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Saber mirar - Santiago Arellano / María sigue presente en nuestra historia

 SABER MIRAR

MARÍA SIGUE PRESENTE EN NUESTRA HISTORIA

En Lourdes, París, Fátima o en Guadalupe, me parece escuchar el "no tienen vino"

Fray Angélico: Oración en el huerto de los olivos

Fray Angélico: Oración en el huerto de los olivos

"¡Oh Virgen Madre, oh Hija de tu hijo,
alta y humilde más que otra criatura,
término fijo de voluntad eterna,

Tú eres quien hizo a la humana natura
tan noble, que su autor no desdeñó
convertirse a sí mismo en su creación.
En tu vientre se encendió el amor,
Por cuyo calor en esta paz eterna
Ha germinado esta flor.
Aquí eres para nosotros faz meridiana
de caridad, y abajo, a los mortales,
de la esperanza eres fuente viva.

Mujer, eres tan grande y vales tanto,
que quien desea gracia y no te ruega
quiere volar sin alas.
Mas tu benignidad no sólo ayuda
a quien lo pide, en muchas ocasiones
se adelanta generosa a la demanda.

En ti misericordia, en ti bondad,
en ti magnificencia, en ti se encuentra
todo cuanto hay de bueno en las criaturas”.

 

Siempre he considerado las apariciones de la Virgen como un detalle de ternura de la Madre con sus hijos peregrinos, al fin, cansados. No son necesarias para la fe, es verdad; pero se agradece tanto la brisa fresca en el secarral del mundo. No podía ser que María, la doncellita de Israel, se quedase cruzada de brazos, al margen de quienes seguimos suspirando, gimiendo y llorando en este valle que sigue siendo de lágrimas.

En Lourdes, París, Fátima o en Guadalupe, o en tantos otros rincones de la tierra me parece escuchar el "no tienen vino", signo inequívoco de la actitud de quien, siempre atenta, ve toda necesidad por nimia que parezca. No es de extrañar que la escena de Caná haya dado ocasión a tantos pintores para desentrañar el "haced lo que Él os diga" sea en tablas de un delicado gótico primoroso o en la ampulosidad cortesana de un Tintorero o de un Veronés. No en vano es medianera de todas las gracias.

Lo insignificante de su figura para el mundo permite comprender, desde la fe, a la Madre de Dios y a la Madre maternal de todos los desterrados hijos de Eva.

Para honrar a Nuestra Señora os ofrezco la lectura del Himno que en boca de San Bernardo, en el canto XXXIII del Paraíso, Dante le compuso a María en su Divina Comedia y que encabezan estas líneas.

Una vez nos ha descrito el cielo, por finalidad didáctica, formado por nueve satélites, en cada uno de los cuales se encuentran los santos que alcanzaron un mismo grado de santidad, la dispersión se transfigura en una inmensa rosa de luz en cuyos pétalos se encuentran los bienaventurados. En el centro, en el corazón aparece el empíreo donde surge indescriptible una luz cegadora para la mirada humana. En ese espacio ni siquiera Beatriz puede servirle de guía. Será Bernardo quien le facilite como don la contemplación de la Trinidad y junto a ella el prodigio de María. En ese momento se oyen los versos elegidos. En la cumbre del más grande poema de la Cristiandad escuchamos el bienaventurada te llamarán todas las generaciones. Sus alabanzas manifiestan la impotencia del poeta para comunicar con propiedad y precisión su juicio. María en sus dones es inefable. Sólo la analogía permite aproximarnos a su grandeza

"In te misericordia, in te pietate, in te magnificenza, in te s'aduna, quantunque in creatura è di bontate", Convertida para los mortales en "di speranza fontana vivace." Precisamente por ser, como dice el poeta "Vergine madre, figlia del tuo figlio, umile e alta piu che creatura, termine fisso d'eterno consiglio".

María es Reina y Señora de todo lo creado. Yo prefiero, confesaba santa Teresita, imaginármela como una madre próxima y sencilla. De entre las representaciones de esta humilde mujer maravillosa os propongo que contempléis el cuadro de la oración en el Huerto atribuida a Fray Angélico. Lo insignificante de su figura para el mundo permite comprender, desde la fe, a la Madre de Dios y a la Madre maternal de todos los desterrados hijos de Eva.

 Saber mirar - Santiago Arellano / María sigue presente en nuestra historia

 

   
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