Logotipo Equipo Pedagógico Ágora
 
 
Foruniver, Foro Universitario
Abilio de Gregorio
Humanizar la salud
Raíces de Europa
Escuela de Padres
Cuentacuentos
Cine y valores
Música y valores
 

FORUNIVER
/ EL CAMINO DEL HOMBRE / Roncesvalles: Hospital de peregrinos

 EL CAMINO DEL HOMBRE

COMUNICACIÓN

Roncesvalles: Hospital de peregrinos

 

 

Autor: Javier Melchor de Abajo Medina

 

 

 

Algo de contexto histórico

Roncesvalles: Hospital de peregrinos

Cuando el año 813 aparecieron en Compostela los restos del Apóstol Santiago, el "ora et labora" de San Benito había tenido tiempo de fructificar ya en la Europa medieval, suscitando junto a una espiritualidad sincera -y fundamentándose en ella- un reconocimiento de la dignidad del trabajo que, además de ser fuente de recursos, era considerado un servicio a la comunidad y cooperación con Dios al perfeccionamiento de su Creación.

Por eso, cuando la noticia del hallazgo del Sepulcro jacobeo se extendió, y el cristiano medieval -a quién el Islam privaba de los más venerados lugares de la Fe- comenzó a peregrinar al "Finis terrae", las sociedades europeas estaban en vías de lograr una eficacia de organización, administración y producción, que iba superando el empobrecimiento general provocado por la caída del Imperio Romano -y consiguiente a su disgregación política- y se descubría un nuevo anhelo de unidad: La Cristiandad . En ese mismo sentido trabajó la reforma de Cluny -mediando el S. X- permitiendo ponerse en marcha a miles y miles de hombres y mujeres, que hicieron del Camino de Santiago la calle mayor de Europa.

En aquella Hispania ocupada por los musulmanes, los reinos cántabro-pirenaicos, se veían constreñidos por un islam andalusí que iba encontrando el camino a su hegemonía. Recordemos cómo el empuje de Abderramán III y sobre todo de Almanzor, provocó el repliegue hacia el norte del Camino de Santiago.

Hubo que esperar a la desaparición de Almanzor para que la penetración de Cluny tuviera en la España cristiana el mínimo de paz necesaria para embeberse en el entramado social: Sin duda que los reyes anteriores a Sancho III el Mayor, de Navarra, fueron protectores del Camino, hicieron donaciones a Roncesvalles, pero demasiado tenían con defenderse y pactar paces más o menos honorables con Córdoba. Es por eso que el Hospital de peregrinos de Ibañeta , origen del gran hospital de Roncesvalles, dispondría de poco más que sus cuatro paredes y su techo para acoger al penitente.

Las fechas de unos hechos, nos permitirán comprender la situación. El año 996 Sancho Garcés II de Navarra, hace una donación al Hospital de Ibañeta; pues bien, al año siguiente Almanzor arrasa Santiago de Compostela, y dos años después ocupa Pamplona, y estamos en la inminencia del milenarista año 1000 que, si por un lado pudo favorecer el afán de peregrinación expiatoria, por otro. ¿quién pensaría en invertir en hospitales de peregrinos con perspectiva de futuro?.

 

Ubicación y entorno

Del documento de la donación real antedicha, se desprende la existencia bastante anterior de una hospedería de peregrinos en el paso de Ibañeta, un collado a 1057 metros sobre el nivel del mar, que permite atravesar el Pirineo, por la vía natural entre el centro de Francia, y el valle del Ebro y la Meseta Central de España, que había visto el paso de los Celtas -que nos trajeron el toro- y que convertida en Calzada romana, la usaron Pompeyo , suevos, vándalos y alanos, los moros de Abderramán el-Gafiqui que derrotaría Carlos Martel en Poitiers en octubre del 732; y, por abreviar, Napoleón hizo pasar por allí su artillería cuando la francesada.

Aquella primera hospedería, se asentó en la Capilla del Salvador erigida por Carlomagno, en memoria orante a sus soldados muertos en la emboscada que sufrió su retaguardia el 15 de agosto del 778, cuando regresaba de su infructuosa campaña sobre Zaragoza.

El collado de Ibañeta es inhóspito, -todo lo contrario a hospitalario-. No sólo en invierno sino incluso en verano, raro es el día en que si no hay tormenta, ventarrón, o frente nuboso, la más espesa niebla se desparrama por valles y cumbres vecinos.

