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“GÉNERO”: Una introducción sencilla

RESUMEN

1. La ideología del género considera que la sexualidad humana no es una característica determinada por la naturaleza de cada persona, sino que es un elemento maleable cuyo significado es fundamentalmente una convención social.

2. Su más profunda motivación debe buscarse en la tentativa de la persona humana de liberarse de los condicionamientos naturales. Mientras que el sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término género viene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro.

3. Frente a la ideología del género se encuentra la antropología de la sexualidad humana. Dios ha creado al hombre como varón y mujer. Ambos sexos tienen igual dignidad y valor pero corresponde a cada persona aceptar su propia identidad sexual. Naturaleza y cultura se corresponden y se precisan en el ser humano.

4. Existe una profunda unidad entre las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales de la persona porque se trata de «una sola persona», no de varias a la vez. El hombre no puede ir contra su naturaleza sin hacerse profundamente desgraciado o caer en lo patológico. Como la persona entera es hombre o mujer, la unidad del cuerpo y del alma se extiende a todos los rincones de la existencia humana. Así la sexualidad humana no se limita a la procreación, sino que es el medio de manifestar el amor humano en el seno de la relación conyugal, es su mayor expresión, como donación de toda la persona.

5. El ser humano no puede llegar a ser libre más allá de su propia naturaleza o contra ella. La sexualidad supone una oportunidad para el propio desarrollo, relación y realización personal. Ser criatura no significa ser inferior o menos libre.

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»”.

PAPA FRANCISCO: Amoris Laetitia 56:

1. La cuestión

GÉNERO: Una introducción sencilla
Para evitar cualquier supremacía de uno u otro sexo se tiende a suprimir las diferencias de sexos en lo corporal, y en las modas, mientras que se subraya el género que cada uno quiere asumir en lo cultural. Lo que de verdad importa, lo realmente trascendente, sería lo que uno de verdad se siente, hombre o mujer o ambos, por encima de lo que la anatomía de uno dice.

La ideología de género o «gender» afirma que una persona de sexo masculino, es decir, un hombre, puede adoptar a su antojo un género femenino; y que una mujer puede adoptar a su antojo un género masculino sin mayores problemas, porque no se nace hombre o mujer.

La misma ideología afirma que la atracción heterosexual no es innata o natural, sino que es aprendida o cultural. Y que el instinto maternal de las mujeres no existe.

2. Qué es el género

La ideología del género considera que la sexualidad humana no es una característica determinada por la naturaleza de cada persona, sino que es un elemento maleable cuyo significado es fundamentalmente una convención social. De tal manera que el significado del sexo dependería de la elección autónoma de cada uno sobre cómo configurar su propia sexualidad.

La sexualidad no sería un determinante biológico, sino una construcción cultural de cada persona que «se siente hombre o mujer». Su más profunda motivación debe buscarse en la tentativa de la persona humana de liberarse de los condicionamientos naturales. Según esta concepción, la naturaleza humana no lleva en sí misma las características que se impondrían de manera absoluta en lo referente a la sexualidad: antes al contrario, toda persona podría o debería configurarse según sus propios deseos, ya que sería libre de toda predeterminación vinculada a su constitución esencial.

Esta ideología que se extiende desde los años sesenta [Jutta Burggraf, En torno a un nuevo modo de hablar, www.arvo.net] entiende que la masculinidad y la feminidad no están determinadas por el sexo, sino por la cultura. Mientras que el sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término género viene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Según esta ideología, las variaciones de sexo, aparte de las morfológicas, no vendrían dadas por la naturaleza, sino que serían meras construcciones culturales hechas según los roles y estereotipos que en cada sociedad se asignan a los sexos.

Para evitar cualquier supremacía de uno u otro sexo se tiende a suprimir las diferencias de sexos en lo corporal, y en las modas, mientras que se subraya el género que cada uno quiere asumir en lo cultural. Lo que de verdad importa, lo realmente trascendente, sería lo que uno de verdad se siente, hombre o mujer o ambos, por encima de lo que la anatomía de uno dice.

