ESPAÑA
Conozcamos nuestra historia
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“Gracias España, gracias por tu fidelidad al Evangelio” (Juan Pablo II) |
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Uno siente profunda desazón al contemplar el panorama político en el que parece que el único progreso para los responsables públicos consiste en fragmentar la unidad de nuestra Patria común y devolverla a la época remota de las tribus de los arévacos o a la de los reinos de taifas. Como si su Historia no fuese un patrimonio admirable, la arrojan por la borda con vesania o alegría enloquecida. Machado ya había dicho “desprecian cuanto ignoran”.
¿Por qué España es la única nación que se pregunta en los tiempos modernos por sus señas de identidad? ¿Cuál es su misteriosa esencia? ¿Por qué dentro y fuera despierta pasiones tan encontradas? Recuerdo con emoción la alabanza que San Isidoro profirió por una España naciente, en la que sólo los dos primeros tramos habían tenido lugar, el romano y el visigodo. Su alabanza se fundamenta en los dones materiales recibidos, su clima, su feracidad, como signos de la bendición del Señor:
“Tú eres, oh España, sagrada y madre siempre feliz de príncipes y de pueblos la más hermosa de todas las tierras que se extienden desde el Occidente hasta la India. Tú, por derecho, eres ahora la reina de todas las provincias, de quien reciben prestadas sus luces no sólo el ocaso, sino también el Oriente. Tú eres el honor y el ornamento del orbe y la más ilustre porción de la tierra, en la cual grandemente se goza y espléndidamente florece la gloriosa fecundidad de la nación goda. Con justicia te enriqueció y fue contigo más indulgente la Naturaleza con la abundancia de todas las Cosas creadas, tú eres rica en frutos, en uvas copiosa, en cosechas alegre; te vistes de mieses, te sombreas de olivos, te coronas de vides. Tú eres olorosa en tus campos, frondosa en tus montes, abundosa en peces en tus costas. Tú te hallas situada en la región más grata del mundo, ni te abrasas en el ardor tropical del sol, ni te entumecen rigores glaciales, sino que, ceñida por templada zona del cielo, te nutres de felices y blandos céfiros.”
Y faltaba por llegar lo más granado de su Historia. Todavía resuenan en mi corazón las palabras que Juan Pablo II pronunció en su primera visita a nuestra tierra: “Gracias España, gracias por tu fidelidad al Evangelio”. Valdría la pena contemplar detenidamente la alegoría de España y de la Religión que pintó Tiziano para Felipe II. La Iglesia aparece representada en forma de una joven humilde y desvalida en su desnudez a la que brinda su ayuda España, una joven matrona a la que sigue un ejército aguerrido de jóvenes doncellas. ¿Es este el fundamento del ser de nuestra Patria? ¿Si fuese sólo una geografía despertaría tanto odio en los tiempos de laicismo militante?
Es deplorable que desconozcamos nuestra historia. Más todavía que se distorsione hasta contarnos lo contrario de lo que fue. Dos muestras: ¿Pueden explicarme por qué Cataluña prefirió la causa del Archiduque Carlos en la guerra de Sucesión en lugar de la de Felipe de Borbón? ¿Saben a quién proclamó en el asedio de Barcelona capitana general Don Antonio Casanova el famoso 11 de septiembre? Se llevarán sorpresas.
Iparraguirre es un poeta vizcaíno que cantó en vascuence su amor a Vizcaya y a Euskalerría, en general. Es el autor del “Guernika`koarbola” convertido en el himno oficial del País Vasco y de sus nacionalismos. Iparraguirre ni fue separatista, ni fue independentista ni siquiera nacionalista. Fue un foralista emigrante en la América española, en Cuba por ejemplo de la que llegó a cantar:
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