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Verdad y autoridad

Iniciación filosófica en la asignatura de Ética - ESO y 1º Bachillerato
Comentarios de Textos y actividades

Por Andrés Jiménez Abad

La verdad

1.- Las apariencias (a veces) engañan.

Visionado y análisis del vídeo sobre la publicidad:
‘¿Cómo ves la publicidad?’ (Duración: 12’)

“El reto de la libertad”. Capítulo 2. Acción Familiar, Madrid. VHS.

Muy ágil, ameno y adecuado para reflexionar sobre la omnipresencia de la publicidad en la vida cotidiana, sobre los esquemas de comprensión de la realidad que genera, sobre técnicas y trucos que utiliza, etc. Y sobre todo para advertir que las apariencias a veces de presentan de forma engañosa –a menudo apelando a instancias afectivas y eludiendo el análisis racional-, o deforman la realidad, o la construyen como conviene para suscitar deseos y actitudes.

La publicidad, especialmente hoy, con impresionantes inversiones económicas y recursos tecnológicos asombrosos, viene a presentar un mundo de apariencias, más “real” y fascinante que el mundo en el que vivimos a diario. Se hace necesario, por consiguiente, un esfuerzo de racionalidad para ir más allá de los maquillajes y disfraces publicitarios, agudizar el sentido crítico, y advertir que las cosas no siempre son lo que aparentan ser.

2.- Comentario de un texto: Verdad y realidad

CHRISTOPHER DERRICK. Huid del escepticismo.
Ed. Encuentro, Madrid, págs. 87-8

“El pasado verano, dos jóvenes amigos americanos vinieron a mi casa, cercana a Londres, y juntos discutimos sobre toda clase de cosas. Los dos eran personas agradables y brillantes y ambos se habían graduado en colleges de artes liberales de mucha fama. La conversación tomó tales derroteros que, llegado un momento, armado de valor, pronuncié el dogma de Chesterton: ‘un cerdo es un cerdo' y, ante esto, los dos jóvenes respondieron con un huracán de contradicciones e incluso con rabia. No, yo estaba equivocado: la mente no puede conocer nada fuera de sí misma y ciertamente no puede clasificar sus experiencias en un lenguaje esencialista de porcinidad objetiva.

Y todo así. Pero pronto les llegó el momento de irse y comenzaron a preocuparse por la hora de su tren. Les hice observar, suavemente, que desde el momento en que no existía un mundo real y cognoscible en cuyo ámbito su tren pudiera tener existencia objetiva ‘ahí fuera', su ansiedad estaba fuera de lugar. Esto les irritó un poco. ‘¿Entonces, no creen realmente en su filosofía escéptica como para que rija sus vidas?...'

No, era evidente que no creían en ella…”

Pautas para el comentario:

1.- Breve síntesis del texto: ¿Qué es lo que dice? Aclaración de términos no habituales (‘college', artes liberales, porcinidad, lenguaje esencialista, dogma, Chesterton, cognoscible, filosofía escéptica...)

2.- ¿Nuestro conocimiento puede aportarnos datos acerca de la realidad?¿Puede equivocarse? ¿Se puede llamar conocimiento al error o sólo a la verdad?

3.- ¿La existencia del error hace inalcanzable la verdad?

4.- ¿Conoces alguna verdad evidente, de la que no se pueda dudar?

3.- Cuestionario de evaluación inicial

Útil para detectar el grado de precisión y profundidad en los conocimientos previos de los alumnos, y para motivar acerca del tema. Este sólo es un sencillo ejemplo (las preguntas pueden variar según considere el profesor):

1.- “Las apariencias siempre engañan”

De acuerdo _____ En desacuerdo _______

Razona brevemente tu respuesta:

2.- “Las cosas son según le parecen a cada cual” (Protágoras, sofista s. V a. Jc.). “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira. / Todo es del color / del cristal con que se mira.” (R. de Campoamor)

De acuerdo _____ En desacuerdo _______

Razona brevemente tu respuesta:

3.- Una pregunta interesante: ¿Cuál era el océano más grande del planeta antes de que se descubriera el Pacífico? ¿Porqué?

4.- ¿Cuál es la proposición contradictoria de: “En Europa no hay ningún elefante”? ¿Y la de “Todos estamos convencidos de la victoria de nuestra selección de baloncesto”? ¿Pueden ser verdaderas al mismo tiempo dos enunciados contradictorios? ¿Y verdaderos?

