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La ideología de género

La ideología de género
Es una opinión generalizada, que la ideología de género es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar, porque según él todo es socialmente construido.También se piensa que esta ideología conecta con una vieja aspiración que está en el núcleo de la cultura moderna: el dominio absoluto, tanto de la realidad física como de la social, y ahora también de la personal. No hay nada que merezca respeto y consideración, todo debe quedar disponible, manipulable según el capricho propio.

Se puede decir, sin miedo a exagerar, que existen tres grandes revoluciones contra el hombre a lo largo de la historia, por lo demás relacionadas entre sí:

- La primera sería el ateismo, que elimina a Dios de la vida del ser humano.

- La segunda el materialismo, en todas sus formas, que elimina del hombre cualquier dimensión espiritual o la reduce a simples parámetros cientificistas.

-Y, finalmente, la ideología de género, que niega la existencia de una naturaleza humana real, objetiva. Esta tercera revolución contra el hombre es la última posible, pues después de la negación de la naturaleza humana no cabe nada más [Cfr. MARTÍN, J.J., Modelos de Familia en el Cine Contemporáneo, “Carthaginensia”, Vol. 23, n. 44, 2007, pp. 415-430, p. 432s. También se ha dicho que el marxismo quería inventar un hombre nuevo; el nazismo un hombre puro; y la teoría de género un hombre liberado de la diferencia sexual.].

1. ¿Qué es la «ideología de género»?

La ideología de género es una revolución cultural, una de las más capciosas que puedan pensarse, para la que no existe naturaleza humana, no existe verdad objetiva sobre el ser humano.

La teoría de género sostiene que el hombre es el resultado de la cultura, que se construye con independencia de la naturaleza humana y de las leyes universales inherentes a su condición.

Las diferencias entre el hombre y la mujer, apesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija. Tales diferencias son construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.

2. ¿Qué pretende esta ideología?

Esta ideología propone la búsqueda de la “liberación total” del ser humano en todos los órdenes, a través de la de-construcción del lenguaje, de las relaciones familiares, de la reproducción, de la sexualidad, de la educación, de la religión, de la cultura,etc. Cuando el ser humano se libere de todo eso, se sostiene, será libre (se creará a sí mismo y será su propia referencia) [Como señala el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in veritate, el hombre ya no se concibe como un don ofrecido a sí mismo con una ontología que le es propia, sino como un ser que se crea y forma a sí mismo (n. 34). En el fondo, es una nueva versión del “seréis como dioses” (Génesis 3, 5)].

Como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia, el debate de fondo se sitúa entre quienes consideran que las formas de convivencia y las decisiones humanas han de fundarse en principios de orden natural, y quienes falazmente arguyen que es la libertad de cada quien la que decide arbitrariamente sus referentes.

Es una opinión generalizada, que la ideología de género es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar, porque según él todo es socialmente construido.También se piensa que esta ideología conecta con una vieja aspiración que está en el núcleo de la cultura moderna: el dominio absoluto, tanto de la realidad física como de la social, y ahora también de la personal. No hay nada que merezca respeto y consideración, todo debe quedar disponible, manipulable según el capricho propio.

3. Los orígenes

A partir de la mitad del siglo XX, una parte de las feministas ya no aspiraba simplemente a una equiparación de derechos jurídicos y sociales entre el varón y la mujer –como defendían algunas mujeres en el siglo XVIII (por ejemplo, Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft) –, sino a una igualdad funcional de los sexos. Comenzaron a exigir la eliminación del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer –que les parecía arbitrario–, y a rechazar la maternidad, el matrimonio y lafamilia. Se basaron fuertemente en la filosofía existencialista de Simone de Beauvoir (1908-1986), cuya voluminosa obra “Le Deuxième Sexe” (1949) fue ampliamente difundida.

Por tanto, la teoría de género nace desde el feminismo radical. Pero se impuso a nivel mundial en la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, desarrollada en Pekín (septiembre de1995). Hubo una acción muy activa en esa Cumbre Mundial por parte de los defensores de esta ideología. Muchos países les apoyaron porque creyeron que se trataba de una lucha a favor de los derechos de la mujer.

¿Qué táctica utilizaron los promotores de esta ideología? Difundieron entre los delegados de la Conferencia unos textos con las definiciones de «sexualmente polimorfo», «homofobia», etc. En esos textos se evitaba las palabras marido, mujer, esposa, padre, etc. Bella Abzug, de Estados Unidos, defensora de esta ideología, explicó el término «género»: “El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo, para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambios”. Y para conseguir su objetivo, utilizó un discurso cargado de radicalidad: “El concepto de género está enclavado en el discurso social, político y legal contemporáneo… los intentos actuales de varios Estados Miembros de borrar el término género en la Plataforma de Acción y reemplazarlo por sexo es una tentativa insultante y degradante de revocar los logros de las mujeres, de intimidarnos y de bloquear el progreso futuro”.

4. ¿Qué raíces tiene la ideología de género?

La teoría del feminismo de género se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Se apoya en la afirmación de Marx (1818-1883) de que toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido; una batalla que se resolverá cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan la dictadura de los oprimidos. La sociedad será entonces totalmente reconstruida y emergerá la sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz paratodos [No le faltaba razón a Andrè Frossard cuando dijo que «Karl Marx no ha muerto, está en hibernación».].

Fue F. Engels quién sentó las bases de la unión entre marxismo y feminismo. En su libro El origen de la familia. Propiedad y el Estado (1884), escribe: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino” [Engels, F., The Origin of the Family. Property and the State, Internacional Publishers, New York 1972, pp. 65s.].

Los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada y la religión. Sin embargo, para la ideología de género los marxistas fracasaron, por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, que es la verdadera causa de las clases.

En ese sentido, Shulamith Firestone (1945- ) afirma la necesidad de destruir no sólo la diferencia de clases, sino destruir la diferencia de sexos. Dice esta ideóloga: “Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva (...) debe ser igualmente –a diferencia del primer movimiento feminista– no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino acabar con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente” [Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex, Bantam Books, New York 1970, p. 12.].

5. Una nueva revolución sexual

Por todo lo dicho, se entiende que a esta corriente se le haya llamado también «la segunda revolución sexual». La primera revolución sexual tuvo por objetivo la liberación sexual, la generalización del amor libre, es decir, la eliminación de todas las represiones que, según sus partidarios, la sociedad había impuesto a la práctica de la sexualidad a través de normas morales y prohibiciones. La relación sexual se desligó de la procreación, pero –atención– no dejaba de ser una relación biológica, psíquica y somática, una relación natural, pronatura. Esta segunda revolución sexual, sin embargo, es de otro orden: cada uno se construye a sí mismo con independencia de su naturaleza sexuada [Cfr. Trillo-Figueroa, J., Una revolución silenciosa. La política sexual del feminismo socialista, Ed. Libros Libres, 2008.].