Su entorno es el que puede esperarse en una zona montañosa, profundos valles y montes que oscilan entre los 1200 y los 1570 metros del Ortzanzurieta, la cumbre más elevada de la zona, que en días claros permite ver el Moncayo. Al sur de Ibañeta, a unos tres kilómetros de carretera, se extiende la llanada de Burguete, cuya altitud rayana en los 950 metros , no permite cultivos aunque sí bosques y ganado.

El nombre Roncesvalles

Escribir sobre el nombre "Roncesvalles" obliga a revisar todo un catálogo de opiniones y contraopiniones, así que me limitaré a consignar que como por Roncesvalles se le conoce, y como el autor del poema llamado Roscidea vallis le nombra así, me ha parecido bien usar en esta comunicación sobre todo el primero, y como gentilicio "roscidevaliano".

Así las cosas, si no fue un Emperador el que dio nombre a Roncesvalles, sí fueron sus cronistas y analistas quienes introdujeron en la Historia, entre acentos guerreros el nombre Ronsas valls, con ocasión de la emboscada del 778.

Aunque los cronicones medievales franceses son muy parcos, la tradición oral fue patrimonializando un recuerdo de los acontecimientos belicosos de Roncesvalles, que se iban confundiendo y confluyendo hacia la Canción de Roldán , pues si la entrada de Roncesvalles en la historia, viene entre tremolar de gallardetes de lanzas intentando hacer blanco en ligeros vascones, que a favor del terreno hieren con sus azconas, flechas y piedras, y donde morirá Roldán, la segunda cita histórica de Roncesvalles es casi un ídem de lo mismo: Cuarenta y seis años después, los Condes aquitanos D. Eblo y D. Aznar, súbditos del Emperador hijo de Carlomagno, Ludovico Pío o Luis el Piadoso, queriendo afirmar la influencia de su señor sobre aquella Marca Hispánica occidental, fueron sorprendidos también en Roncesvalles por el ataque de los naturales, que tras derrotarles y tomar prisionero a D. Eblo, enviaron a éste, preso a la corte de Córdoba.

Un tercer intento de afirmar la soberanía franca, se realizó una veintena de años después. En esta ocasión los franceses tomaron todas las cautelas que la historia les enseñaba; y si fracasaron en su intento político, lograron sobrepasar incólumes el Pirineo, no sin antes haber negociado la fuerte indemnización que hubieron de pagar, para que la insidiosa amenaza con que los navarros les fueron "escoltando", no se desatara.

La crítica histórica, ha encontrado en la Chanson de Roland , huella de estas tres acciones de guerra.

Con estos hechos, el Reino de Pamplona se sacudía la influencia franca para vincularse a la Reconquista. Estas tres acciones de guerra lo dejaban patente, al tiempo que Pamplona y Asturias-León estrechaban lazos.

El escudo de Roncesvalles

El escudo de Roncesvalles funde en un solo objeto, espada, cruz, bordón de peregrino y báculo abacial rematado en llamas en su curvatura superior. Hay, por tanto, un solo objeto con quíntuple significado.

La Cruz y el Báculo significan la Fe y el abadiato de su prior como Abad mitrado, que llegó a ser en Navarra la tercera dignidad en Cortes, tras el Rey y el Obispo de Pamplona. No olvidemos tampoco que el báculo recuerda al bordón del peregrino.

Pero también ese Báculo-cruz es Espada simbolizando "la lucha de la Fe" -tradicionalmente representada en la iconografía de San Pablo p. e.- y también recuerda -entre la historia y la leyenda- los orígenes de Roncesvalles como Orden Monástico Militar , que de ser así, sería la más antigua de Occidente.

El remate flamígero del báculo abacial, significa la caridad. Y siendo la Caridad lo que en la relación trinitaria es propio de Espíritu Santo, cuya iconografía como lenguas de fuego es tan conocida, esa llama nos remite a Él. No podía ser de otra forma, sabiendo que cuando el Hospital de peregrinos, bajó a su actual emplazamiento, el primer edificio que se construyó, fue la capilla de Sancti Spíritus.

Teniendo representadas la Fe y la Caridad en el escudo, podría echarse a faltar la Esperanza, y de Esperanza en la Caridad de Roncesvalles iban cargados los peregrinos, pues bien, esa Esperanza está representada en el color verde de la Cruz-báculo flamígero-espada.

