaría en nada si no se cumpliera un requisito: todo, absolutamente todo debe estar “junto a su querido”: El Verbo encarnado. ¿Cómo me siguen emocionando las sublimes palabras del documento conciliar “Gaudium et spes” del Vaticano II.

“En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor, Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación.”

III. EPÍLOGO
Glosa a lo divino.

La maravilla de este poema propio de la lírica de tipo tradicional se centra en un doble aspecto. Si el poeta ha conocido la hermosura de Dios, no existe nada que le pueda desviar de su amor. Aunque no pueda contárselo a nadie y sólo le sirva la balbucencia del misterioso no sé qué. El no poder comunicarlo no supone no haberlo vivido.

Por toda la hermosura
nunca yo me perderé,
sino por un no sé qué
que se alcança por ventura.

1

Sabor de bien que es finito
lo más que puede llegar
es cansar el apetito
y estragar el paladar
y assí por toda dulçura
nunca yo me perderé
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.

2

El coraçón generoso
nunca cura de parar
donde se puede pasar
sino en más dificultoso
nada le causa hartura
y sube tanto su fe
que gusta de un no sé qué
que se halla por ventura.

3

El que de amor adolesce
del divino ser tocado
tiene el gusto tan trocado
que a los gustos desfallece
como el que con calentura
fastidia el manjar que ve
y apetece un no sé qué
que se halla por ventura.

4

No os maravilléis de aquesto
que el gusto se quede tal
porque es la causa del mal
ajena de todo el resto
y assí toda criatura
enajenada se ve
y gusta de un no sé qué
que se halla por ventura.

5

Que estando la voluntad
de divinidad tocada
no puede quedar pagada
sino con divinidad
mas, por ser tal su hermosura
que sólo se ve por fe,
gústala en un no sé qué
que se halla por ventura.

6

Pues, de tal enamorado
dezidme si abréis dolor
pues que no tiene sabor
entre todo lo criado
solo sin forma y figura
sin hallar arrimo y pie
gustando allá un no sé qué
que se halla por ventura.

7

No penséis que el interior
que es de mucha más valía
halla gozo y alegría
en lo que acá da sabor
mas sobre toda hermosura
y lo que es y será y fue
gusta de allá un no sé qué
que se halla por ventura.

8

Más emplea su cuidado
quien se quiere aventajar
en lo que está por ganar
que en lo que tiene ganado
y así, para más altura
yo siempre me inclinaré
sobre todo a un no sé qué
que se halla por ventura.

9

Por lo que por el sentido
puede acá comprehenderse
y todo lo que entenderse
aunque sea muy subido
ni por gracia y hermosura
yo nunca me perderé
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.

La poesía de los cancioneros tiene mucho de juego, artificio e ingenio. San Juan de la Cruz no está jugando. Los recursos conceptistas que utiliza rebosan el mundo interior desde el que brotan. Son verdad. Confesiones de un alma que está en el secreto del Amor verdadero.

La glosa consiste en parafrasear en diversas estrofas cada uno de los versos de la copla que le sirve de inspiración. En este caso no comenta cada verso sino que la repite a modo de estribillo en cada estrofa o bien señalando posibles “perdiciones”, o aproximándose al misterio encerrado en el “no sé qué” como cuando en la estrofa quinta aclara:

“Que estando la voluntad/ de divinidad tocada
no puede quedar pagada/sino con divinidad”.

No menos curioso resulta el título que le dio el Santo: “Glosa a lo divino”. San Juan nos está diciendo que el va a transformar en temática religiosa un poema mundano. Normalmente las coplillas, motivo de la glosa, eran, de otro autor. “A lo divino” significa que, en el poema originario, el asunto era mundano y en muchas ocasiones rayano en lo procaz. No es necesario resaltar el sentido sugerido por el autor primero. Sí, la habilidad de San Juan para hallarle un sentido concorde con sus experiencias místicas. Bien sabe San Juan que su mundo interior es en gran medida inefable. Por eso es para él expresión familiar “un no sé qué”; así como el “que se halla por ventura” se carga de las resonancias del maravilloso hallazgo del Conde Arnaldo la mañana de San Juan.

Una vez más nos pone en primer plano que la razón de vivir es amar. Para eso hemos venido al mundo.

El estribillo nos sorprende por el tono un tanto provocativo y hasta, si se me permite, “fanfarrón”: “Por toda la hermosura nunca yo me perderé”. Bien sabemos de la humildad del santo y de su conciencia de su nulo poder, si no es por Aquel que suple nuestra debilidad. Sin embargo como el que halló la perla valiosa sabe que ya nada le ha de parecer de igual hermosura. Cualquiera de nosotros podemos perdernos por la más insignificante belleza, él puede alardear que ni siquiera por “toda”, porque ha encontrado el “no sé qué”. San Juan no desprecia la hermosura, sino perderse por ella.

Justo en el momento cultural en que el occidente ha optado por sustituir la esperanza en la vida eterna por el gozo y las riquezas siempre efímeras de la tierra, las palabras de poeta se convierten en admonición: “Sabor de bien que es finito/ lo más que puede llegar/es cansar el apetito/ y estragar el paladar”. Muchas veces constato en el arte contemporáneo el extravío, la ruta que deja a los contemporáneos con la desazón del que se encuentra “perdido”. Nuestros místicos abrieron una senda que no hemos seguido. San Juan no desdeña el perderse, sino el hacerlo por hermosuras que nunca pueden convertirse en absoluto. El misterio humano anhela perderse pero por ese no sé qué que se halla por ventura, sí, pero haciéndonos “encontradizos”, buscando mis amores, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía, que bien sé yo la fonte que mana y corre aunque es de noche.

Cántico espiritual
Canciones entre el alma y el esposo

Esposa:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

(Pregunta a las Criaturas)

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!

(Respuesta de las Criaturas)

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

Esposa:

¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

Mas ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives,
y haciendo, porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del amado en ti concibes?

¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!

¡Apártalos, amado,
que voy de vuelo!

Esposo:

Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

Esposa:

¡Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;

nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado!

A zaga de tu huella,
las jóvenes discurran al camino;
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino.

En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.

Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido;
que andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada.

De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas
en tu amor florecidas,
y en un cabello mío entretejidas:

en sólo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste;
mirástele en mi cuello,
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.

Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían.

No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.

Cogednos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

Deténte, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el amado entre las flores.

Esposo:

Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobres los dulces brazos del amado.

Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada,
allí te di al mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.

O vos, aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores
y miedos de las noches veladores,

por las amenas liras
y canto de serenas os conjuro
que cesen vuestras iras
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más seguro.

Esposa:

Oh ninfas de Judea,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales.

Escóndete, carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas.

Esposo:

La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado.

En soledad vivía,
y en soledad he puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

Esposa:

Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día:

el aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena
con llama que consume y no da pena;

que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía.


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