La ideología de género pretende difundir un modelo de sociedad en el que la autonomía del individuo no esté limitada, en lo relativo a la identidad sexual y su ejercicio, ni por la opinión pública, ni por la legislación, ni siquiera por la propia corporalidad. La “liberación” sexual es entendida como la separación radical entre los comportamientos sexuales y la dimensión sexuada de la naturaleza humana [Tales pretensiones han encontrado un ambiente favorable en la antropología individualista del neoliberalismo radical. Se apoyan, por un lado, en diversas teorías marxistas y estructuralistas (Engels), y por otro lado, en los postulados de algunos representantes de la “revolución sexual”, como Wilhelm Reich (1897-1957) y Herbert Marcuse (1898-1979), que invitaban a experimentar todo tipo de situaciones sexuales. También Virginia Woolf (1882-1941), con su obra “Orlando” (1928), puede considerarse un precedente influyente: el protagonista de aquella novela es un joven caballero del siglo XVI, que vive, cambiando de sexo, múltiples aventuras amorosas durante varios cientos de años. Más directamente aún, se ve el influjo de Simone de Beauvoir, que ya en 1949 anunció su ya conocido aforismo: «No naces mujer, te hacen mujer».].

Esta ideología parte del convencimiento de que la mujer ha sido explotada por el hombre a lo largo de la historia mediante la imposición de roles y estereotipos sociales totalmente injustos y arbitrarios, que la han mantenido apartada de la vida pública, privada de derechos y recluida en el ámbito familiar. Lo que se busca es una sociedad sin clase de sexos. No se deben hacer distinciones, porque cualquier diferencia es sospechosa, mala, ofensiva, discriminatoria. El enemigo es la diferencia, y diferente es siempre desigual, y desigual es siempre opresor. Se busca establecer una igualdad total entre hombre y mujer, sin considerar lasnaturales diferencias entre ambos, especialmente las diferencias sexuales. Más aún, se intenta relativizar la noción de sexo de tal manera que no existirían dos sexos, sino más bien muchas orientaciones sexuales.

Según esta opinión, se ha estado forzando a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente el uno al otro. En realidad, los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza, sino más bien por un condicionamiento de la sociedad. En consecuencia, desde ahora el deseo sexual puede dirigirse a cualquiera.

6. ¿Por qué utilizan la palabra «género» en vez de «sexo»?

Porque para la ideología de género el término «sexo» hace referencia a la naturaleza, e implica dos posibilidades: varón y mujer, que son las únicas posibilidades derivadas de la dicotomía sexual biológica. Mientras que el término «género» (gender, en inglés) procede de la lingüística y permite tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Afirma una ideóloga de género, Judith Butler: “El género es una construcción cultural; por consiguiente, no es el resultado causal del sexo, ni tan aparentemente fijo como el sexo… Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo vienea ser un artificio libre de ataduras. En consecuencia varón y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino” [J. Butler, Gender Trouble: feminism and the Subversion of Identitiy, Routlege, New York 1990, p. 6.].

¿Porqué no utilizan los términos «hombre» y «mujer»? Porque el gran enemigo, para la ideología de género, es la diferencia hombre-mujer. Esta ideología afirma que no existen sexos; sólo orientaciones sexuales cambiantes, que se pueden cambiar en la vida todas las veces que se quieran. El «género» se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente, construcciones sociales sujetas a cambio. El «género» es una construcción social que crea la “verdadera naturaleza”(¿?) de todo individuo. “Lo que soy” es fruto de mi elección. Ser hombre o ser mujer, según esta definición, no tiene nada que ver con la realidad biológica, sino con las funciones que se han asignado socialmente a uno u otro sexo.

Ya no se admite que la “naturaleza” –el modo constitutivo de ser de las cosas– tenga algo que decir, se pretende que el hombre/mujer pueda modelarse a su gusto, tiene que liberarse de cualquier presupuesto o límite procedente de su ser: el ser humano pretende hacerse a símismo según lo que él quiera, sólo de ese modo será “libre”. Todo esto, en el fondo, supone una insurrección del hombre contra los límites que lleva consigo en cuanto ser biológico. Se opone, en último extremo, a ser criatura. El ser humano pretende ser su propio creador, versión moderna de aquél “seréis como dioses”: tiene que ser como Dios.

7. El nuevo lenguaje de la ideología de género

- Sexualmente polimorfo: La ideología de género parte de un principio inamovible: los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza. Señalan que eso es fruto sólo de un condicionamiento cultural de la sociedad. El deseo sexual, por el contrario, se puede dirigir a cualquiera.

- Preferencia u orientación sexual: Esta ideología afirma que existen diversas formas de sexualidad, tan validas como la heterosexualidad. Por eso hablan de “preferencias”.

- Homofobia: Rechazo hacia los homosexuales, propio de los que defienden que sólo existe una relación natural entre los dos sexos: la heterosexualidad.

- «Lo natural». Lo natural es un concepto que, para esta ideología, hay que superar. No hay nada “natural”, afirman. Shulamith Firestone decía: “Lo natural no es necesariamente un valor humano. La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza. Ya no podemos justificarla continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella”.

- Rol. Es un término tomado del ámbito teatral, que indica que una persona, vestida especialmente y maquillada, representa un papel de acuerdo a un libreto escrito. En sociología se refiere a las funciones que se supone que se desempeña en relación con el conjunto de la sociedad. El uso del término rol o de la frase roles desempeñados indica que hay algo artificial que se impone a la persona. Para la ideología de género la maternidad sólo es un rol. Una mujer, cuando tiene un hijo, representa el papel de madre, no es una madre.

8. Comienza la 'de-construcción' y la 're-construcción'

Para llegar a una aceptación universal de estas ideas, los promotores de esta ideología intentan conseguir un gradual cambio en la cultura, la llamada “de-construcción” de la sociedad. La meta consiste en “re-construir” un mundo nuevo y arbitrario, una nueva escala de valores, un “hombre/mujer” nuevos.

¿Cuáles son los roles a de-construir para la ideología de género? Se señala la urgencia de de-construir los siguientes 'roles socialmente construidos'.

a) Roles de la masculinidad y feminidad

Los ideólogos de género defienden que el ser humano nace sexualmente neutro y que luego es socializado en hombre o mujer. Según esta teoría, no se nace hombre o mujer, sino que esta división es resultado de una asignación social. Al nacer, la sociedad nos asigna a uno u otro género en función de nuestra configuración genital. Tras esta asignación inicial, los niños son educados en la masculinidad y las niñas en la feminidad. Hombres y mujeres no existen comotales en estado natural, sino que son únicamente resultado de esos procesos o construcciones sociales. Por eso hay que educar a los niños sin juguetes o tareas “sexo-específicas”, sin “estereotipos”.

La ideología de género sostiene que un niño es un niño porque su familia (y la sociedad…) le da juguetes de niño, le ha puesto nombre de niño y le trata como un niño. Por tanto, la re-construcción consiste en dejarle en libertad: que elija ser niño o niña [Una pareja sueca ha decidido no “imponer” a su hijo un genero sexual. Simplemente no le dirán si es masculino o femenino, para que sea él quien lo decida cuando sea adulto, noticia aparecida en el diario “The Local” (23 de junio de 2009).].

Se propone que los niños puedan crecer sin que se les exponga a trabajos sexo-específicos. Las niñas deben ser orientadas hacia áreas no tradicionales, no exponiéndolas a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni involucrarlas en actividades femeninas tradicionales. “La educación es una estrategia importante para cambiar los prejuicios sobre los roles del hombre y la mujer en la sociedad. La perspectiva de género debe integrarse en los programas. Deben eliminarse los estereotipos en los textos escolares y sensibilizar en este sentido a los maestros, para asegurar así que niñas y niños hagan una selección profesional informada, y no sobre la base detradiciones llenas de prejuicios sobre el género” [Council of Europe, Equality and Democracy: Utopia or Challenge?, Palais de l’Europe, Strausbourg, Febrero 9-11, 1995, p. 38.].

