Abilio de Gregorio
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La familia, espacio sagrado de personalización

Móstoles (Madrid), 08-05-2010

Ser persona

¿Dónde se sitúa, pues, esa frontera entre lo sagrado y lo profano? De una u otra manera siempre hemos de desembocar en la máxima de Séneca: “homini homo sacra res”. He aquí el referente final de tejas abajo ¿Por qué? ¿Solamente porque nos hemos puesto de acuerdo como mecanismo de autodefensa, o porque es una sustancia que pide, exige, una actitud de respeto y cuidado reverente?

Ser persona significa pertenecerse a sí mismo de manera fundamental e intransferible. Por eso es inobjetable: no puede ser reducido a cosa. Es original: no está fundado o explicado por otra cosa, ni por la economía ni por la política ni por la cultura… Es incomparable: no clasificable en ningún sistema ni sometido a categoría alguna: indiviso e insumiso. Por ello podemos hablar de su dignidad

La gran diferencia entre la persona y los seres no personales radica en que, mientras éstos últimos viven encadenados a su “fatum”, el ser humano nace para ser: es dueño de su destino. Puede “realizarse”, o puede “deshumanizarse” por reducción a niveles que no se corresponden con su naturaleza. Ser persona significa pertenecerse a sí mismo de manera fundamental e intransferible. Por eso es inobjetable: no puede ser reducido a cosa. Es original: no está fundado o explicado por otra cosa, ni por la economía ni por la política ni por la cultura… Es incomparable: no clasificable en ningún sistema ni sometido a categoría alguna: indiviso e insumiso. Por ello podemos hablar de su dignidad: lo que le corresponde por su condición.

Pero la persona es una realidad dinámica. Utilizando la terminología de Zubiri, el hombre es una personeidad “sagrada” que debe conquistar su personalidad. “La persona se encuentra implantada en el ser para realizarse… Esa realidad radical e incomunicable, que es la persona, se realiza a sí misma mediante la complejidad del vivir”. O, como dirá Julián Marías, el hombre es un “ser viviente”.

Ser hombre, por lo tanto, no es solamente “estar ahí, de la misma manera que puede estar un objeto, un vegetal o un animal. No es ser o hacer cualquier cosa, sino ser lo que se debe ser.

Pero para ser lo que se tiene que ser, para llegar a la conquista de la personalidad, el ser humano precisa de una acción y de un clima que lo propicie y lo conduzca en la dirección de tal realización. Este clima de relaciones interpersonales exige, a su vez, ser respetado con la misma reverencia que se respeta el ser personal, puesto que es el ámbito natural e insustituible de la personalización. Ese ámbito es la familia y comparte con la persona el carácter de sagrado.


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