“¿Qué es lo que exactamente me impide sacarle los ojos a ese hombre, si tengo licencia para ello, y además me divierte?
Aun cuando me resulte enteramente sagrado, no me resulta sagrado bajo cualquier tipo de relación, bajo cualquier circunstancia. No me resulta sagrado en tanto que sus brazos son largos, o sus ojos son azules, o en tanto que sus pensamiento son geniales o mediocres. Tampoco, si lo fuera, el ser duque o rey, como tampoco el ser trapero como tal. Ninguna de estas cosas detendría mi mano.
Lo que la retendría es saber que si alguien le saca los ojos, se le desgarraría el alma al comprobar que se le hace daño sin razón.
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Desde la más tierna infancia y hasta la tumba hay, en el fondo del corazón de todo ser humano, algo que, a pesar de toda la experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y observados, espera invenciblemente que se le haga el bien y no el mal. Ante todo es eso lo sagrado en cualquier ser humano.
El bien es la única fuente de lo sagrado. Únicamente es sagrado el bien lo que está relacionado con el bien.”
(Simone Weil)
LA DIGNIDAD HUMANA
…ESA DESCONOCIDA
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