Como se puede apreciar, para esta ideología la realidad de la naturaleza incomoda, estorba y, por tanto, debe desaparecer. La sexualidad no se acepta como una dimensión constitutiva del hombre, sino que el ser humano sería el resultado del deseo de elección. Por eso, una consecuencia de este intento de re-construcción de la masculinidad-feminidad es el derecho a determinar la propia identidad sexual. No existen ya dos sexos, sino cinco (en principio, pues se generan acontinuación múltiples combinaciones y formas de identidad): mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales, y bisexuales. Pretende una sociedad sin diferencias de sexos enla que cada uno, independientemente de sus características biológicas, escoja su propia identidad de género y su propia orientación sexual [Norrie May-WeIby, de 48 años, ha sido reconocido por las autoridades australinas como un individuo «neutro», pues no se siente de ningún sexo. El «sexo» en su pasaporte aparece como «not specified».].

Lógicamente, también habrá que de-construir la reproducción humana, que igualmente estará determinada socialmente [Véase el caso de Thomas Beatie, un transexual embarazado. Beatie nació y creció siendo una niña, pero a sus 23 años comenzó un tratamiento hormonal y quirúrgico para convertirse en un hombre, algo que logró de forma legal. Sin embargo, decidió mantener sus órganos reproductivos para poder alumbrar a sus propios hijos.].

b) De-construir la maternidad

Muchas mujeres apoyan los postulados de la ideología de género porque piensan que son avances en beneficio de la mujer. Pero no es así. El feminismo defiende la igualdad entre la mujer y el hombre, la ideología de género va más allá: trata de borrar esa distinción.

La teoría de género sigue un esquema parecido al del marxismo, que pregona la necesidad de la igualdad económica y la redistribución de la riqueza, suprimiendo la propiedad privada. Para el marxismo si se quiere llegar a la sociedad sin clases –una sociedad perfecta– hay que pasar necesariamente por la dictadura del proletariado. Para la ideología de género ese paso necesario es impedir que la mujer se dedique a su hogar y al cuidado de sus hijos, por queeso la hace “desigual”.

Para esta posición, la igualdad feminista radical significaría no simplemente una igualdad bajo la ley y ni siquiera una igual satisfacción de necesidades básicas, sino más bien que las mujeres –al igual que los hombres– no tengan que dar a luz. Ya Simone de Beauvoir(1908-1986) previno contra la “trampa de la maternidad”, que sería utilizada enforma egoísta por los varones para privar a sus esposas de su independencia. En consecuencia, una mujer moderna debería liberarse de las “ataduras de su naturaleza” y de las funciones maternales [También Shulamith Firestone exige en su obra The Dialectic Sex (1970) la liberación de la mujer de la “tiranía de la procreación” a cualquier precio: “Quiero decirlo con toda claridad: el embarazo es una atrocidad”.].

La ideología de género propone la destrucción de la familia biológica, que permitirá –aseguran sus defensores– la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes a los que han existido anteriormente.

c) Rechazo de la institución familiar

Esta ideología rechaza la familia, porque esta institución básica de la sociedad crea y apoya el sistema de clases sexo/género. Cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y, por tanto, no igualitarias. Esta desigualdad en el hogar es la causa de desigualdad en la vida pública, ya que la mujer, cuyo interés primario sería el hogar, no siempre tendría tiempo y energía para dedicarse a la vida pública. Además, nosólo insisten en la de-construcción de la familia porque “esclaviza” a la mujer, sino porque condiciona socialmente a los hijos para que acepten la familia, el matrimonio y la maternidad como algo natural.

Como se puede apreciar, las responsabilidades de la mujer en la familia son supuestamente enemigas de la realización de la mujer. La familia y el trabajo en el hogar se consideran como una “carga”, que afecta negativamente los proyectos profesionales de lamujer, su realización.

d) De-construcción de la religión

La religión es vista como un elemento principal de la opresión de la mujer. “El surgimiento de toda forma de fundamentalismo religioso se considera como una especial amenaza al disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos, y a su plena participación en la toma de decisiones a todo nivel en la sociedad” [Council of Europe, Equality and Democracy: Utopia of Challenge?, Palais delEurope, Strausbourg, Febrero 9-11, 1995, p. 13.]. Obviamente, se considera que toda religión es una forma de fundamentalismo por negar la libre y total autodeterminación individual (de la mujer).

Una idea muy implantada en esta ideología es que las religiones principales fueron inventadas por los hombres para oprimir a las mujeres. Por eso piensan que la "de-construcción" de la religión es el medio imprescindible para llegar a una sociedad sin sexos, libre de desigualdades y de discriminaciones.

e) De-construcción de la educación

Como ya se ha señalado arriba, para esta ideología las niñas deben ser orientadas hacia áreas no tradicionales y no se las debe exponer a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni se les debe involucrar en actividades femeninas tradicionales. Lo mismo sucede en los niños.

Los contenidos y efectos de las leyes de identidad degénero son especialmente graves cuando afectan a la educación, como es de suponer. Por otro lado la educación es vehículo para “normalizar” la nueva antropología de la“diversidad” sexual y la “identidad y expresión de género” y erradicar la noción de “naturaleza humana” originaria, o de que la realidad y sus exigencias naturales limitan moral y físicamente la libre y plena elección voluntaria. El impacto educativo de las leyes LGTBIen los menores y en sus familias se puede sintetizar en estos cinco puntos:

  1. Acaban con el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y creencias.
  2. Asfixian la libertad de enseñanza.
  3. Desorientan a los niños al imponerles la “diversidad sexual”.
  4. Discriminan a la familia natural e imponen modelos familiares a padres, maestros y centros de enseñanza.
  5. Privilegian con dinero publico el adoctrinamiento sexual y entregan la educación de los niños a las organizaciones LGTB.

Detrás del reconocimiento del derecho a la identidad y expresión de género hay mucho más: se trata de privar a los padres de sus derechos, especialmente del más fundamental, el de educar a sus hijos según sus convicciones. Y de paso, privar a la sociedad del derecho a disentir, a no estar de acuerdo con las imposiciones del poder, a la libertad de expresión.

Es muy clara la intención que se persigue en el ámbito educativo. Estas leyes introducen en las aulas la ideología de género y sus variantes por medio de los contenidos educativos. Veamos un par de ejemplos tomados de Comunidades Autónomas españolas:

“Los planes educativos deberán contemplar pedagogías adecuadas para el reconocimiento y respeto de la diversidad existente en cuanto a configuraciones genitales y su relación con las identidades, por lo que se incluirá́ en los temarios de forma transversal y específica, integrando la transexualidad e intersexualidad (...). (Art. 24.2 Ley C. Madrid.Cfr. art. 32; y Ley C. Extremadura art. 21.2).

“La Comunidad de Madrid elaborará una Estrategia integral de educación y diversidad sexual e identidad o expresión de género. Las medidas previstas en este plan se aplicarán en todos los niveles y etapas formativas y serán de obligado cumplimiento para todos loscentros educativos. (Art. 29. Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobiaC. Madrid).

No existe ni una sola referencia en estas leyes al papel de los padres y sus derechos constitucionales ni a la autonomía de los centros escolares ni al respeto a su ideario. Con la Ley contra la LGTBIfobia en la mano, la Comunidad de Madrid, presidida por Cristina Cifuentes,hainiciado un procedimiento sancionador al director del colegio Juan Pablo II de Alcorcón por la carta que envió a las familias del centro en la que advertía acerca de la ideología de género ydenunciabalos intentosde imponer unaideología a fuerza de sanciones.