El Hospital

Sin duda la época de Ibañeta puede llamarse heroica, pues las nieves podían cubrir la zona durante seis meses, y como hoy, los vientos azotarían a menudo, las nieblas serían casi perennes; y como vecinos más inmediatos y frecuentes, y señores de la zona, lobos en manada, osos hambrientos y lo que es peor, cuadrillas de bandidos. El resto de visitantes de Ibañeta, pastores, algunos mercaderes en grupo y soldados -pocos pues los moros estaban al sur-. Y allí, en despoblado, entre hielos y lobos, hizo su asiento primero la Caridad de Roncesvalles hacia el peregrino.

De esa época heroica, podemos pensar que la caridad de aquellos laicos (Efectivamente, los primeros hospitaleros eran laicos, no había sacerdotes entre ellos, si bien eran atendidos por los párrocos de la zona, e incluso el Monasterio de Leyre, podría haber ejercido una especie de patronazgo sobre aquel incipiente hospital.) hospitaleros apenas iría más allá de "dar posada al peregrino": En un despoblado montaraz y pobre de un reino abrumado por las guerras, las limosnas llegarían quizá a dar al peregrino alguna sopa, pan escaso, queso quizá. Sin embargo, el asiento a la lumbre, descanso y sueño, parecerían al peregrino un buen reparo tras el camino que culminaba en Ibañeta.

Dos noticias hablan del espíritu hospitalario de aquella humilde institución: El hospitalero de Ibañeta tañía a menudo la campanita de su espadaña, a fin de orientar por el sonido, al viandante extraviado en aquellos bosques por la noche o la niebla. Además los cofrades del Hospital recorrían aquellos parajes para proteger a los peregrinos de los osos, los lobos, y las cuadrillas de salteadores. ¿Es por eso que quizá se ha hablado de aquellos primeros hospitaleros como de una Orden monástico militar, memoria de lo cual queda en la espada del escudo de la Colegiata?, ¿acaso aquellos pocos soldados de frontera habitualmente surcada por tropas del norte, y que sin duda encontraban en Ibañeta reposo y refugio, harían algún servicio a los peregrinos? (Se me ha ocurrido esta idea leyendo las correrías evangélicas del Padre Kino, jesuita de finales del S. XVII, que exploró las regiones del noroeste mexicano y suroeste estadounidense, y que encontraba –aunque no siempre- apoyo y colaboración en los soldados de aquellos Presidios de la frontera de Nueva España.)

Antigua cruz de Roldán

Pero quién tuvo la visión y la capacidad de dar a aquel Hospital un fuerte impulso, fue el Obispo Larrosa.

El constante incremento de peregrinos hizo que el Obispo de Pamplona, Don Sancho de Larrosa, reformara la primera institución, fundando el 16 de junio de 1127 una cofradía de obispos, clérigos y laicos, cuyas aportaciones permitieran atender en Ibañeta al peregrino. Del hecho de que creara como responsables de la remozada Cofradía una Comunidad de Canónigos Regulares de San Agustín, como la existente en la Catedral de Pamplona, parece desprenderse una vinculación estrecha entre el Hospital y la Catedral.

No tardó mucho en comprender que era insuficiente. Y así en 1132 ya se traslada el Hospital a su emplazamiento actual, "a pie de monte", en un rincón mucho más protegido de los rigores climáticos. Y lo que era más importante: de lo que fue el término municipal de Burguete, se desgaja una parte con la que dota al Hospital y a la Iglesia de Sancti Spíritus de rentas fijas, quedando la Ermita del Salvador, como avanzadilla de la caridad, con su misión de seguir tañendo la campanita salvadora, y primera acogida del peregrino.

Que la institución tenía ya cierto empaque, se desprende de que en 1137, el Papa Inocencio II, acoge como protector la Iglesia y el Hospital, confirmando sus posesiones y estimulando las donaciones, iniciando así Roncesvalles una pujanza, que le llevará a ser considerado uno de los cuatro grandes hospitales de la Cristiandad medieval, junto al de Jerusalén, al de Roma y al de Santiago de Compostela.