5.- Si todos nos pusiéramos de acuerdo en que la luna es de mayor tamaño que la tierra, ¿sería verdad por ello? ¿Por qué? ¿Y si nadie estuviera de acuerdo en ello, sería falso por este motivo?

6.- ¿Es lo mismo una opinión que una demostración? Una vez demostrada la verdad de algo, o mostrada su evidencia, ¿sería opinable? ¿Por qué?

7.- ¿Es lo mismo “posible” que “verosímil”? Explícalo. ¿Y es lo mismo “cierto” que “evidente”?

8.- ¿Qué pasaría si todos nuestros enunciados fueran a la vez verdaderos y falsos? ¿Podrías idear alguna forma –sea del tipo que sea- de entendernos en ese caso?

ACTIVIDADES DE DESARROLLO TEMÁTICO

4.- Conocimiento y sociedad

ALEJANDRO LLANO: Una ética para la sociedad del conocimiento.
Revista Nuestro Tiempo.

La verdad

La ética se encamina hacia el logro de una vida plena. No es una especie de armatoste constrictivo, impuesto no se sabe por quién, que viniera a aguamos la fiesta con sus mandatos y prohibiciones. La ética es una disciplina práctica que persigue la intensidad de la vida humana, que responde al interés que todos tenemos en que nuestra vida se logre y no se malogre.

El conocimiento no está separado de su dimensión ética ni aislado de su contexto social e histórico. El saber no es un asunto individual que cada puede gestionar por su cuenta y riesgo: como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como. Lo cierto, más bien, es que el avance en el saber sólo acontece en comunidades de investigación y aprendizaje. Para llegar a saber, necesito embarcarme en un empeño común de conocimiento, compartir con otros progresos y tradiciones, enseñanzas y hallazgos: ayudar y dejarme ayudar. Como advirtió agudamente Wittgenstein, "lo que sabe uno solo, no lo sabe nadie". Así como no hay lenguaje privado, tampoco hay conocimiento privado. El conocimiento es una empresa social, vinculada al ejercicio de prácticas compartidas que no están exentas de reglas e incluso, en algunos casos, de prohibiciones.

El conocimiento siempre ha florecido en ámbitos comunicativos densos y concretos. El que se enrola en una embarcación pesquera se integra en un equipo de trabajo en el cual se dominan ciertas artes que el aprendiz debe incorporar a través de prácticas cuidadosamente regladas, a las que progresivamente él podrá ir aportando sus propios descubrimientos, que serán aceptados si se integran en la dinámica de perfeccionamiento que interesa a toda la tripulación. La tripulación tiene un ethos propio, hecho de compañerismo, búsqueda de la eficacia y mantenimiento de la seguridad en el trabajo. La ética, ciertamente, no puede estar ausente de una comunidad de este tipo, ni de ninguna otra. Pensemos ahora en un laboratorio de investigación avanzada. Curiosamente, la situación es muy parecida a la de la embarcación pesquera. También en el laboratorio, el aprendiz empezará con tareas rutinarias y modestas, para ir dominando las prácticas más elementales de la indagación científica. Sólo paulatinamente irá colaborando en mediciones y experimentos, hasta llegar quizá a aportar sus propios descubrimientos, que serán aceptados o no por la comunidad científica.

En este marco, la presencia de la ética es claramente perceptible como un ethos de búsqueda y respeto de la verdad. En todo instituto de investigación está absolutamente prohibido, por ejemplo, falsear resultados de experimentos. Ningún interés o conveniencia del instituto o de sus miembros autorizará nunca a faltar a la verdad sobre el desenlace de sus indagaciones. La exigencia de veracidad -no mentir nunca- constituye la regla básica de una comunidad de investigación y representa el hilo conductor para descubrir la indeclinable presencia de la ética en una sociedad que quiera hacer del conocimiento su recurso primordial. Porque lo primero que se exige del saber es que sea, precisamente, verdadero. Un conocimiento falso no es realmente un conocimiento.