Así mientras que solo existen dos sexos —masculino y femenino—, se llega a decir que pueden existir hasta cinco géneros —heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana y bisexual—. Todo se entiende que es natural y no existe ningún comportamiento sexual que pueda entenderse desviado siempre que sea libremente asumido por el individuo.

Cualquier actividad sexual resultaría justificable. La heterosexualidad, lejos de ser “lo adecuado”, no es más que uno de los posibles casos de práctica sexual, ni siquiera sería preferible para la procreación, que se podría conseguir por otros métodos «científicos» artificiales y, por supuesto, la familia también sería una construcción cultural que limita y agobia a la persona en lugar de liberarla.

En este contexto se pierde el nexo individuo-familia-sociedad y la persona queda reducida a un mero individuo. El amor de la madre no es algo natural, sino una simple sentimiento cultural que podría desaparecer o ser destruido con un cambio cultural.

3. Qué es sexualidad

Frente a la ideología del género se encuentra la antropología de la sexualidad humana basada en lo que significa la persona y su naturaleza constitutiva. Dios ha creado al hombre como varón y mujer. Ambos sexos tienen igual dignidad y valor pero corresponde a cada uno aceptar su propia identidad sexual.

Existen sólo dos sexos y nacemos con un sexo porque los hombres no somos seres asexuados, sino que el sexo humano desempeña una función que por ser humana es algo más que una función corporal. El ser humano es una persona naturalmente sexuada. No es lo mismo sexo que género. El sexo es un referente biológico-genético, mientras que el género es un referente funcional. Nacemos con un sexo, pero desempeñamos una función. Esta función puede cambiar con cada época y cada cultura, pero el sexo no cambia.

La homosexualidad es una realidad que se presenta en algunas personas, pero esto no significa que sean homosexuales. Realmente no existen personas homosexuales, todas las personas son heterosexuales pero algunas tienen una tendencia homosexual. Porque el ser humano por constitución es hombre o mujer.

El sexo humano interviene profundamente en todo el organismo de la persona. Cada célula de un cuerpo masculino es distinta de cada célula de un cuerpo femenino. La ciencia médica indica incluso diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino [Natalia López Moratalla, No existe un cerebro unisex, Entrevista publicada en ALBA, octubre 2007].

La igualdad de los sexos debe referirse más bien a la igualdad en los derechos y en las oportunidades, pero manteniendo siempre la complementariedad en las funciones. Maternidad y paternidad no son idénticas ni pueden intercambiarse. El padre no puede hacer de madre y la madre no puede hacer de padre. Cuando la diferenciación sexual es respetada se enriquece la persona humana y la sociedad. Cuando no se respeta la naturaleza sexual de cada persona se la empobrece de tal manera que la identidad y la dignidad humana desaparecen y se utiliza a las personas como objetos prestadores de servicios.

Existe una profunda unidad entre las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales de la persona porque se trata de «una sola persona». El hombre no puede ir contra su naturaleza sin hacerse profundamente desgraciado. La ruptura con la naturaleza no libera a la mujer ni al hombre, sino que les hace marchar por un camino que conduce a lo patológico.
Mientras que el cambio arbitrario del género da indicios de un cierto afán de autosuficiencia en el hombre, la sexualidad humana aceptada como tal significa una clara disposición hacia el otro. Manifiesta que la plenitud humana reside precisamente en la relación de ser-para-el-otro. Impulsa a salir de sí mismo y a buscar al otro y alegrarse en su presencia [Jutta Burggraf, loc. Cit.].

4. Desde la persona

Porque el hombre y la mujer no tienen un sexo determinado, "son" su sexualidad -es decir, hombre y mujer son corporales, son sexuados, porque la sexualidad es estructural en lo corpóreo, psíquico y espiritual- no hay sólo una diferencia genital. Lo normal es que exista una armonía entre todos los niveles de la personalidad que quedan definidos por el sexo: el genético, el gonádico, el morfológico, el psicológico, el espiritual y el social.

