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Sólo se ve bien con el corazón

Leyendo El Principito de
A. SAINT-EXUPÈRY

Andrés Jiménez Abad

Me creía rico con una flor única...

"ME CREÍA RICO CON UNA FLOR ÚNICA..."

El capítulo XX de El Principito es muy breve y sirve de antesala al capítulo central del libro, el XXI. Pero es muy interesante, porque en él se plantea la triste situación del joven. Sus expectativas de encontrar amigos entre los hombres que habitan la Tierra se han visto inquietadas por la visión general del planeta, un planeta “seco, puntiagudo y salado”, en el que lo primero que encuentra es el desierto –“con los hombres también se está solo”, se le dice– y la muerte, simbolizada por la serpiente, que al parecer sería el desenlace de todos los enigmas.

Sin embargo, el principito descubrió al fin una ruta, un camino. Y en él se produjo un encuentro insólito, que le ocasionará un gran impacto.

“-Buenos días”.

Se encontraba nada menos que en un jardín florido de rosas. -¡¡De rosas…!!-.

“-Buenos días”, le respondieron éstas. Todas se parecían a su flor.

Estupefacto, preguntó el muchacho: “-¿Quiénes sois?”

-Somos rosas, dijeron las rosas.

Y el principito se sintió muy desdichado, puesto que su flor le había contado que era la única de su especie en el universo. Y él lo había creído. Y he aquí… que había cinco mil -¡¡cinco mil!!- todas semejantes, en un solo jardín.

Aunque uno esperaría que el muchacho se sintiera engañado y consternado por el despecho, la limpieza de su corazón le lleva a pensar en que su flor, si lo supera, se sentiría humillada hasta dejarse morir.

Pero se impone el hecho tremendo, al que sigue una profunda decepción, un desencanto terrible:

“Me creía rico con una flor única y no poseo más que una rosa ordinaria. La rosa y mis tres volcanes que me llegan a la rodilla, uno de los cuales quizá está apagado para siempre. Realmente no soy un gran príncipe.” Y, tendido sobre la hierba, se echó a llorar.

Abrumado por el desencanto causado al pensar que aquella a la que amaba carecía de valor, siente que su vida tampoco lo tiene. Piensa que la suya es una vida insignificante, anodina, sin valor y sin sentido…

El principito no se ha dado cuenta aún de que algo, o alguien, es “único”, no por no tener semejantes, sino por la existencia de vínculos de intimidad, confianza y fidelidad… Seguramente, porque aún no ha aprendido a “ver con el corazón”

Me creía rico con una flor única...

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