Y es que, además, la sociedad del conocimiento pone en primer plano a las personas y su modo de conocer y comportarse. Los hombres y mujeres ya no se ocultan tras las pesadas máquinas, sino que comparecen de cuerpo entero frente a su mínimo ordenador personal. Ya no son "fuerza de trabajo". Son sujetos activos y libres de conocimiento y conversación e iniciativa racional. Están integrados en comunidades de investigación -por ejemplo, las empresas- que consideran como propios ciertos bienes compartidos, los cuales nunca son exclusivamente económicos, sino que tienen un fuerte componente ético.

¿Quién sabe entonces comportarse de manera que su vida se expanda y se dilate? La persona que ha llegado a ser más, que ha crecido hacia sí misma porque ha tenido en cuenta a los demás, que ha "andado en verdad", que ha acertado a hacer de su vida una historia que podría narrarse como el acercamiento hacia un bien auténticamente humano. Lo contrario de como describe Shakespeare una vida estragada, falsa y rota, que sería "una historia contada por un imbécil, que no significa nada".

5.- El relativismo no fundamenta nada

ALEJANDRO LLANO: La verdad como pasión.
Revista Nuestro Tiempo.

El coraje moral para demostrar que la verdad es la perfección de la persona humana sólo puede mantenerse desde una apasionada comprensión de la verdad del hombre. Sin el campo de juego que abre el amor a la verdad, la libertad humana se ve ahogada por el temor y el sentimentalismo, por ese sofocante encapsulamiento afectivo del subjetivismo o por la violencia que se desprende del relativismo pragmatista. Violencia la ha habido siempre, se dirá. Y está bien dicho, si por violencia se entiende simplemente el uso de la fuerza. Pero el ensalzamiento actual de la violencia, sin contraste válido posible, revela el vacío que ha dejado tras de sí el nihilismo. Como dice Hannah Arendt, sólo el olvido de que la contemplación de la verdad -la teoría- es la más alta actividad humana ha dado origen a ese avasallamiento sistemático e implacable que revelan las manifestaciones actuales de violencia. No sería ocioso preguntarse cuáles son las condiciones culturales que posibilitan el terrorismo: fenómeno muy reciente, típicamente moderno, que refleja precisamente esa absolutización de lo relativo a la que antes me refería. Y habría que recapacitar en que las llamadas “guerras preventivas” parecen haberse contagiado de esa lógica violenta propia del terrorismo.

Ya Tocqueville -más actual ahora que nunca- advertía que el fundamento de la sociedad democrática estriba en el estado moral e intelectual de un pueblo. Desde luego, el fundamento de la democracia no puede ser el relativismo moral, aunque sólo sea porque el relativismo no fundamenta nada. La condición de posibilidad de la democracia es el pluralismo, que viene a reconocer los diversos caminos que la libertad sigue en su búsqueda de la verdad práctica. La democracia no puede florecer si se considera que es el régimen de las incertidumbres, la organización de la sociedad que permite “vivir sin valores”.

La verdad

Ciertamente, la aceptación del pluralismo es condición necesaria para la existencia real de las discusiones democráticas. La realidad es compleja y no sólo autoriza sino que exige diversidad de perspectivas para abordar su entendimiento. Mientras que los hombres y mujeres no somos ‘sujetos puros', sino que nuestra personalidad está configurada por distintas trayectorias vitales, diferentes fibras éticas y preferencias de muy vario linaje. Son muchos, por tanto, los senderos que convergen en el descubrimiento de las nuevas realidades y en el perfeccionamiento individual y social.

Pero -insisto- el pluralismo no equivale en modo alguno al relativismo. Acontece, más bien, lo contrario. Si hay posiciones diversas que entran en confrontación dialógica, que se comunican, es precisamente porque se comparte el convencimiento de que hay realmente verdad: que existe la esperanza de que se pueda acceder a ella por el recto ejercicio de la inteligencia y el esfuerzo por lograr una comunicación auténticamente humana. Si se partiera, en cambio, de que la verdad es algo puramente convencional o inaccesible, las opiniones encontradas serían sólo expresión de intereses en conflicto, de manera que todas vendrían a valer lo mismo, porque en definitiva nada valdrían. Lo que imperaría, entonces, sería el poder puro, la violencia clamorosa o encubierta, tan dolorosamente manifestada en la actualidad española e internacional. La comunicación sería imposible o, por lo menos, inútil.