Si por un momento comparamos las situaciones de esos cuatro grandes Hospitales, hemos de preguntarnos cómo es posible que dados los 963 m sobre el nivel del mar, o lo que es lo mismo, ubicado Roncesvalles en un punto de imposibles cultivos, con sólo una ventaja en lo relativo a la ganadería y madera, sin apenas población, lejos de grandes rutas comerciales -si fue una vía comercial de cierta importancia, lo fue a remolque de las peregrinaciones- y lejísimos de vías marítimas por las que abastecerse. ¿Cómo es posible, digo, que se diera este auge en Roncesvalles?.

No es suficiente explicación el patronato que ejercieron los Reyes navarros, aún con ser importantísimo, como se ve por ejemplo en Sancho VII el Fuerte , que mandó construir y dotar la Iglesia Colegial dedicada a Nuestra Señora de Roncesvalles, y que fue consagrada en 1219. Tampoco es definitivo pensar que los acentos épicos de Roncesvalles, pudieron ser un reclamo para preferir ese paso, pues resulta que para cuando la Chanson de Roland y sus antecedentes tuvieron cierta difusión, ya Roncesvalles era tal recinto de caridad, que papas, reyes, obispos y grandes señores y humildes, parecían rivalizar en donaciones y limosnas, hasta decirse que desde Roncesvalles a Roma y a Santiago podía pernoctarse en posesiones roscidevalianas.

La razón de la existencia de Roncesvalles es la Caridad. Veamos.

La Pretiosa

"Pretiosa" es el nombre dado a un códice de Roncesvalles. Esa palabra "Pretiosa" inicia la antífona que tras leer el Martirologio del día, entonaba el Canónigo solista:

Pretiosa in conspectu Domini

a lo que el coro respondía:

Mors Sanctorum eius,

que significa : Preciosa es a los ojos del Señor, la muerte de sus santos.

Pues en este libro, hay un poema -clasificado por los estudiosos como "ritmo" en "estrofas goliárdicas"- del inicio del S. XIII, que canta la maravilla de Roncesvalles. El nombre latino que da el autor a Roncesvalles: Roscideavallis, se ha tomado como título del poema.

Su primer verso es:

Domus uenerábilis, domus gloriosa,
Domus admirábilis, domus fructuosa,
Pirineis móntibus floret sicut rosa,
Universis géntibus ualde gratiosa

que significa : Casa venerable, casa gloriosa, / Mansión admirable, mansión fructuosa / que en los Pirineos florece cual rosa / A todas las gentes siempre muy graciosa.

Los dos siguientes versos, son una protesta de ecuanimidad del autor anónimo al referirse a Roncesvalles, a pesar del amor que le tiene, pues "venerar lo falso es hacerse odioso a cielo, tierra y mar".

En los dos siguientes, toma del significado de Roncesvalles como "Valle cubierto de rocío", el simbolismo del rocío como gracias divinas.

En los cuatro siguientes cita al fundador, el Obispo de Pamplona, Don Sancho Larrosa, el apoyo del rey D. Alfonso I "El Batallador" -por esas fechas uniendo las coronas navarra y aragonesa- las primeras dotaciones para sustento del Hospital y la fecha en 1127.

A partir de la novena estrofa entramos en materia, pues describe la situación de Roncesvalles: "Sobre su emplazamiento se abaten casi siempre los rigores del invierno, el hielo perpetuo, la nieve eterna y las brumas invernales: sólo reina la serenidad de esta casa hospitalaria". O lo que es lo mismo: En el sitio más inhóspito, se levantó un Hospital.

Pero veamos su entorno en la 10ª estrofa: "A su alrededor la tierra es completamente estéril; no hay trigo ni vino, ni sidra, ni aceite, ni lana ni lino". ¿Entonces?, cabe preguntarse, ¿cómo en lo más inhóspito y estéril se levantó uno de los cuatro grandes Hospitales de la Cristiandad?. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela, tenían ubicaciones y entornos que bien podían admitir un gran Hospital, pero ¡Roncesvalles!. Pues bien, el poeta en el último verso de la misma 10ª estrofa da la solución a esa esterilidad, sin trigo ni vino, ni sidra, ni aceite, ni lana, ni lino:

Hospitale rígitur Spíritu diuino (Al hospital lo rige el Espíritu divino.)

