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La Catedral

August Rodin

La Catedral, August Rodin
Junto con la sugerencia de las manos elevadas en oración, considerar como una catedral la unión de un hombre y una mujer, simbolizados por sus manos, entraña una concepción del amor conyugal como un ámbito que expresa lo más radical del ser humano, el ámbito de encuentro y donación mutua




La Catedral, realizada por August Rodin en 1908, es una de las esculturas más conocidas de este destacado escultor, clave y eje entre la escultura clásica y la moderna.

Unas delicadas y estilizadas manos, esculpidas en piedra –casi más moldeadas, se diría-, aunque a propio intento perduran las huellas del cincel en la superficie, que se rozan suavemente con las puntas de los dedos, y que apuntan hacia el cielo (en parte, de ahí deriva su nombre). Han sido posteriormente fundidas en bronce.

Se trata de dos manos derechas, una masculina y otra femenina. Dos manos en actitud de oración, de búsqueda y elevación, pero que inician a la vez el gesto de enlazarse, rozándose levemente.

A punto de entrelazarse, así pues, forman “arquitectónicamente” un espacio físico de comunión y sugieren un ámbito espiritual de amparo; perpetúan el gesto de acercarse con voluntad de comunicación, pero al mismo tiempo insinúan una elevación que parece remitir más allá de sí mismas como las nervaduras góticas hacia la clave de bóveda...

La Catedral, August Rodin

Se trata evidentemente de formas simbólicas que aciertan a plasmar un ámbito de encuentro y a la vez de elevación. El título inicial que Rodin había pensado era “El arca de la Alianza”, pero tras componer y editar su libro acerca de las catedrales de Francia, en 1914, se inclinó por el de “La catedral”. Él mismo había escrito: “Una catedral son dos manos que se unen en oración”. Estas manos remiten, en efecto, a la forma de las bóvedas góticas que tanto subyugaban al autor y que fue dibujando por toda Francia. Y, ciertamente, los dedos evocan las nervaduras ojivales.

En la tensión de las manos se puede entender simbólicamente la aspiración del alma humana, masculina y femenina. Pero lo más singular desde el punto de vista estético es que estas manos configuran, acarician y “mantienen sujeto” un espacio vacío, acogedor, que obviamente no vemos pero podemos captar perfectamente.

Así pues, elevadas hacia lo alto, buscando la clave de bóveda, se hallan a punto de entrelazarse y de formar un espacio físico de unión, un espacio de amparo, un ámbito de unidad espiritual.

La Catedral, August Rodin

Ese espacio acogedor generado entre ambas manos se asemeja a la estructura interior de una catedral gótica en la que la sección derecha e izquierda confluyen en la clave de la bóveda. Aquí nos viene también a la mente aquello de la “piedra angular” desechada por los arquitectos, y que es Cristo.

Junto con la sugerencia de las manos elevadas en oración, considerar como una catedral la unión de un hombre y una mujer, simbolizados por sus manos, entraña una concepción del amor conyugal como un ámbito que expresa lo más radical del ser humano, el ámbito de encuentro y donación mutua que hace posible la creación de un hogar, de un recinto de unidad compartida que acoge, protege, eleva. Como un “Arca de la Alianza” cuya piedra angular no puede ser sino Cristo. Precisamente, como ya se ha dicho, el título que pensó originalmente su autor para esta obra fue ese mismo: “Arca de la Alianza”.


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