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Sólo se ve bien con el corazón

Leyendo El Principito de
A. SAINT-EXUPÈRY

Andrés Jiménez Abad

A lo largo de toda la narración se observa, en fin, que el sentido que adquiere la vida como consecuencia del amor de oblación crece laboriosamente, después de haber soportado la soledad e incluso la ceguera del espíritu. La decepción y el sentimiento de vacío de sentido se hicieron presentes lo mismo en el asteroide del pequeño príncipe que en el activismo y la vida social del aviador. Ambos han tenido que aprender a amar entre sinsabores hasta llegar a ver la vida de un modo más profundo y bello.

Podría afirmarse que la vida del aviador -expresión de la de otros muchos hombres y mujeres- ha recobrado su sentido cuando el adulto autosuficiente y defraudado ha encontrado al niño que en otro tiempo fue.

No es temerario pensar que el personaje del joven principito hace alusión en cierto modo a la "infancia perdida" del aviador, a aquella mirada de asombro capaz de aceptar las cosas sin reparar en su utilidad inmediata; en la que resplandece la inocencia y que es capaz de abismarse en una amorosa contemplación.

Saint-Exupèry parece llevar a cabo un diagnóstico de su generación... y de la nuestra: "Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan)...", afirma ya en la dedicatoria de esta narración. Su crítica no es amarga ni desesperada como la del existencialismo nihilista de su tiempo, sino constructiva y esperanzada. Indica el camino, que se insinúa poco frecuentado, eso sí, pero posible: «Domesticar» es «una cosa demasiado olvidada». Significa «crear lazos»..., convertir al otro en un ser único en el mundo, y sentirse responsable de su bien.

Aristóteles definía certeramente el amor como "querer el bien para alguien". El amor de amistad es fuente de vínculos morales, exige estar dispuesto a dar la vida por el amigo -mediante el trabajo, el tiempo, el cuidado, la delicadeza, la generosidad, el respeto...-, ser responsable para siempre del bien que éste merece y del bien que él mismo es. La clarividencia de este amor hace descubrir el valor de aquel a quien se ama -"solo se conocen las cosas que se domestican.."-, y su fecundidad hace que el amor mismo se convierta para ambos en una fuente de valor. Y así es como la vida puede "llenarse de sol".

El Principito

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