La maternidad es considerada como una maldición, una carga pesada que la sociedad ha impuesto a la mujer para someterla y reducirla al ámbito privado; para que no pueda prosperar profesionalmente. De ahí que se reclame el acceso al aborto sin restricciones de ningún tipo.

9. El caso español

Hemos citado algunos casos concretos de la legislación autonómica española. El hecho es queen los últimos años se asiste en España a una proliferación de leyes en el ámbito de las Comunidades Autónomas que buscan imponer en la sociedad la ideología de género con el pretexto de la no discriminación y de garantizar los derechos de las personas homosexuales: Navarra (2009), País Vasco (2012), Galicia (2014), Andalucía (2014), Canarias (2014), Cataluña (2014), Extremadura (2015), Madrid (2016), Murcia(2016) Islas Baleares (2016) Comunidad Valenciana (2017).

Pero al mismo tiempo se han ido promulgando diversas leyes y normas en el ámbito estatal español:

a) Identidad sexual

Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de laspersonas.

Esta ley contiene un apartado que regula el cambio de sexo en el Registro Civil cuando no éste no se corresponda con su identidad de género.

Es una Ley que banaliza de manera alarmante la cuestión de la identidad sexual, pues entre otras cosas–sorprendentemente– no requiere un estudio psiquiátrico en profundidad, sino que permite que se cambie la inscripción registral con un simple informe psicológico. No exige tampoco cirugía de reasignación sexual, y tampoco establece como estrictamente obligatorio el haber seguido un tratamiento médico para acomodar las características físicas a las correspondientes del sexoreclamado.

Como se ve, la naturaleza no se quiere que cuente. La identidad sexual es una variable subjetiva de la persona. Cada uno se “inventa” a sí mismo. La libertad personal es una fuerza omnipotente y autocreadora, liberadora de lazos y condicionamientos.

b) Maternidad

Como hemos visto, una de los principales objetivos de la ideología de género es la distorsión de la maternidad. La mujer, para liberarse completamente y alcanzar la plena igualdad con el hombre, debe controlar por completo su fecundidad, liberándose de la “tiranía” de la naturaleza biológica.

La maternidad es considerada como una maldición, una carga pesada que la sociedad ha impuesto a la mujer para someterla y reducirla al ámbito privado; para que no pueda prosperar profesionalmente. De ahí que se reclame el acceso al aborto sin restricciones de ningún tipo.

Una expresión de esta mentalidad es la actual Ley del aborto (Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria delembarazo), que incluye el aborto libre y gratuito.

c) La reproducción

Otra consecuencia de la ideología de género es la alteración en la concepción de la generación. La nueva vida ya no es un don que se acoge, sino que se considera como un derecho. Esto justificaría el planteamiento de que la mujer si considera que la nueva criatura llega en un momento “inoportuno” tiene derecho a matarlo; o de que sino llega cuando se “desea” se pueda “fabricar” mediante las técnicas de reproducción humana asistida. El deseo, como se ve, se convierte en derecho.

Ley 14/2006, de 26 demayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida. En esta Ley, se redefine la paternidad y la maternidad como derecho que la sociedad debe satisfacer. La Ley reconoce el derecho de acudir a estas técnicas a toda mujer mayor de edad,independientemente de su estado civil y orientación sexual. Si es una mujer casada con un hombre, la ley «presume» que el padre es el marido de la mujer; si es una mujer casada con otra mujer, la ley las considera a ambas«progenitoras»; y si es una mujer sola, el niño legalmente no tiene padre, porque según la ley el donante no es un padre sino «el lugar» donde se ha producido el material genético. Por la misma razón, al ser la paternidad y la maternidad un rol social y nada más, se defiende la adopción por parte de personas homosexuales.

d) Violencia de género

Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia degénero.

En el Preámbulo se lee que “la violencia se dirige contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, y que es consecuencia de la desigualdad histórica de la mujer en la sociedad”. En esta Ley, la relación hombre-mujer se define como “necesariamente conflictiva”,en términos de lucha, de rivalidad, de antagonismo.

En asunto tan delicado como el de las agresiones domésticas conviene ser precisos. A lo mejor no es muy justo generalizar la violencia a todo un género determinado. Son mucho más numerosos los ejemplos de armonía y buen entendimiento en las relaciones entre hombre y mujer que los casos escandalosos de violencia. Una sentencia reciente de la Audiencia de Canarias ha dejado clara la cuestión: los malos tratos de una mujer sobre otra, aunque tengan el carácter de pareja, noqueda sujeta a lo que está regulado en materia de violencia de género. Esta solamente se aplica si el agresor es un hombre. Nos halamos ante una ley en la que hombres y mujeres reciben un trato judicial y penal desigual por el hecho depertenecer a uno u otro sexo.

e) Matrimonio

Para la ideología de género, la familia (natural) es la principal fuente de opresión de la mujer. De ahí el propósito de desvirtuarla, desprotegerla, atacarla y sustituirla.
Dos Leyes significativas:

1. Ley 13/2005, de 1 de julio, sobre la modificación del Código Civil en materia del derecho a contraer matrimonio, para dar cabida a las uniones homosexuales.

Es una Ley dirigida a obtener el reconocimiento social para la homosexualidad y redefinir el matrimonio, privándole de sus elementos esenciales. El matrimonio, en cuanto unión de un hombre y una mujer abierta a la vida y con vocación de permanencia, ya no existe en nuestro ordenamiento jurídico. Con esta Ley se contempla el matrimonio como un “invento social”, que va cambiando y adaptándose a las circunstancias históricas.

Desde el Gobierno de la nación se pretende imponer los «estudios de género» en los programas educativos, pues así, se sostiene, se logrará una educación más democrática y una mejor preparación de los estudiantes al proponerles un replanteamiento crítico de la sociedad. La legislación también se entromete en el derecho de los padres a educar a sus hijos.

2. Ley 15/2005, de 8 de julio, por la que se modifican el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia deseparación y divorcio. El llamado divorcio exprés, que regula el divorcio unilateral y sin causa.

Si cada uno se construyee inventa a sí mismo, y puede construir su relación como quiera, también se ledebe reconocer la capacidad de destruirla a capricho. La Ley se centra en el deseo y en la libertad individual, prescindiendo de la función social delmatrimonio.

f) Educación

Desde el Gobierno de la nación se pretende imponer los «estudios de género» en los programas educativos, pues así, se sostiene, se logrará una educación más democrática y una mejor preparación de los sus estudiantes al proponerles un replanteamiento crítico de la sociedad. La legislación también se entromete en el derecho de los padres a educar a sus hijos.

Algunos autores piensan que desde el poder legislativo se está intentando minimizar la autoridad de los progenitores. Minar la autoridad de los padres es necesario para manipular libremente a los niños, y así configurar sus conciencias, la visión del mundo y de las cosas [La edad de consentimiento en España es 13 años, tal y como lo especifica el Código penal español, artículos 181(2) y 183, por lo que a partir de los 13 años se puede tener relaciones sexuales en España.].

Veamos varios ejemplos.

1. Supresión del apartado 3 del artículo 154 del Código Civil que reconoce la facultad de los padres de corregir moderada y razonablemente a los hijos.

Comparemos los textos, anterior y actual, del artículo 154 del Código Civil.