El relativismo hace trivial al pluralismo y tiende a eliminarlo. El hecho de que tenga relevancia discutir acerca de la justicia de una ley positiva responde a que los interlocutores saben que existe algo que es justo en sí, por más que unas veces sea reconocido por el poder establecido y otras no.

En cambio, cuando ya no se cree que haya acciones injustas y malas de suyo, cuando se afirma -como hace el relativismo cultural- que es sólo nuestro modo de usarlas el que da su sentido a las calificaciones morales, cuando se mantiene que sólo es justo y bueno lo que simplemente llamamos "justo" y "bueno", ya no cabe conversación racional posible; y el aparente diálogo disfraza con dificultad lo que se ha transformado en un puro juego de poderes. Si cuando discutimos acerca de lo bueno y lo justo sólo hablamos acerca de nuestro modo de hablar, entonces se impone necesariamente quien grita más fuerte, quien a esa peculiar mesa de negociaciones lleva más poder o quien deja sobre el tapete la pistola. Como ha dicho el profesor Jorge de Vicente, si no hay verdad real, si son únicamente nuestras prácticas lingüísticas las que fundan el sentido de las palabras, si el honorable término "justicia" sólo tiene el sentido que se le dé en la mesa de negociaciones, ¡Ay de los ausentes! ¡Ay de los débiles, de quienes por carecer, carecen hasta de palabra! "Me queda la palabra", decía un verso inolvidable de Blas de Otero. Pero a los enfermos, a los presos, a los subnormales, los no nacidos, los ancianos, los dementes, los catatónicos, los emigrantes sin papeles, los drogadictos, los que padecen el Sida, y al ingente número de los marginados de nuestra sociedad, ni siquiera les queda la palabra, porque unos la han perdido y otros no la han tenido nunca. (…)

Sabemos desde antiguo que hay un conflicto entre Ethos y Krato, entre la moral y el poder. Una manera de resolverlo es la eliminación del Ethos, la resignación ante una política tecnocrática que sacraliza los procedimientos e ignora a las personas y su inalienable libertad. En la medida en que triunfa esta tendencia, se impone un modelo de colonización, de penetración capilar de la burocracia pública y de la economía mercantilista en todos los ámbitos de la vida social y privada, según lo consagra también el proyecto de la llamada “constitución europea”.

Si, en cambio, se entiende que el poder surge de la libertad concertada de los ciudadanos, entonces se abre paso un modelo de emergencia, en el que la ética tiene primacía sobre la mecánica político-económica, y las solidaridades primarias recuperan su originario protagonismo. Es el modelo que denomino “humanismo cívico”...

La verdad

Si hoy día nos resulta tan difícil superar el relativismo, es porque nos movemos en el caldo de cultivo de una cultura que glorifica el simulacro, la apariencia que no reviste verdad alguna y remite solamente al vacío: una cultura que tiende a considerar la realidad entera como un simulacro y se goza en ese "descubrimiento" como en una liberación de la dureza de la realidad. En la sociedad del espectáculo, éste no remite a nada, sino que absorbe una realidad que acaba por quedar abolida. Sueño y vigilia terminan por confundirse en una especie de fascinación caótica, en la que el espectáculo exhibe y proclama su unidimensionalidad, se hace total y totalitario, sin que deje siquiera lugar para la ironía, para el recuerdo de esa divergencia entre representación y vida que es el meollo del arte y de la literatura, como debería saber todo lector de El Quijote (…)

Nietzsche ya no resulta hoy subversivo, porque -paradójicamente- su inmoralismo ha pasado a formar parte de la conciencia burguesa, y se ha hecho objeto de comercialización y consumo. Más subversivo sería un alegato en favor de la verdad, que viniera a tocar el nervio donde más duele. Atreverse a hacerlo es una manifestación de confianza en el hombre, al que no se da definitivamente por perdido. Como dice el Calígula de Camus, "aún vivimos".

6.- Machado y la verdad. Comentario con cuestiones.

6.1 Juan de Mairena:


“ La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
AGAMENÓN: Conforme.
EL PORQUERO: No me convence.”

a) Explica la primera frase.

b) ¿Por qué puede el porquero sospechar que la verdad no es independiente de quien la diga?

6.2 Proverbios y Cantares. Nuevas canciones (I)


“¿Tu verdad?
No. La verdad.
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.”

a) ¿Quién podría pronunciar las palabras de este poema, Agamenón o el porquero?

b) ¿Qué crees que significa “y ven conmigo a buscarla”?

c) La frase “la tuya guárdatela”, ¿significa un desprecio al contrincante en una discusión? ¿por qué?

