Cine y valores
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Copying Beethoven

El rodaje

El rodaje de Copying Beethoven comenzó el 5 de abril de 2005. Para que los actores pudieran moverse y crear un entorno que permitiera diferentes planos con cada ángulo de cámara, la directora artística, Caroline Amies, diseñó una «estructura de laberinto para poder trucar un poco la realidad y crear así un espacio en el que los personajes pudieran hacer pequeños trayectos. No queríamos que la habitación, ni la película, parecieran la estancia de un museo, sino que reflejara el espíritu del tiempo y el color. Creamos una paleta muy rigurosa, rica y tenue, utilizando sólo materiales de la época (nada de vinilo o plástico), y buscamos artesanos expertos que supieran trabajarlos».

Copying Beethoven
“Es una obra maestra que supone una inteligente y culta indagación en el significado de la creación artística y en su relación con el misterio de Dios”. El filme es una recreación biográfica “del intratable Beethoven” que va “diseccionando el alma del músico y revelando tanto su profunda espiritualidad como su lucha interior”. (Juan Orellana)

El apartamento, de cuatro habitaciones, está atestado de platos sin lavar, papeles desperdigados, instrumentos, dos pianos y muchos otros objetos fuera de sitio. «Beethoven era muy desordenado (siempre estaba pensando en la música, no en limpiar, y tuvo muchas amas de llaves diferentes)», explica Amies. «Me sorprendió enterarme de que vivió nada menos que en cincuenta apartamentos diferentes en Viena. Muchas veces se mudaba para escapar de las amas de llaves, que no le inspiraban ninguna confianza. Siempre comprobaba las cuentas minuciosamente, porque sospechaba que le engañaban.»

Amies visitó archivos y museos, pudo ver partituras de Beethoven escritas de su puño y letra, y estuvo en dos de los apartamentos que el compositor alquiló. Incluso paseó por una de las calles en las que vivió (una de las pocas de aquella época que siguen intactas). «Empecé a enamorarme de él al descubrir más cosas sobre su vida», explica Amies. «Tenía una rutina muy organizada, se levantaba a la misma hora, se hacía siempre el café con sesenta granos exactamente, seguía el mismo horario de trabajo, comía siempre en el mismo sitio y a la misma hora, y solía acostarse a las nueve para leer a Goethe o a Schiller. Le gustaba tomar un poco de vino tinto y salía de vez en cuando, pero su sordera le obligó a refugiarse en sí mismo cada vez más, y quizás por eso su música es tan especial: no estaba influido por lo que pasaba a su alrededor».

Uno de los artilugios más curiosos que abarrotan el apartamento del maestro es un aparato de metal que se ataba alrededor de la cabeza para dirigir el sonido hacia sus oídos. «No existe un registro exacto de todos los aparatos que probó para amplificar el sonido», explica Amies, «pero se sabe que modificó algunos instrumentos para aumentar su audición». La sordera del compositor es evidente en las escenas rodadas en el Museo Etnográfico de Budapest, lugar en el que se rodó durante dos días la escena del ensayo de la innovadora Gran Fuga de Beethoven. En dicha escena, el Archiduque (Nicholas Jones) termina preguntándose si el grandioso genio ha perdido definitivamente los papeles. También se rodó en este museo la intensa confrontación entre Beethoven y Martin Bauer, a la que Anna asiste horrorizada.

El barrio medieval de la ciudad húngara de Sopron ha servido para rodar los exteriores de una de las escenas más complicadas de la película, en la que participan cientos de extras y en la que se ve a Anna deambulando por las concurridas calles de Viena. «Esta ciudad pasa perfectamente por Viena debido a su arquitectura similar y a la proximidad e influencia de Austria», comenta Agnieszka Holland. «Como mitades del Imperio Austrohúngaro, Austria y Hungría comparten una historia y una cultura comunes».

La monumental tarea de rodar los fragmentos de la sinfonía tuvo lugar en la ciudad de Kecskemet, Hungría, en el Teatro Katona Jozsef. Allí, durante cuatro días, Ed Harris y Diane Kruger dirigieron la Orquesta Sinfónica de Kecskemet, compuesta por 55 músicos, y el prestigioso Coro de Kecskemet, de 60 miembros, en cuatro partes diferentes de la sinfonía (que cubren aproximadamente diez minutos de película). Aunque la música que aparece en la película pertenece a una grabación del año 1996 de la discográfica Decca, la orquesta y el coro de Kecskemet interpretaron en directo algunas partes para acompañar el sonido grabado. Tenían que interpretar exactamente con el mismo ritmo de la grabación, y a Ed Harris le costó mucho marcarlo aunque, según el asesor musical Piotr Kaminski, lo hizo muy bien.

Copying Beethoven

«Me impresionó mucho (por lo que vi y lo que oí comentar a los músicos) la habilidad de Ed para dirigir la orquesta en todas aquellas partes. Estuvo increíble, muy convincente, igual que Diane, que tenía que dirigir desde una posición bastante difícil en el foso de orquesta».

Ed Harris dice: «Tras cierta inquietud inicial, el coro y la orquesta se dieron cuenta de que tenía idea de lo que estaba haciendo y de que había hecho los deberes, y cuantas más tomas hacíamos, más libres y cómodos se sentían. Hubo un momento en que, justo antes del final, Agnieszka gritó: “¡Corten!”, pero no podíamos parar. Yo seguí dirigiendo, y ellos siguieron tocando hasta el final. Cuando acabamos, el teatro estalló en aplausos. Fue un momento muy gratificante».

Para iluminar el teatro, decorado con madera oscura y colores rojos, se utilizaron 600 velas, y fueron necesarias ocho personas para encenderlas y apagarlas rápidamente entre toma y toma.

De pie frente a la orquesta, Ed Harris está ataviado con lo que la diseñadora de vestuario Jany Temime describe como un traje «chic-raído. Quería que pareciera una estrella del pop avejentada, alguien que aún conserva cierto sentido de la elegancia pero que ya no se preocupa por su aspecto». Temime fabricó y ajustó más de 650 trajes de época inspirándose en los retratos del maestro francés Ingres (1780-1867). Todos los trajes y tejidos se trajeron de Londres, incluidos cien trajes de noche. «1824 fue una época de transición en la forma de vestir de las mujeres. Los talles altos empezaron a bajar. Aún así, he decidido mantenerlos altos, porque se identifican más fácilmente con esa época», explica Temime.

Para el personaje de Anna Holtz, Temime diseñó vestidos y abrigos sencillos que «Anna, por ser una mujer trabajadora y sin recursos, se habría hecho a mano. Sólo tenía dos vestidos, que diseñamos a partir de patrones antiguos y luego tratamos y envejecimos con planchas de hierro calientes y jabón».


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