REDACCIÓN ANTERIOR
REDACCIÓN ACTUAL


Los hijos no emancipados están bajo la potestad de sus progenitores.

La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y comprende los siguientes deberes y facultades:

1. Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.

2. Representarlos y administrar sus bienes.

Si los hijos tuvieren suficiente juicio deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten.

Los padres podrán en el ejercicio de su potestad recabar el auxilio de la autoridad.
Podrán también corregir razonable y moderadamente a los hijos.


Los hijos no emancipados están bajo la potestad de los padres.

La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica.

Esta potestad comprende los siguientes deberes y facultades:

1. Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.

2. Representarlos y administrar sus bienes. Si los hijos tuvieren suficiente juicio deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten. Los padres podrán, en el ejercicio de su potestad, recabar el auxilio de la autoridad.


2. Ley Orgánica de Educación (LOE) 2/2006 de 3 de mayo.

Esta Ley estaba impregnada de ideología de género. Son fines de la educación el desarrollo de las capacidades afectivas del alumnado y el reconocimiento de la diversidad afectivo-emocional.

3. Asignatura de Educación para la ciudadanía (2008).

Se rechaza cualquier diferenciación entre varón y mujer, llegando a identificar «diferencia» con «discriminación». Se insiste machaconamente en la diversidad afectivo-emocional, en la posibilidad de elegir la propia identidad y orientación sexual. Aparece el término «homofobia».

En esta asignatura subyace una antropología basada en la filosofía de género, que sostiene que cada uno puede elegir su propia identidad y orientación sexual con independencia de su sexo biológico.

Parte de una antropología dualista, que separa en la persona su dimensión corporal de su dimensión psicológica y espiritual, la cual lleva a defender que la identidad genérica no está determinada por la identidad sexual, sino que depende de la psicología de cada uno y de la cultura en la que vive. Además, la persona es completamente autónoma y la libertad una fuerza absoluta. En consecuencia, cada uno puede “construirse” como quiera. Para estos, no existe naturaleza, no existe verdad del hombre, sólo libertad omnímoda.

4. Ley del aborto (2010)

Se incluye la enseñanza de la ideología de género en los primeros años de colegio.

5. Proyecto de Ley de Igualdad LGTBI (2017)

Elaborada por más de una decena de asociaciones y colectivos LGTB, se presentó en mayo en el Congreso de los Diputados de la mano del partido Podemos. Prevé sanciones importantes hacia quienes discrepen de algún modo del planteamiento Gender.

10. Varón y mujer: ¿Naturaleza o cultura? Algunas respuestas a la ideología de género

¿Puede aceptarse que no exista ninguna naturaleza “dada”, que todo sea expresión de nuestra libre voluntad, y que incluso la biología no sea más que cultura?

Con un mínimo de experiencia y de sentido común, es fácil detectar que esta ideología no puede ser un camino hacia la felicidad. En efecto, reactiva –sin decirlo y, quizás, incluso sin quererlo– la vieja equivocación del maniqueísmo [Para la doctrina maniquea el cuerpo es malo y, por tanto, se debe despreciar.], porque se muestra hostil al cuerpo, al que manipula profunda y arbitrariamente.

Es evidente que no todo es naturaleza, ni todo es cultura. Pero si el ser humano no acepta su corporeidad –con todo lo que implica–, entonces no se acepta a sí mismo y terminará en un inevitable desequilibrio emocional, psíquico y espiritual.

a) La necesidad de aceptar la propia corporeidad

Considerando sin prejuicios los datos fisiológicos y psíquicos no es difícil admitir que la naturaleza masculina y la femenina se expresan de manera diferente, aunque no hay ni la más mínima duda en que tanto el varón como la mujer tienen el mismo valor, la misma dignidad, y deberían tener las mismas oportunidades para influir en la sociedad en la que viven. Sin embargo, la diferencia originaria entre ellos no es ni irrelevante ni adicional, y tampoco es un mero producto social.

Hace algún tiempo, la prensa internacional recordó un terrible experimento médico de los años setenta. En aquel entonces, el psiquíatra norteamericano John Money pretendió demostrar la teoría de que el sexo depende más que nada de la forma en que una persona es educada. Sus “conejillos” fueron los gemelos Bruce y Brian Reimer. Como Bruce había tenido un accidente después de nacer, el doctor Money aprovechó la ocasión para transformar su cuerpo –a través de cirugía plástica– en un cuerpo aparentemente femenino. A la vez dijo a los padres que debían criar al bebé como si fuera una chica y mantener todo el episodio en estricto secreto. Bruce pasó a ser Brenda.

Aunque los padres siguieron las instrucciones del médico al pie de la letra, las cosas no marchaban como estaba previsto: a Brenda no le gustaban los vestidos, no era bien aceptada en la escuela, y pronto manifestó “tendencias lesbianas”. Cuando cumplió trece años, su padre no tuvo más remedio que confesarle lo que había ocurrido. Entonces, Brenda decidió someterse a otro proceso quirúrgico y vivir como chico. Tomó el nombre de David. Recordó las frecuentes sesiones terapéuticas con Money durante toda su vida como una tortura, que le habían provocado heridas profundas y siempre abiertas. En 2004, se suicidó [Oliver Burkeman y Gary Youngue, David no aguantó ser Brenda, noticia de prensa aparecida en el diario El Mundo, 15 de mayo de 2004. Cfr.: [Dr Money y el niño sin pene. (Ideología de género) from Alfonso Asensio on Vimeo.]].

Se trata de un ejemplo emblemático: la naturaleza reclama sus derechos. En cierto sentido, el hombre es verdaderamente su cuerpo. No se reduce simplemente a poseerlo o habitarlo. Existe en el mundo no solamente “a través de su cuerpo”, sino “siendo su cuerpo”. Por su constitución intrínseca, es su cuerpo y, a la vez, lo sobrepasa [Gracias a la unidad sustancia cuerpo-espíritu que es la persona humana, todo lo que afecta al cuerpo afecta a la persona. Si yo le doy una bofetada a una persona, no sólo provoco una inflamación en el carrillo, sino que agredo y ofendo a toda la persona.].

En la persona humana, el sexo y el género –el fundamento biológico y la expresión cultural–, ciertamente, no son idénticos, pero tampoco son independientes. Para llegar a establecer una relación correcta entre ambos, conviene considerar previamente el proceso en el que se forma la identidad como varón o mujer. Los especialistas [Una buena ilustración de este tema se puede encontrar en J. Schlatter, Psicopatología de la sexualidad, en M.A. Monge (Ed.), Medicina Pastoral. Cuestiones de Biología, Antropología, Medicina, Sexología, Psicología y Psiquiatría de interés para Formadores, EUNSA, Pamplona 2002, pp. 302ss.] señalan tres aspectos de este proceso que, en el caso normal, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social [El sexo biológico suele denominarse simplemente sexo, mientras que el sexo psicológico y social están unidos en el término género.].

El sexo biológico describe la corporeidad de una persona. Se suelen distinguir diversos factores. El “sexo genético” (o “cromosómico”) –determinado por los cromosomas XX en la mujer, o XY en el varón– se establece en el momento de la fecundación y se traduce en el “sexo gonadal”, que es responsable de la actividad hormonal. El “sexo gonadal”, a su vez, influye sobre el “sexo somático” (o “fenotípico”) que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos. Conviene considerar el hecho de que estas bases biológicas intervienen profundamente en todo el organismo, de modo que, por ejemplo, cada célula de un cuerpo femenino es distinta a cada célula de un cuerpo masculino [La ciencia médica indica, incluso, diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino. Para este interesante asunto he reservado el último apartado de este tema.].