6.3 Proverbios y Cantares. Nuevas canciones (II)


“En mi soledad
he visto cosas muy claras
que no son verdad.”

a) ¿El autor se puede referir a cosas evidentes o a su certeza subjetiva?

b) ¿Lo que vemos claramente puede no ser verdad?

7.- “La libertad es poder decir que dos más dos son cuatro”

George ORWELL, 1984.

En su novela 1984, George Orwell se plantea con fiereza la posibilidad de que la verdad fuera una decisión de los fuertes, del sistema. ¿Quién, por consiguiente, podría negar que dos y dos fueran cinco si así lo establecía un poder por encima del cual no hay nada? En el fragmento de dicha novela que se ofrece seguidamente, Winston ha descubierto una historia que ha sido falsificada por el partido en el poder, para el cual trabajaba. Ha sido capturado y es sometido a interrogatorio y tortura por O'Brien, su antiguo amigo y funcionario al servicio del Gobierno. Si soy yo sólo quien conoce la evidencia de un hecho, ¿estoy loco por ser yo sólo el que mantiene este criterio contra todos? ¿Es una locura empeñarse en defender lo evidente?

“- Pero, ¿cómo vais a evitar que la gente recuerde lo que ha pasado? –exclamó Winston olvidando de nuevo el martirizador eléctrico-. Es un acto involuntario. No puede uno evitarlo. ¿Cómo vais a controlar la memoria? ¡La mía no la habéis controlado!

O'Brien volvió a ponerse serio. Tocó la palanca con la mano.

- Al contrario –dijo por fin-, eres tú el que no la ha controlado y por eso estás aquí. Te han traído porque te han faltado humildad y autodisciplina. No has querido realizar el acto de sumisión que es el precio de la cordura. Has preferido ser un loco, una minoría de uno solo. Convéncete, Winston; solamente el espíritu disciplinado puede ver la realidad. Crees que la realidad es algo objetivo, externo, que existe por derecho propio. Crees también que la naturaleza de la realidad se demuestra por sí misma. Cuando te engañas a ti mismo pensando que ves algo, das por cierto que todos los demás están viendo lo mismo que tú. Pero te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio. No en la mente individual, que puede cometer errores y que, en todo caso, perece pronto. Sólo la mente del Partido, que es colectiva e inmortal, puede captar la realidad. Lo que el Partido sostiene que es verdad es efectivamente verdad. Es imposible ver la realidad sino a través de los ojos del Partido. Este es el hecho que tienes que volver a aprender, Winston. Para ello se necesita un acto de autodestrucción, un esfuerzo de la voluntad. Tienes que humillarte si quieres volverte cuerdo.

Después de una pausa de unos momentos, prosiguió:

- ¿Recuerdas haber escrito en tu Diario: “la libertad es poder decir que dos más dos son cuatro?”.

- Sí –dijo Winston.

O'Brien levantó la mano izquierda, con el reverso hacia Winston, y escondiendo el dedo pulgar extendió los otros cuatro.

- ¿Cuántos dedos hay aquí, Winston?

- Cuatro.

- ¿Y si el Partido dice que no son cuatro sino cinco? Entonces, ¿cuántos hay?

- Cuatro.

La palabra terminó con un espasmo de dolor. La aguja de la esfera había subido a cincuenta y cinco. A Winston le sudaba todo el cuerpo. Aunque apretaba los dientes, no podía evitar los roncos gemidos. O'Brien lo contemplaba, con los cuatro dedos todavía extendidos. Soltó la palanca y el dolor, aunque no desapareció del todo, se alivió bastante.

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- Cuatro.

La aguja subió a sesenta.

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- ¡¡Cuatro!! ¡¡Cuatro!! ¿Qué voy a decirte? ¡Cuatro!

La aguja debía de marcar más, pero Winston no la miró. El rostro severo y pesado y los cuatro dedos ocupaban por completo su visión. Los dedos, ante sus ojos, parecían columnas, enormes, borrosos y vibrantes, pero seguían siendo cuatro, sin duda alguna.

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- ¡¡Cuatro!! ¡Para eso, para eso! ¡No sigas, es inútil!