Sin embargo no hay memoria de milagros de multiplicación de panes y peces, ni de cuervos que lleven panes como a San Antón. ¿A qué Espíritu divino se está refiriendo el testigo poeta?. Yo creo que a ese espíritu medieval inflamado por el Espíritu Santo: La Iglesia , en su labor misional, religiosa, no sólo no había olvidado su eficacia civilizadora, sino que esa capacidad civilizadora formaba parte de su mensaje. "Ora et labora", p. e. es un mensaje al espíritu, e invitación a relacionarse con la Creación; a vivir religiosamente la vida diaria, personal, familiar, laboral y social. Ese vivir la vida como una unidad, sin fracturas, es lo que produjo en lo social "La Cristiandad". Y aquella Cristiandad, tenía ya capacidad para hacer surgir lo que hacía falta, donde no había nada. Y un Hospital en Roncesvalles lo estaba exigiendo la afluencia de peregrinos, que encontraban en el paso de los Pirineos el mayor de los obstáculos, y era necesario reponerlo de esas etapas de montaña, con clima y terreno ásperos, de pocos bastimentos -ya robarían algunas uvas al pasar por la Rioja, supongo-.

Y si era necesario Roncesvalles tras las etapas duras, era necesario Roncesvalles porque así lo exigía el espíritu de la Cristiandad, pues no olvidemos que la mayor parte de los peregrinos se ponían en marcha confiando, sí en la Providencia, pero esa providencia, esperaban hallarla materializada en la caridad de las gentes junto a las que habían de pasar. Y esa es la caridad vivida en Roncesvalles y que cantaban los penitentes, como recoge la obra "El camino de las Estrellas" donde el romance popular dice:

.está la morada
del gran hospital
donde siempre acogen
y alimento dan;
al que llegó malo
con enfermedad
del alma o del cuerpo
dejó aquí su mal.
En aquesta casa
grande y espaciosa
las seis obra buenas
misericordiosas,
se facen con mano
larga y abundosa.

Volviendo al Ritmo de Roncesvalles, las siguientes estrofas hasta la 31ª, detallan cómo se practicaba la caridad en Roncesvalles.

Pues bien, el servicio de esa caridad era de primera calidad, pues dormía el peregrino en lechos blandos, en salas limpias, los excrementos se evacuaban sobre agua corriente, había salas para hombres distintas de las femeniles, en ellas disponían de frutos a discreción: granadas, almendras. traídas de "todas partes del mundo", y

A cuantos romeros aquí son llegados
con caridad suma los pies son lavados,
las barbas rapadas, cabellos cortados
y son indecibles los demás cuidados

como prepararle baño cuando lo desea, renovarle o repararle vestido y calzado. Incluso parece desprenderse del poema que acogió un pequeño orfanato, pues:

A multitud de huérfanos nutre como madre
educándolos bondadosamente con la mano, con la vara y con consejos,
para que aprendan a vivir de su trabajo
sin buscar su sustento vergonzosamente

A la puerta "siempre hay alguien ofreciendo pan a los que pasan, no haciendo otra cosa que eso, y rezar impetrando la protección divina sobre esta casa".

Su puerta está abierta a enfermos y sanos
no sólo a católicos, también a paganos,
judíos, herejes, mendigos y vanos
y a todos acoge como a sus hermanos.

No sólo atendía al peregrino a Santiago, también al romero caminante a las tumbas de San Pedro y San Pablo.

Los enfermos son atendidos por mujeres notables por su vida honesta, que les sirven con pulcritud y esmero hasta su recuperación; y si alguno viniere acompañado, podrán permanecer acogidos los compañeros hasta la recuperación total del enfermo. Siendo de reseñar que "las salas de enfermería -independientes de los dormitorios por supuesto- están iluminadas de día por la luz divina, y por la noche mediante lámparas que brillan como la luz matinal", sin desatender el espíritu pues: "en medio hay un altar donde se veneran a las santas Catalina (de Alejandría) y Marina", y

Si alguno fallece, tendrá sepultura.
cual mandan las leyes y las Escrituras.

desde aquí pasa el poeta a describir -estrofas 32ª a 35ª- el "carnario" o Cementerio cubierto de Roncesvalles, su edificio más antiguo, a la vez templo -Capilla de Sancti Spíritus- y donde se celebraban exequias constantes por los fallecidos en el camino, y es "lugar visitado por los ángeles, como testifican quienes los han oído", y levanta tanta devoción que los peregrinos a Compostela, "contemplan la estructura del osario y doblando las rodillas, alaban a Dios"; pues es un lugar donde "la rabia del enemigo es aplastada".

Las estrofas 36ª y siguiente, cantan al rey contemporáneo del poeta, Sancho VII el Fuerte, su estirpe, su valor, su generosidad.