El sexo psicológico se refiere a las vivencias psíquicas de una persona como varón o como mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los 2 o 3 años y suele coincidir con el sexo biológico. Puede estar afectada hondamente por la educación y el ambiente en el que se mueve la criatura.

El sexo sociológico (o civil) es el sexo asignado a una persona en el momento del nacimiento. Expresa cómo es percibida por las personas a su alrededor. Señala la actuación específica de un varón o de una mujer. En general, se le entiende como el resultado de procesos histórico-culturales. Se refiere a las funciones y roles (y los estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas.

Estos tres aspectos no deben entenderse como aislados unos de otros. Por el contrario, se integran en un proceso más amplio que consiste en la formación de la propia identidad. Una persona adquiere progresivamente, durante la infancia y la adolescencia, la conciencia de ser “ella misma”. Descubre su identidad y, dentro de ella, cada vez más hondamente, la dimensión sexual del propio ser. Adquiere gradualmente una identidad sexual (se da cuenta de los factores biopsíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo) y una identidad genérica (descubre los factores psicosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan.

Considerando sin prejuicios los datos fisiológicos y psíquicos no es difícil admitir que la naturaleza masculina y la femenina se expresan de manera diferente, aunque no hay ni la más mínima duda en que tanto el varón como la mujer tienen el mismo valor, la misma dignidad, y deberían tener las mismas oportunidades para influir en la sociedad en la que viven. Sin embargo, la diferencia originaria entre ellos no es ni irrelevante ni adicional, y tampoco es un mero producto social. No es una condición que igualmente podría faltar, y tampoco es una realidad que se pueda limitar sólo al plano corporal. El varón y la mujer se complementan en su correspondiente y específica naturaleza corporal, psíquica y espiritual. Ambos poseen valiosas cualidades que les son propias, y cada uno es, en su propio ámbito, superior al otro aunque abierto y necesitado de la mutua complementariedad y ayuda.

b) Orden sociológico-legislativo

En las encuestas que mensualmente realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), tanto el asunto de la homosexualidad como el del género no aparecen dentro de los primeros 30 problemas que preocupan a los ciudadanos españoles.

Sirva como premisa en la redacción de este apartado la necesidad que existe de luchar, desde el punto de vista legislativo, por la igualdad de oportunidades para la mujer, y para superar aquellos roles que son fruto de factores culturales y que pueden resultar arbitrarios e injustos.

Pero la solución a los problemas de la mujer no es el victimismo, ni el enfrentamiento con el hombre, ni su total autonomía, sino el entendimiento, el respeto, la cooperación, la mutua ayuda entre mujer y varón. La verdadera “liberación” de la mujer nunca se alcanzará negando su feminidad, denigrando la maternidad e igualándola al hombre, sino logrando que sea ella misma. Sí a la igualdad: de naturaleza, de dignidad, de derechos y deberes findamentales, pero defendiendo que mujer y hombre son diferentes. Ya lo decía un antiguo proverbio chino: «la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente».

El Derecho (y los poderes legislativo y judicial) no puede negar las diferencias ni enturbiar las relaciones entre hombres y mujeres. No puede ignorar la originalidad de lo femenino y lo masculino, y su natural complementariedad. El Derecho tiene que dar respuesta adecuada a las dos formas en que existe el ser humano: como mujer y como hombre.

c) Feminismo de género vs. feminismo de la igualdad

Parece necesario diferenciar entre «feminismo de género» (que entra de lleno en la ideología neomarxista, en el relativismo moral y cultural, en el constructivismo psicológico radical y en la utópica pretensión de la autosuficiencia individual) y «feminismo de igualdad» (o de la diferencia, es decir, un feminismo que sostiene y defiende que mujer y hombre son iguales en cuanto seres humanos pero diferentes y complementarios) [Cfr. Cristina Hoff Sommers, La guerra contra los chicos. Cómo un feminismo mal entendido está dañando a los chicos, Ed. Palabra, Madrid 2006; Susan Pinker, La paradoja sexual: de mujeres, hombres y la verdadera frontera del género, Ed. Paidos, Barcelona 2009.].

El «feminismo de género» presenta un gran riesgo y peligro, pues intenta dividir y separar realidades humanas que están destinadas a unirse y complementarse. Tiende a considerar la masculinidad convencionalmente como una patología y como el origen de muchos de los males del mundo actual. Pero, afortunadamente, la mayoría de los hombres no son unos brutos, ni unos opresores, ni unos maltratadores. Sin duda, algunos son unos despreciables neandertales, pero confundirlos con la mayoría de los hombres resulta, cuanto menos, injusto. Este feminismo escoge los casos extremos de masculinidad patológica y los considera como la norma en el varón.

«Feminismo de la igualdad». Este feminismo quiere para la mujer lo que quiere para todos: un trato justo, respeto, dignidad, igualdad de oportunidades y de trato para las mujeres. Pero acepta que mujeres y hombres son distintos (igualdad en la diversidad) y complementarios. Este feminismo, como se comprueba, promueve la armonía y la buena voluntad entre los sexos, para contribuir a que en el mundo haya más cordura y felicidad.

d) Carta Apostólica Mulieris dignitatem, sobre la dignidad y la vocación de la mujer (1988)

El Papa Juan Pablo II trazó en este documento las raíces antropológicas y teológicas de la verdad de la persona humana: hombre y mujer. Clave del texto pontificio es que el ser humano es creado por Dios, está constituido con una verdad: una humanidad única diferenciada, hombre-mujer.

El texto pontificio parte del libro del Génesis: el hombre –varón y mujer– ha sido creado, no se ha hecho a sí mismo, por Dios; es la «culminación de la creación que vio Dios que era buena». El género humano, que tiene su origen en la llamada a la existencia del hombre y de la mujer, corona toda la obra de la creación, ambos son seres humanos en el mismo grado. También la descripción bíblica habla de la institución del matrimonio por parte de Dios, en el comienzo de la creación del hombre y de la mujer, como condición indispensable para la transmisión de la vida. Se trata de una relación recíproca, del hombre con la mujer y de la mujer con el hombre. Por todo ello «ser hombre» y «ser mujer» son realidades «queridas por Dios»: «en su igualdad y en su diferencia, uno y otro tienen una común dignidad».

La Carta de Juan Pablo II fue altavoz del hecho de que hombre y mujer «son creados como personas a imagen de Dios Amor para vivir en comunión». De ahí su reciprocidad, y de ahí que la persona esté llamada también a existir para los demás, convirtiéndose en un don. No es que Dios haya hecho “incompletos” al hombre y a la mujer, sino que los ha creado «para una comunión de personas, en la que cada uno puede ser “ayuda” para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto masculino y femenino». El amor, por lo tanto, es lo que define la verdad de la persona –hombre y mujer–, la esencia y el cometido de la familia; «por eso la familia recibe la misión de vivir, custodiar, revelar y comunicar el amor como reflejo vivo de Dios, que es amor».

