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La mujer en la modernidad

Andrés Jiménez

Un inciso: el papel del cristianismo

A menudo se suele incluir sin distinción alguna, dentro del tópico del “Antiguo Régimen”, e incluso del mundo burgués, lo que corresponde a la aportación cristiana, entre otras cosas, en lo referente a la consideración de la mujer.

Sorprendería a muchos saber que en la Edad Media las mujeres podían tener y administrar feudos, ir a las cruzadas, gobernar y reinar de modo efectivo. Y votaban, derecho que, una vez suprimido en la edad moderna, no sería reconquistado hasta el siglo XX.

Nada más lejos de la verdadera realidad. La conversión de Europa al cristianismo supuso una novedad radical en cuanto a la consideración y al estatus personal, familiar y social de la mujer. (Cfr. Pernoud, R., 1982, 15 y ss.) De hecho, las mujeres contribuyeron muy directamente al desarrollo de la civilización cristiana. De gran importancia es el modelo de matrimonio aportado por el cristianismo, sobre todo en contraste con la subordinación de la mujer hacia el marido en otras culturas y civilizaciones: La monogamia, la indisolubilidad, la libertad en el consentimiento de la mujer, el deber de ayuda recíproca, la prohibición del incesto, y la condena de la fornicación y el adulterio son, sin lugar a dudas, avances de gran importancia en el estatus de la mujer, consiguientes a dicho modelo. Sorprendería a muchos saber que en la Edad Media las mujeres podían tener y administrar feudos, ir a las cruzadas, gobernar y reinar de modo efectivo. Y votaban, derecho que, una vez suprimido en la edad moderna, no sería reconquistado hasta el siglo XX. Las abadías femeninas eran centros de estudios de primer nivel, y en ellas se alumbraron algunos de los primeros nombres de la literatura germánica, anglosajona y franca (es conocido el caso de Santa Hildegarda de Bingen).

La situación de la mujer se deterioró con la progresiva influencia del derecho romano en el Renacimiento, el desarrollo de la mentalidad burguesa y el Código Napoleónico de 1804. (Ídem, 191 y ss.) “El carácter no cristiano de la modernidad, e incluso sus connotaciones anticristianas, son causa importante de la regresión del papel social de la mujer que se ha vivido en los últimos siglos.” (Blanco, B., 1991, 59)


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