- ¿Cuántos dedos, Winston?

- ¡Cinco! ¡Cinco! ¡Cinco!

- No Winston; así no vale. Estás mintiendo. Sigues creyendo que son cuatro. Por favor, ¿cuántos dedos?

- ¡¡Cuatro!! ¡¡Cinco!! ¡¡Cuatro!! Lo que quieras, pero termina de una vez. Para este dolor. (...)

Tardas mucho en aprender, Winston –dijo O'Brien con suavidad.

- No puedo evitarlo –balbuceó Winston-. ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si no los cierro? Dos y dos son cuatro.

- Algunas veces sí, Winston; pero otras son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez. Tienes que esforzarte más. No es fácil recobrar la razón.”

(GEORGE ORWELL: 1984. Parte 3ª, II)

8.- Buscar la verdad

Meher Baba: La perla.

“Al principio, el que busca la Verdad es como un hombre que, habiendo oído que una perla sumamente valiosa debe obtenerse del fondo del mar, baja a la orilla y contempla primero la inmensidad del océano, luego chapotea en el agua y, embriagado con este nuevo estímulo, se olvida de la perla.

Entre todos los que hacen esto, alguno, después de un rato, recuerda la búsqueda y aprende a flotar, y comienza a bracear. Otros se ríen de la ocurrencia mientras se mantienen a flote.

Y entre todos los que hacen por bracear, alguno se convierte en un buen nadador y alcanza mar abierto, mientras otros perecen entre las olas.

Y entre todos los que nadan en pleno mar, alguno comienza a zambullirse mientras los otros, alegres por su habilidad como nadadores, de nuevo olvidan la perla, pero, eso sí, llegan a ser los más rápidos.

Y entre todos los que bucean, uno alcanza el fondo del mar y, tras perseverar durante un tiempo en la búsqueda, se apodera de la perla...”

9.- Aunque no siempre parezca útil

Susanna Tamaro: “De pequeña me decían...”

“De pequeña me decían: ‘¿Por qué no vas a jugar en vez de hacer preguntas más grandes que tú? Pero yo quería la verdad. Quería la verdad de mi vida y en mi vida. Quería una verdad que me hiciese comprender también la verdad de todas las demás vidas. Después, cuando crecí, me dijeron que la verdad no existía o, mejor dicho, que existían tantas como hombres hay en el mundo, y que buscar la verdad era una pretensión infantil, ingenua e inútil.”

10.- Los hombres tienden por naturaleza al saber

Jorge Guillén: ‘MÁS VERDAD’.

Sí, más verdad,
objeto de mi gana.

Jamás, jamás engaños escogidos.

¿Yo escojo? Yo recojo
la verdad impaciente,
esa verdad que espera a mi palabra.

¿Cumbre? Sí, cumbre
dulcemente continua hasta los valles:
Un rugoso relieve entre relieves.
Todo me asombra junto.

Y la verdad
hacia mí se abalanza, me atropella.

Más sol,
venga ese mundo soleado,
superior al deseo
del fuerte,
venga más sol feroz.
¡Más, más verdad!

11.- Actividad. Comenta la siguiente frase

“¿De qué sirve discurrir con sutileza o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?”

(Jaime BALMES)

12.- Trabajo y cuestionario: la rebeldía de buscar siempre la verdad

• TRABAJO, para discusión en grupos pequeños (4 ó 5 miembros):

1) Leer detenidamente el texto.

2) Extraer una idea importante del texto y justificar su elección.

3) Hacerse una pregunta significativa, a tenor de lo que en el texto se dice.

4) Cuestionario, que ha de contestarse individualmente y luego comentarse en gran grupo.

(El texto está adaptado de un documento de trabajo elaborado por el profesor Gerardo Castillo)

‘La rebeldía de buscar la verdad'

La verdadera rebeldía no consiste en palabras o conductas de rebeldía aisladas, sino en una vida rebelde. No puedes exigir algo a los demás –eso es lo que haces cuando te rebelas- sin exigirte a ti mismo. Sería una conducta incoherente que no convencería a nadie. A la larga, ni a ti.