Con estas ideas se entiende mejor el propósito de la ideología de género –liberar al hombre de su biología– y la crítica que hizo el entonces Cardenal Ratzinger: “Ya no se admite que la naturaleza tenga algo que decir; es mejor que el hombre pueda modelarse a su gusto (...). Todo esto, en el fondo disimula una insurrección del hombre contra los límites que lleva consigo en cuanto ser biológico. Se opone, en último extremo, a ser criatura. El hombre tiene que ser su propio creador, versión moderna de aquel «seréis como dioses»” [Peter Seewald, La sal de la tierra, Palabra, Madrid 1997, p. 142.].

e) Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo (31 de mayo de 2004)

En los primeros cuatro números plantea el problema y señala su propuesta. El núcleo de la problemática es la cuestión femenina: buscar el lugar de la mujer en la sociedad y en el mundo, pero sobre todo es el intento del ser humano de desprenderse de su condición de criatura, de sus condicionamientos biológicos, que tendrían consecuencias también en algunos dogmas de la doctrina católica.

Para dar una respuesta adecuada al problema, la Iglesia propone la colaboración activa del hombre y la mujer. Para ello, en el segundo apartado (nn. 5-12), expone los datos de la antropología bíblica, señalados, sobre todo, en los tres primeros capítulos del Libro del Génesis. El hombre creado a imagen y semejanza de Dios está en la base de la antropología cristiana. «Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra (...) Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó» (Gn 1,26-27). De aquí se desprende, también, que la humanidad es descrita como articulada, desde su primer origen, en la relación de lo masculino con lo femenino. Es esta humanidad sexuada la que se declara explícitamente «imagen de Dios».

La segunda narración de la creación (cfr. Gn 2,4-25) confirma de modo inequívoco la importancia de la diferencia sexual. Adán se sentía solo en el jardín del Edén. Es necesario que entre en relación con otro ser que se halle a su nivel. Solamente la mujer, creada de su misma «carne», ofrece a la vida del hombre un porvenir.

Desde el principio aparecen (el hombre y la mujer) como «unidad de dos», significando la superación de la soledad original. La diferencia vital está orientada a la comunión. En la «unidad de los dos» el hombre y la mujer son llamados desde su origen no sólo a existir “uno al lado del otro”, o simplemente “juntos”, sino que son llamados también a existir recíprocamente, el uno para el otro.

De todo esto se pueden deducir dos consecuencias importantes. La primera que la antropología bíblica sugiere afrontar desde un punto de vista relacional, como en los orígenes de la humanidad, no competitivo ni de revancha, los problemas que a nivel público o privado suponen la diferencia de sexos. La segunda, hacer notar la importancia y el sentido de la diferencia de los sexos como realidad inscrita profundamente en el hombre y la mujer. La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones. Ésta no puede ser reducida a un puro e insignificante dato biológico, sino que es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano.

El pecado original ha alterado el modo con el que el hombre y la mujer acogen y viven la Palabra de Dios, y su relación con el Creador. También la relación entre ambos, que era de pura armonía. Como consecuencia, se tergiversa el modo de vivir su diferenciación sexual: «Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará» (Gn 3,16). En esta trágica situación se pierden la igualdad, el respeto y el amor que, según el diseño originario de Dios, exige la relación del hombre y la mujer. Tal alteración no corresponde, sin embargo, ni al proyecto inicial de Dios sobre el hombre y la mujer, ni a la verdad sobre la relación de los sexos. De esto se deduce, por tanto, que esta relación, buena pero herida, necesita ser sanada.

¿Cuáles pueden ser las vías para esta curación?, se pregunta el Documento. Considerar y analizar los problemas inherentes a la relación de los sexos sólo a partir de una situación marcada por el pecado llevaría necesariamente a recaer en los errores anteriormente mencionados. Hace falta romper, pues, esta lógica del pecado y buscar una salida, que permita eliminarla del corazón del hombre pecador. Una orientación clara en tal sentido se nos ofrece con la promesa divina de un Salvador, en la que están involucradas la «mujer» y su «estirpe» (cfr. Gn 3,15), promesa que, antes de realizarse, tendrá una larga preparación histórica (Noé, Abraham, los profetas, etc.).

Injertados en el Misterio Pascual, y convertidos en signos vivientes del amor de Cristo y la Iglesia, los esposos cristianos son renovados en su corazón y pueden así huir de las relaciones marcadas por la concupiscencia y la tendencia a la sumisión que la ruptura con Dios, a causa del pecado, había introducido en la pareja primitiva. O expresado en otros términos: en la gracia de Cristo, que renueva su corazón, el hombre y la mujer se hacen capaces de librarse del pecado y de conocer la alegría del don recíproco. En Cristo, la rivalidad, la enemistad y la violencia, que desfiguraban la relación entre el hombre y la mujer, son superables y superadas.

El celibato por el Reino quiere ser profecía de esta forma de existencia futura de lo masculino y lo femenino. Para los que viven el celibato, éste adelanta la realidad de una vida que, no obstante continuar siendo aquella propia del hombre y la mujer, ya no estará sometida a los límites presentes de la relación conyugal (cfr. Mt 22,30: «En la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que todos serán como ángeles en el cielo»).

Por tanto, y esta es la conclusión de este apartado, distintos desde el principio de la creación y permaneciendo así en la eternidad, el hombre y la mujer, injertados en el Misterio Pascual de Cristo, ya no advierten, pues, sus diferencias como motivo de discordia que hay que superar con la negación o la nivelación, sino como una posibilidad de colaboración que hay que cultivar con el respeto recíproco de la distinción. A partir de aquí, se abren nuevas perspectivas para una comprensión más profunda de la dignidad de la mujer y de su papel en la sociedad humana y en la Iglesia.

En el apartado III (nn. 13-14), el Documento enumera algunos valores femeninos presentes en la sociedad. Uno muy importante es la «capacidad de acogida del otro». No obstante el hecho de que cierto discurso feminista reivindique las exigencias «para sí misma», la mujer conserva la profunda intuición de que lo mejor de su vida está hecho de actividades orientadas al despertar del otro, a su crecimiento y a su protección. Esta intuición está unida a su capacidad física de dar la vida. Sea o no puesta en acto, esta capacidad es una realidad que estructura profundamente la personalidad femenina.
Por lo tanto la promoción de las mujeres dentro de la sociedad tiene que ser comprendida y buscada como una humanización, realizada gracias a los valores redescubiertos por las mujeres. Se debe recibir el testimonio de la vida de las mujeres como revelación de valores, sin los cuales la humanidad se cerraría en la autosuficiencia, en los sueños de poder y en el drama de la violencia. También la mujer, por su parte, tiene que dejarse convertir, y reconocer los valores singulares y de gran eficacia de amor por el otro del que su femineidad es portadora.

Los valores femeninos en la vida de la Iglesia son enunciados en el apartado IV (nn 15-16).

f) Benedicto XVI, Discurso con motivo del XX aniversario de la Carta Apostólica Mulieris dignitatem (9 de febrero de 2008)

“Ante corrientes culturales y políticas que buscan eliminar o, al menos, ofuscar y confundir las diferencias sexuales inscritas en la naturaleza humana, considerándolas una construcción cultural, es preciso hacer patente el diseño de Dios, que ha creado al ser humano hombre y mujer, con una unidad y al mismo tiempo con una diferencia original y complementaria. (...) La naturaleza humana y la dimensión cultural se integran en un proceso amplio y complejo, que constituye la formación de la propia identidad, donde ambas dimensiones, la masculina y la femenina, se integran y se completan”.