Sigue el testimonio de observancia de la Regla por parte de todos los hermanos y hermanas, "de buenas costumbres y desprecian al mundo y sus honores".

Las tres estrofas siguientes cantan la bondad, virtudes y caridad del prior D. Martín, quien con acierto administra, "conserva y acrecienta las posesiones", posesiones ¿de quién?, ¿de Roncesvalles?, ¿de la Iglesia? No:

Servat, auget pauperum hic possessiones

dice el poeta: "conserva y acrecienta las posesiones de los pobres". ¡Claro!. El patrimonio de la Iglesia fue siempre el patrimonio de los pobres. A la puerta de los bancos no hay pedigüeños, ni mendigos ante los Parlamentos o Partidos políticos. Y eso lo veía el poeta en Roncesvalles; y también vio los quebraderos de cabeza - "passiones", "tribulationes"- que producían a D. Martín la gestión. ¡Claro!, el bien cuesta amor hasta que duela. Y debía dar la administración de Roncesvalles sus desvelos, pero, dice el poeta, “Dios remunerará condignamente”.

La última estrofa es despedida y cierre para no ser tedioso.

Y hasta aquí el poema de Roscideavallis de La Pretiosa.

Pero veamos unos cuantos ejemplos de cómo se entendía la caridad con el peregrino en Roncesvalles cuatro siglos después, en el XVI:

"La ración que ha de darse a cada peregrino es: un pan de dieciséis onzas (ca 400 grs.) , media pinta de vino (la pinta casi equivale a ¾ de litro), buena pitanza de caldo y carne y, en los días viernes, sábados, vigilias y Cuaresma, abadejo (bacalao) o sardinas, huevos y leche y siempre ha de cerrarse la comida con suficiente ración de queso."

"Si el hospitalero conoce que por su flaqueza necesitan más, los regale y no deje partir hasta que estén sanos y fuertes. A los que llegan enfermos se les asiste con olla de ave y de carnero, frutas y otros regalos, medicinas y cuidados hasta su completa curación".

"Para servicio del Hospital hay el médico, apoticario (boticario) , cirujano y barberos; limosnero y sus criadas, que guisan la olla.  Las Seroras (hermanas de comunidad) y sus criadas que ponen la mesa, hacen las camas, lavan la ropa y reparten las raciones; las Monjas o Beatas y sus criadas que asisten a los enfermos, remiendan y repasan las ropas del Hospital y las vestes, jubones y calzas de los pobres peregrinos; y los boyateros (carreteros de bueyes) y acemileros necesarios para los servicios del Hospital y el acarreo de la leña que se gasta en hervir el agua para escaldar el atuendo de los romeros, y tener calientes las salas, refitorios (comedores) y dormitorios.", había también guarnicioneros, zapateros, herrero, molinero, y si nos dicen estos apuntes del S. XVI que se sacrificaban 800 carneros al año, habría matarife sin duda. En fin, donde no había nada aparecía todo un complejo de atención al peregrino, necesitado de un sistema de transporte de mercancías, que si en el caso de los 800 carneros no era muy complicado, pues podían darse por aquel entorno, los 1500 robos de trigo -45.000 litros de trigo- los 56.000 litros de cebada que consumían las acémilas y bueyes, los 32.000 litros de vino… había que traerlos todos y de lejos.

En fin, se daban al año 60.000 raciones a los 30.000 peregrinos.

Es más, dado que la etapa del peregrino entre Burguete y Viscarret, discurría por un gran despoblado, el Abad de Roncesvalles solicitó y obtuvo del Rey Teobaldo II, fundar una población en unos terrenos que poseía el Hospital conocidos como "El Espinar", lo que dio nacimiento al actual pueblo jacobeo de Espinal: Esta fue la fórmula que encontró la caridad de Roncesvalles para "acompañar" al peregrino, finura espiritual esta, que recuerda el consejo evangélico de San Mateo 5-41: “A quién te pida que le acompañes una milla, acompáñale dos”. La caridad, creaba civilización.

