LUIS DE TRELLES, TROVADOR DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Un místico en medio de la ciudad rebelde
Una de las fortunas que me ha cabido en suerte en mi vida fue el encargo de comentar y preparar una sencilla edición (ARELLANO, Santiago, Luís de Trelles, Trovador del Santísimo Sacramento Fundación Alfredo Brañas. Santiago de Compostela 2004.) de las poesías de Don Luís de Trelles, fundador de la Adoración Nocturna en España. Este era el lazo que me unía con el autor y mi único dato biográfico.
Adentrarme en su vida y en su obra, me hizo exclamar: Don Luís es un santazo, modelo cabal para nuestro tiempo. Y al ver una vida tan polifacética y fecunda pensé: Don Luís es un fuera de serie. Existe una clave: el amor apasionado a Jesús Sacramentado. Su devoción eucarística no es una idea directriz, es fuego ardiente que le quema el alma encendida en amores. En uno de sus más hermosos sonetos nos confiesa “Todo lo vence amor, todo lo espera”, con ecos virgilianos.
Estoy convencido de que Don Luís era un místico en medio de la ciudad rebelde. Un dato significativo es un artículo sobre Cristo prisionero en el sagrario publicado en 1873. La carta de un adorador ha permitido caer en la cuenta de que no se trata de una reflexión fría sino de la experiencia que está viviendo en sus carnes, prisionero en Madrid, por militar en el carlismo, durante la tercera guerra. Cristo prisionero voluntario esperando como obra de misericordia nuestra visita.
Yo pensé que las poesías de Don Luís iban a ser las típicas manufacturas de las poesías de ocasión, donde imágenes y ritmos hacen agua como en barca mal ensamblada y sin calafatear. Ay Señor, el prestigioso jurista y abogado defensor de los pobres, el distinguido orador parlamentario en Cortes, el periodista infatigable, el organizador del Centro Eucarístico, el fundador de la Adoración Nocturna, el que llevó a cabo el canje de 40.000 prisioneros, librándolos de una muerte segura, el padre de familia y amante esposo, ¡era un buen poeta!. Desde luego el oficio se lo conocía. Cómo maneja el ritmo, cómo lo acomoda a la expresión de sus emociones. Su temática dominante, la Eucaristía. Métrica, variadísima. Mi gozo descubrir que escribió sonetos admirables. Por ejemplo:
DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO SACRAMENTADO
Celestial Sacramento en pan y vino,
Que verdadero amor sois ciertamente,
Poned al corazón un rayo ardiente
Del amor que con vos del cielo vino.
Porque el hombre mortal, hecho divino,
Según que os tiene cerca os vea presente
Y venga a aquel estado floreciente
Que mantiene en holganza su camino.
Abrid los ojos que cerró el pecado,
Hartad el alma que sin vos perece,
Refrigerad la sed, rocío del cielo.
Llegad, dulce amador, a vuestro amado,
Que en vos sólo hay virtud, por quien merece
Veros allá cual sois, corrido el velo.
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Don Luís es un fuera de serie. Existe una clave: el amor apasionado a Jesús Sacramentado. Su devoción eucarística no es una idea directriz, es fuego ardiente que le quema el alma encendida en amores. En uno de sus más hermosos sonetos nos confiesa “Todo lo vence amor, todo lo espera”, con ecos virgilianos. |
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Lo que nunca pude imaginar es que conociese la métrica de nuestros Cancioneros. El título de trovador se lo di tras la lectura de estas composiciones. Qué gracia, qué ingenio, qué delicada audacia. Por ejemplo, en este delicioso fragmento ¿Le está diciendo Don Luís a Dios que van a pensar que con tal comportamiento se ha vuelto loco? ¡Pues claro! ¡Y no es para menos! Solo la locura de Dios por la humanidad, por cada uno de nosotros, puede explicar tan inesperado y asombroso disparate como es el de darse hoy Dios en vino y pan. Maravillosa locura y maravilloso disparate. Delicioso poema. Sólo por él consideraría a Luís un gran poeta.
¿Qué amores son estos, Dios,
daros hoy en vino y pan?
Mirad, Señor que dirán,
que de amor salís de Vos.
Que améis, mi Dios, no admiráis,
siendo todo Vos amor;
lo que me espanta es, Señor,
ver quien es a quien amáis.
Amar el Hijo de Dios
tanto a los hijos de Adán,
mirad, Señor, que dirán
que de amor salís de Vos.
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