Cine y valores
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The Emperor’s Club

The Emperor’s Club”, Michael Hoffman

Dirección: Michael Hoffman.
País:
USA. Año: 2002.
Duración: 109 min.
Interpretación: Kevin Kline (William Hundert), Emile Hirsch (Sedgewick Bell), Joel Gretsch (Sedgewick adulto), Embeth Davidtz (Elizabeth), Rob Morrow (Charles Ellerby), Edward Herrmann (Director Woodbridge), Harris Yulin (Senador Bell), Paul Dano (Martin Blythe), Steven Culp (Blythe adulto), Rishi Mehta (Deepak Mehta), Rahul Khanna (Mehta adulto), Jesse Eisenberg (Fred), Patrick Dempsey (Fred adulto).
Guión: Neil Tolkin; basado en 'The palace thief' de Ethan Canin.
Producción: Marc Abraham y Andy Karsch.
Música: James Newton Howard.
Fotografía:
Lajos Koltai.
Montaje: Harvey Rosenstock.
Diseño de producción: Patricia von Brandenstein.
Dirección artística: Dennis Bradford.
Vestuario: Cynthia Flynt.
Estreno en USA: 2002.




Sinopsis

The Emperor’s Club”, Michael Hoffman
Hundert es un hombre de principios, apasionado, que enseña los clásicos y cree que el impartir clase sobre los tiempos de los griegos y los romanos es algo más que una lección sobre el pasado. Está convencido de que la labor de un maestro no es sólo educar al alumno, sino también formar –e incluso moldear– su carácter

William Hundert (Kevin Kline), asistente de dirección de la prestigiosa escuela St. Benedict, vive según sus propias enseñanzas. Esforzándose cada día en inspirar a sus alumnos para que se conviertan en adultos cultos y responsables, es un hombre de principios, apasionado, que enseña los clásicos y cree que el impartir clase sobre los tiempos de los griegos y los romanos es algo más que una lección sobre el pasado. A su vez está firmemente convencido de que la labor de un maestro no es sólo educar al alumno, sino también formar –e incluso moldear– su carácter. Pero en otoño de 1972, el enclaustrado universo de tradición y enseñanza del señor Hundert se verá sacudido con la llegada de Sedgewick Bell (Emile Hirsch), un nuevo pupilo, hijo de un senador del estado de West Virginia.

Casi inmediatamente, profesor y alumno se enzarzarán en una batalla de voluntades, cuyas repercusiones todavía afectarán a sus vidas un cuarto de siglo después. A pesar de todo, y después de una desesperada reunión con el padre de Sedgewick, siempre ocupado y poseedor también de un carácter muy fuerte, Hundert descubrirá que él y el muchacho tienen una cosa en común que le impedirá desistir en su formación.

Aristófanes escribió: «La juventud envejece, la inmadurez se supera, la ignorancia puede ser educada y la borrachera desembriagada. Pero la estupidez es para siempre». El profesor que encarna con su habitual genio Kevin Kline en ‘The Emperor's Club', alecciona a sus alumnos con citas y reflexiones que persiguen abrirles los ojos para que se den cuenta de la importancia de sus años de formación.

No obstante, aparecen sobre todos los grandes principios de la Moral como fuente principal de inspiración del verdadero ciudadano, del hombre y la mujer cabal. Aunque se echan a faltar las claves trascendentes del humanismo cristiano (presumiblemente importantes en el ‘colegio Saint Benedict'), sí se destaca el patrimonio del humanismo greco-latino.

El filme se inscribe en la tradición de películas sobre la figura de maestros y alumnos que acaban por aprender los unos de los otros: ‘Adiós Mr. Chips', ‘Rebelión en las aulas', ‘Profesor Holland', ‘El club de los poetas muertos', situándose entre las mejores junto con ‘Los chicos del coro', de Ch. Baratier y ‘El hombre sin rostro', de M. Gibson.

The Emperor’s Club”, Michael Hoffman
Existen dos posturas, repetidas a lo largo de los siglos. Por una parte, la que se basa en los grandes modelos éticos que han elevado a la humanidad, para los que la justicia y la verdad son ámbito nuclear de la dignidad humana y del bien común de la sociedad. Y por otra, la pragmática, relativista, utilitarista, nihilista…

Hundert, subdirector de un colegio privado de Estados Unidos y Catedrático de historia grecorromana, se esfuerza cada día para que sus pupilos se conviertan en adultos cultos y responsables. Su mayor desafío pedagógico es el hijo de un senador de Virginia (Emile Hirsch), quien no sólo altera el enclaustrado universo de tradición y enseñanza, sino que hace tambalear los sólidos principios del profesor y su propia estima acerca de sí mismo y de su labor. Otros acontecimientos de su entorno confirmarán esa impresión pesimista.

‘The Emperor's Club' comienza con una reunión de alumnos, veinticinco años después de su graduación. Todos –invitados por Sedgewick Bell- rememoran al maestro que influyó en sus vidas, y reviven un certamen de cultura clásica en el que participaran a su paso por el St. Benedict. «Mi éxito en la vida se debe a la influencia que en mí ejercieron algunos profesores», asegura el director Michael Hoffman. «Mientras que mis padres se ocuparon de que yo tuviera una buena educación, fueron ellos quienes influyeron de una manera profunda en mi desarrollo intelectual. Esta película es una oportunidad para rendirles homenaje». Otra de las claves educativas que se sugiere en todo este discurso es la figura del padre en la infancia y juventud de los protagonistas. Un mensaje que el protagonista resume en uno de los múltiples discursos que jalonan el filme: «El final depende del principio. Por favor, retengan estas palabras mientras dan los primeros pasos en el largo viaje que ahora comienza».

Pero el relato trasciende el hecho pedagógico como tal para remontarse hasta los principios y valores en función de los cuales uno concibe y orienta su vida. Existen dos posturas, repetidas a lo largo de los siglos. Por una parte, la que se basa en los grandes modelos éticos que han elevado a la humanidad, para los que la justicia y la verdad son ámbito nuclear de la dignidad humana y del bien común de la sociedad.

Y por otra, la pragmática, relativista, utilitarista, nihilista…, en la que la verdad, la honestidad y los principios morales no son lo importante -aunque el sofista de todas las épocas los invoca como si le importaran, reconociendo en última instancia su valor-.

El viejo principio socrático sirve para colocar a cada uno en su sitio: “Siempre es preferible padecer la injusticia a cometerla”. (La clase del profesor Hundert está presidida por La muerte de Sócrates, de J. L. David) Sin embargo, no es indiferente adoptar un estilo de vida u otro. La realidad sigue estando ahí, y también las demás personas. Por eso el tiempo suele poner a cada uno en su verdadero sitio.

¿Quién fue, por cierto, Sutruk Nahunté? - ¿¿Quiéeeen??


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