El Papa recordó que “persiste todavía una mentalidad machista, que ignora la novedad del cristianismo, el cual reconoce y proclama igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre. Hay lugares y culturas donde la mujer vive discriminada o minusvalorada por el solo hecho de ser mujer, donde se recurre incluso a argumentos religiosos y a presiones familiares, sociales y culturales para sostener la desigualdad de los sexos, donde se consuman actos de violencia contra la mujer, convirtiéndola en objeto de maltrato, y de explotación en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversión”.

Pero también indicó que “se precisa una renovada investigación antropológica que, sobre la base de la gran tradición cristiana, incorpore los nuevos progresos de la ciencia y el dato de las actuales sensibilidades culturales, contribuyendo así a profundizar no solo en la identidad femenina, sino también la masculina, que no pocas veces es objeto asimismo de reflexiones parciales e ideológicas”.

g) Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate (2009)

El Santo Padre subraya que el hombre no puede reducirse a un mero dato cultural, como sostiene la ideología de género. En concreto, destaca el riesgo de separar la cultura de la naturaleza humana. “El eclecticismo y el bajo nivel cultural coinciden en separar la cultura de la naturaleza humana. Así, las culturas ya no saben encontrar su lugar en una naturaleza que las transciende, terminando por reducir al hombre a mero dato cultural. Cuando esto ocurre, la humanidad corre nuevos riesgos de sometimiento y manipulación” (n. 26).

La alteridad tiene su origen en la alteridad de Dios uno y trino: “sólo el encuentro con Dios permite no ver siempre en el prójimo solamente al otro, sino reconocer en él la imagen divina, llegando así a descubrir verdaderamente al otro y a madurar un amor que es ocuparse del otro y preocuparse por el otro” (n. 11). En la teoría de género se está en las antípodas del auténtico sentido de la alteridad, para instalarse en la similitud, vista desde una visión medible de la paridad en todo punto entre el hombre y la mujer. La paridad ha sido un pretexto para introducir un poder femenino que tiende a excluir al hombre, en particular de la esfera de la procreación.

“La caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente” (n. 34). Pero el don no puede realizarse más que en el reconocimiento, la aceptación y la interiorización de la alteridad (y de la alteridad sexual).

h) Desde la ciencia

Hombre o mujer «se es», y no sólo «se construye socialmente», aunque ciertamente la cultura es un gran moldeador del ser humano.

Ya se ha dicho que mujeres y varones somos diferentes en todas las células de nuestros organismos. La persona humana es hombre o mujer, y lleva inscrita esa condición en todo su ser. El programa genético (XX o XY), el sistema endocrino, los órganos genitales internos y externos, el cerebro y la figura corporal son sexuados. Por eso se puede afirmar que somos biofisiológicamente sexuados; o expresado en otros términos: que la sexualidad tiene una dimensión biológica indudable.

Señalemos algunas características del cerebro humano [Cfr. Dennis D. Kelly, Sexual Differentiation of the Nervous System, en Eric R. Kandel, James H. Schwartz, Thomas M. Jessell (Ed.), Principles of Neural Science, 4. ed., Ed. Appleton and Lange, Norwalk, Connecticut 2000, pp. 1131-1149; P. Nopoulos, M. Flaum, D. O’Leary, N.C. Andreasen, Sexual dimorphism in the human brain: evaluation of tissue volume, tissue composition and surface anatomy using magnetic resonance imaging, en: Psychiatry Res (2000/2), pp. 1-13; H. Davidson, K.R., Cave, D., Sellner, Differences in visual attention and task interference between males and females reflect differences in brain laterality, en: Neuropsychologia (2000/4), pp. 508-514, N. Sadato, V., Ibanez, M.P., Deiber, M., Hallett, Gender difference in premotor activity during active tactile discrimination, en: Neuroimage (2000/5), pp. 532-540; K. Kansaku, A. Yamaura, S., Kitazawa, Sex differences in lateralization revealed in the posterior language areas, en: Cereb Cortex (2000/9), pp. 866-872.]. Existe un cerebro de mujer y un cerebro de varón. Gracias a las técnicas actuales de neuroimagen, como la tomografía de emisión de positrones (PET) o las imágenes funcionales de resonancia magnética (fMRI), es posible observar y estudiar mejor este hecho. El cerebro de la mujer es más pequeño respecto al cuerpo; tiene más apretadas las conexiones; los dos hemisferios son muy similares, con una distribución de tareas bastante uniforme; y comunica muy bien de un lado a otro. Esto en cierta medida es la base que le da esa capacidad de tener una empatía, un conocimiento más directo de la realidad, menos racionalizado –esto no quiere decir que no razone–, sino que tiene facilidad para percibir de forma más intuitiva. Por el contrario, el cerebro de varón es más asimétrico; tiene las funciones del hemisferio izquierdo sólo en ese lado, podríamos decir extrapolando; y en el derecho lo mismo; y, además, la comunicación entre los dos es menos fuerte.

En las mujeres existe una mejor simetría y una mayor interconexión entre ambos hemisferios, que se parecen más entre sí. El varón presenta más diferencias entre ambos hemisferios, en lo que se refiere a centros responsables de funciones similares, y está más polarizado hacia el hemisferio izquierdo. Esto hace, por ejemplo, que la capacidad analítica o la orientación espacial sea, por término medio, mayor en varones. Por el contrario, la capacidad de comunicación verbal y empatía (por ejemplo, la capacidad de interpretar estados de ánimo al observar caras), es mayor en mujeres. A igualdad de coeficiente intelectual, hay tareas que, por término medio, resuelven mejor las mujeres y otras los varones. Estas diferencias se observan incluso a edades donde los factores socioculturales no han podido actuar todavía.

Un dato aun más sorprendente: mujeres y varones no enferman del mismo modo, independientemente del ambiente sociocultural en el que estén inmersos. Así, las mujeres presentan más diagnósticos de depresión unipolar, trastornos del comportamiento alimentario, trastornos de ansiedad, incluyendo el estrés post traumático o de presentar tres o más problemas mentales concomitantemente o asociados a enfermedades crónicas. También son más frecuentes en mujeres los trastornos de pánico y de fobia. Por el contrario, los varones presentan más diagnósticos de abuso de sustancias, alcoholismo y desórdenes del comportamiento asociados al alcohol. A partir de la infancia los varones presentan más síndromes de déficits de atención, autismo y retrasos del aprendizaje o del desarrollo.

Bibliografía complementaria

  • María Calvo Charro, Alteridad sexual. Razones frente a la ideología de género. Palabra, Madrid, 2014
  • Janne Haaland Matláry, El tiempo de las mujeres. Rialp, Madrid, 2000.
  • Cristina Hoff Sommers, La guerra contra los chicos. Cómo un feminismo mal entendido está dañando a los chicos, Ed. Palabra 2006.
  • Allan y Barbara Pease, Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas, Ed. Amat 2010.
  • Susan Pinker, La paradoja sexual. De mujeres, hombres y la verdadera frontera del género, Ed. Paidós 2009.
  • Jesús Trillo Figueroa, La ideología de género, Ed. LibrosLibres, Madrid 2009.
  • AA.VV., La ideología de género. Reflexiones críticas, Ed. Ciudadela 2009.

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La solución a los problemas de la mujer no es el victimismo, ni el enfrentamiento con el hombre, ni su total autonomía, sino el entendimiento, el respeto, la cooperación, la mutua ayuda entre mujer y varón. La verdadera “liberación” de la mujer nunca se alcanzará negando su feminidad, denigrando la maternidad e igualándola al hombre, sino logrando que sea ella misma.

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