Una persona que realiza a diario su trabajo, pero con espíritu de superación permanente y de servicio, y con creatividad, es una persona rebelde. Es rebelde, primero frente a sí misma: frente a su ignorancia, su pereza intelectual, su conformismo cultural y social. Es rebelde también con respecto a un ambiente social frívolo y superficial en el que no se valora el cultivarse y el servir a otros por hacer el bien, por dejar el mundo mejor de lo que nos lo encontramos.

Tu rebeldía tiene que ser natural y auténtica, más que fingida o estridente. Y además tiene que ser eficaz. Si quieres cambiar algo que no te convence, que sea para mejorarlo. Pero para eso tienes que saber de ese asunto, estar preparado/a. Necesitas información, datos, argumentos, criterios para distinguir lo que merece la pena y lo que no. Y para eso hay que formarse.

Destruir es muy fácil. Pero rebelarse para hacer algo mejor requiere promover unos valores y apoyarse en ellos. Uno de ellos, tal vez el más importante, es el valor de la verdad. Las apariencias se desvanecen, sólo persiste lo verdadero. Sobre lo verdadero se puede construir.

Muchos se han acostumbrado a vivir en la ambigüedad y en la confusión. Otros no hablan de la verdad sino de “mi verdad”, reduciéndola a lo que más les gusta o les conviene en cada caso. Para ellos la realidad no cuenta. No faltan tampoco los que presumen de dudar de todo y de no creer en nada, por lo que se sienten más auténticos. Pero todo esto es fruto de una manipulación y por un desencanto generado por las ideologías que han dominado el último tramo de la Modernidad. Siempre hubo cínicos.

¿Cómo rebelarse a favor de la verdad?

• Buscándola en cada tema de estudio con empeño y perseverancia, sabiendo que no se obtiene al primer intento.

• Buscándola también en las conversaciones. Todo ello requiere rigor crítico para poder distinguir entre la verdad y el error con apariencias de verdad. De esta manera no es fácil caer en la manipulación.

• Pero todo esto ha de ser movido por un sincero y exigente amor a la verdad, un auténtico deseo de saber.

• Y no basta con buscarla; es preciso vivir de acuerdo con ella. Y eso es lo que libera de miedos, de ataduras innobles, de deseos de parecer lo que no se es, de vivir detrás de una o de muchas máscaras.

• Después de haber hallado una verdad importante que tiene relación con el sentido de la vida, no puedes quedarte indiferente, como si no te afectara.

• No puedes guardar para ti las verdades que encuentras, sino que debes hacer partícipes de ellas a otras personas.

• En la convivencia diaria no puedes transigir con el engaño y las verdades a medias. Ten la valentía de vivir en la verdad y de convivir en ella. Llamando a las cosas por su nombre.

• Tienes que estar dispuesto/a, cuando sea necesario, a ir contra corriente.

• Actuar de acuerdo con los propios principios después de haberlos dilucidado honestamente es coherencia y naturalidad.

• En cambio, no intervenir o no ser claro, a causa del temor o la vanidad, es sustituir la conciencia por una prótesis insensible y estéril. Y, además, es cobardía.

CUESTIONARIO DE AUTOEXAMEN

Examínate:
(Marcar con una X en la columna correspondiente)

Lo hago siempre Lo hago algunas veces No lo hago nunca


1)
Cuando me rebelo lo hago para defender algún valor importante

2) Me rebelo para cumplir un deber, y no para satisfacer gustos o caprichos personales

3) Me rebelo pensando en el bien de lo demás más que en mis intereses particulares

4) Planteo el estudio como una rebeldía frente a mi ignorancia en muchas cuestiones

5) Busco la verdad en el estudio, sin conformarme con la primera respuesta

6) Soy perseverante en la búsqueda de la verdad a través del estudio

7) Someto a reflexión crítica cada cuestión que estudio, para distinguir la verdad del error

8) Me siento comprometido/a con las verdades que dan sentido a la vida humana

9) Hago participar a otros de las verdades que descubro

10) No transijo con el error ni con las “medias verdades”

11) Estoy dispuesto/a, si hace falta, a ir contra corriente

12) Actúo de acuerdo con mis propios principios, después de haberlos dilucidado honestamente


¿Algunas conclusiones?:

13.- Lectura y posible representación de la obra de teatro: “Un enemigo del pueblo”

(Existe versión de M. Ferre y J. B. Alique. Ediciones MK, Madrid, 1980)

Análisis de los personajes en relación con la búsqueda de la verdad.


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