Para un cristiano el término diferente refiere a la Creación. Nada hay igual en la Creación del mundo. Ni dos pájaros, ni dos piedras, ni dos margaritas, ni mucho menos, dos mujeres o dos hombres. La diferencia es el sello divino de la Creación y en cada diferencia se muestra el amor específico del Creador por cada criatura.

Como la persona entera es hombre o mujer, la unidad del cuerpo y del alma se extiende a todos los rincones de la existencia humana. Se puede decir que en realidad no existen personas humanas ni individuos. Lo único que existen son hombres y mujeres, porque el sexo no es una variante de la persona, sino la manera de ser persona de cada uno. Yo no puedo ser persona más que siendo un hombre porque eso es lo que realmente soy. El sexo es personal y no cultural.

Y no se trata solamente de ser padre o madre, como si el sexo se agotara en la función reproductora. Se trata de la manera de ser como persona. Así la mujer tiene una actitud hacia la vida que se ha llamado el “genio femenino” porque se interesa por lo concreto, se compadece, siente más, se da cuenta de las cosas y necesidades ajenas. Y el hombre, por su parte, también tiene un “genio masculino” porque acepta los retos, es más arriesgado, se siente protector y responsable de los demás, asume tareas de gobierno y de organización.

Podemos comprobar que en la manera de ser de cada sexo se encuentra la imagen del Creador que los creó el uno para el otro en complemento para la donación mutua de la persona total. Así la sexualidad humana no se limita a la procreación, sino que es el medio de manifestar el amor humano, es su mayor expresión, como donación de toda la persona.

Muchas personas han vuelto a comprender que no pueden llegar a ser libres más allá de su propia naturaleza. Que el sexo lejos de ser un privilegio o una discriminación, supone la oportunidad para el propio desarrollo y realización personal. Siendo más hombre o mujer de lo que uno realmente es se consigue ser mejor de lo que actualmente uno es.

Porque la naturaleza no es una limitación para el hombre. Natural es lo que le viene dado al hombre, aquello con lo que nace y determina su forma de ser. Cultural, por el contrario, es lo aprendido, lo adquirido con la experiencia personal. Cultura viene de cultivar.

Pero la cultura debe evolucionar desde la naturaleza, de lo contrario sería antinatural. Esto implica que la cultura debe aceptar los condicionantes naturales. La libertad humana no es absoluta, somos como somos: altos, bajos, guapos, feos; y, al contrario, no podemos ser como desde luego no somos: por mucho que me empeñe en ser un pez nunca podré serlo, soy un hombre.

La naturaleza nos enseña que, aun teniendo la misma esencia, el hombre es diferente de la mujer y viceversa. Para la ideología del “Gender” el término diferente es sinónimo a desigual y esto, a su vez, es sinónimo de antagonismo y de discriminación. De manera que entienden que la mujer, si se acepta que es diferente, es inferior al hombre.

Sin embargo, aceptar las diferencias de la mujer —y las del hombre— supone que existe algo en la mujer que le es propio e insustituible, que no existe en el hombre, y sin lo cual el mundo y la vida sería absolutamente distinta, en este caso, distinta y peor, menos humana.

Para un cristiano el término diferente refiere a la Creación. Nada hay igual en la Creación del mundo. Ni dos pájaros, ni dos piedras, ni dos margaritas, ni mucho menos, dos mujeres o dos hombres. La diferencia es el sello divino de la Creación y en cada diferencia se muestra el amor específico del Creador por cada criatura.

La aceptación de la naturaleza humana como algo que nos viene dado, con lo que nacemos, supone el aceptar que existe un Creador que nos ha dado esa naturaleza desde el amor y para amarnos, y se puede entender que aceptar la Creación en nosotros mismos es el mayor bien que nos podemos hacer y es la única manera de realizarnos plenamente.


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