Abilio de Gregorio
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Patologías del entendimiento: el “ideologismo”

La decadencia cultural, la flojera intelectual y el pensamiento débil

La búsqueda y encuentro con la verdad
Para la prevención de la patología del ideologismo es capital la higiene intelectual diaria: entrenarse en ver, juzgar y actuar; observación, reflexión y acción

Uno de los síntomas más alarmantes de la decadencia cultural con la que algunos observadores han caracterizado a nuestra época es la “flojera intelectual”. Vivimos instalados en el “pensamiento débil”. De ello andan todavía presumiendo los profetas de la posmodernidad. (Curiosamente, cuanto más débil es el pensamiento que practicamos, más necesidad tenemos de las emociones fuertes).

El pensamiento débil es, lógicamente, la antinomia del “pensamiento complejo” (Edgar Morin), entendido éste como pensamiento relacionante, analítico, dispuesto a los matices, al hilo fino. Estar dispuestos a la búsqueda y encuentro con la verdad es estar dispuestos al esfuerzo de ese pensamiento complejo. Por eso, la primera falta de respeto a la realidad, la primera inmoralidad para con la realidad, se comete cuando se niega su complejidad simplificándola, a veces hasta la caricatura, y, en consecuencia, se renuncia a su comprensión. Hay, pues, algunas patologías del entendimiento sobre las que convendría reflexionar.

Algunas de estas patologías consisten en una suerte de “calcificación”, de “petrificación”, de pérdida de flexibilidad de la inteligencia. Suelen cursar con una primera manifestación de euforia intelectual, para pasar posteriormente a una relación conflictiva con la realidad, y terminan en desfondamiento moral.

Nos encontramos, por ejemplo, con el “ideologismo”. Es una patología consistente en la tendencia a generar una idea para ocultar la realidad, bien porque la realidad no le gusta al ideólogo, bien porque se siente un dios capaz de crear realidad nueva. Lo cierto es que la idea debiera ser una abstracción de lo real, de lo que está ahí, a lo cual traduce para hacerlo mentalmente más manejable. El ideólogo, sin embargo, pretende sustituir la realidad por su idea; lo que realmente es, por lo que él quiere que sea. Es entonces cuando se termina ejerciendo violencia sobre lo real para acomodarlo a la idea (a la ideología). Y si usted protesta haciendo observar que ese constructo ideológico no se corresponde con la realidad, el ideólogo le contestará con soberbia que “peor para la realidad”, como ya observaba Ortega y Gasset.

La idea se convierte para el ideólogo en un instrumento de poder para cambiar la realidad y, por ello, se precisan ideas-fuerza (importa más la fuerza del slogan que la precisión de la proposición; importa más el énfasis que el rigor),convirtiendo el acto intelectual en un combate, en una ofensiva, en una conquista, en un vencimiento (con-vencer).

En la etiología de esta patología se encuentra casi siempre una inflamación mórbida del yo. Inflamación que está dentro de los parámetros de la normalidad en el adolescente, pero que tiende a ser deformante cuando se va haciendo crónica.

Abilio de Gregorio García
La idea se convierte para el ideólogo en un instrumento de poder para cambiar la realidad y, por ello, se precisan ideas-fuerza (importa más la fuerza del slogan que la precisión de la proposición; importa más el énfasis que el rigor)

El ideologismo es una enfermedad del espíritu muy frecuente en políticos sedicentes progresistas. Aspiran a que lo que es deje de ser para ser otra cosa que ellos quieren que sea, para lo cual no tendrán reparo alguno en utilizar todos los resortes de influencia: quieren que se termine tomando la idea, su idea, por la realidad. En ocasiones, esta patología se extiende hasta las aulas a través de ideólogos de segunda al cargo de gente de primera: niños y adolescentes. Los responsables primeros de éstos debieran andarse con vigilante cuidado.

Es entonces el momento de recordar el capítulo V de “El Principito” en el que se nos habla de los baobabs: “Precisamente en el planeta del principito había semillas terribles. Eran las de los famosos baobabs. Podría decirse que el suelo estaba infectado. Si un baobab no es arrancado a tiempo, ya no es posible luego. Invade y perfora con sus raíces todo el planeta, pudiendo así producirse un estallido”. “Hay que arrancar con regularidad a los baobabs apenas son distinguidos entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes.”

Para la prevención de la patología del ideologismo es capital la higiene intelectual diaria: entrenarse en ver, juzgar y actuar; observación, reflexión y acción. Frente a la reacionalidad ideológica que no es sino pensamiento al margen de la realidad (contra la realidad), dosis diarias del auténtico pensamiento científico: “la ciencia, dice Wagensberg, no es sino realidad pensada”. Y la realidad inmediata bien pensada lleva a la realidad que está más allá: lleva a Dios.


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