Levantar esta institución en lo inhóspito y estéril, pudo realizarse gracias a las múltiples donaciones de Papas, Obispos, Reyes, Señores, particulares y gente humilde. Su cofradía llegó a tener alboreando el S. XV cinco mil sacerdotes y veinte mil seglares de toda condición social.  Su patrimonio -de los pobres, no lo olvidemos- se extendía enormemente por Francia donde llegó a poseer 45 hospitales con sus anejos de casas, tierras, iglesias, once pueblos, encomiendas, censos. En Inglaterra destaca toda una calle en Londres con su Iglesia. Hospitales en Italia -Bolonia- en cuya Universidad sostenía una residencia gratuita de estudiantes, y otras pingües encomiendas. Portugal, Castilla, Andalucía, Aragón, Vascongadas, en Navarra raro es el pueblo donde no tuvo Roncesvalles alguna posesión.

Pero no nos fijemos en el cuánto de su patrimonio, sino en el porqué llovían sobre Roncesvalles limosnas y posesiones. Leamos entre líneas qué quiere decir el que un rey como Enrique IV de Francia, que cambió de religión seis veces según le conviniera, hiciese una generosa fundación "para nuestro muy amado Hospital de Ronsas Valls, que es uno de los hospitales generales de la Cristiandad ": Ser de la Cristiandad, en una época en que esta se está desmoronando, era pertenecer a una Unidad vivida mucho más intensamente en los siglos anteriores al XVI. Y junto a esa unidad espiritual fruto de la Fe, los potentados veían a sus súbditos peregrinos atendidos en Roncesvalles como nos dijo el poeta del S. XIII.

Y es que la Cristiandad era una forma de si no eliminar, sí atenuar fronteras. Piénsese que durante las guerras de Navarra contra Francia, Castilla y Aragón, no se privó a Roncesvalles de sus posesiones. Habría más o menos dificultades en que llegaran al Hospital las rentas, pero el respeto jurídico era eso, respeto. Caso parecido al tránsito de estudiantes de cualquier país de la Cristiandad, a cualquiera de sus Universidades.

Cuando las reformas protestantes fueron minando la Cristiandad, el nacionalismo resultante fue privando a Roncesvalles tanto de sus posesiones, como del gran flujo de peregrinos. No obstante, en el S. XVIII, aún se registran años en que los peregrinos se acercan a los veinte mil.

Las consecuencias de la Revolución francesa: Guerra de la Convención y Guerra de la Independencia incluidas, fueron desastrosas para Roncesvalles (Cuando las tropas revolucionarias francesas destruyeron la Cruz de Roldán, notificaron a sus superiores que habían vengado –habían pasado más de mil años - la afrenta hecha a Francia en tiempos de Carlomagno. Así pensaba en triunfo de la Razón…), aunque no faltaron peregrinos. Y el remate final fue la Desamortización de Mendizábal: Como los Estados protestantes, aquel gobierno liberal, quitó el Patrimonio de los pobres con un cínico poner en venta las tierras de la Iglesia. ¿Quiénes pudieron comprarlas?: Los pobres colonos que allí trabajaban y que daban un diezmo a la Iglesia no, sino los grandes terratenientes y ricachones, que puede decirse que monopolizaron la oferta de trabajo, privando de él a tantos pobres que, como dice Marcelino Menéndez y Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles, provocó la cuestión social en España. Ciertamente Roncesvalles pudo permanecer gracias al alegato jurídico de su entonces prior, demostrando que como Colegiata de Canónigos Regulares de San Agustín, no entraba en el Decreto de desamortización, pero la rapiña estatal clavó sus uñas hasta en su Biblioteca y Archivo, con el siguiente dato -muestra la cultura de aquellos progresistas- que me contó quién fuera el Canónigo bibliotecario de Roncesvalles, y calígrafo exquisito, D. Policarpo Cía, que recibió por tradición oral de sus antecesores este suceso: Cuando marcharon los desamortizadores con sus carretas cargadas con los libros y documentos de su Biblioteca y su Archivo, varios canónigos las siguieron hasta Pamplona, recogiendo los códices, volúmenes, legajos y pergaminos que el traqueteo del camino arrojaba de las carretas (Esto me recuerda la anécdota que me contó un señor mayor vecino al Monasterio de Osera, Orense: “Os pergaminos usáronse pra faer pandeiros”. Se utilizaron los pergaminos de los códices de Osera para hacer panderos…).

Y si incluso hubo unos años en el S. XIX que quedó Roncesvalles vacío, se rehízo a finales de ese siglo la vida Colegial , que está viendo desde finales del S. XX un auge de peregrinos muy importante. No en vano, los más de ocho siglos de Caridad de Roncesvalles, son un poso muy importante en la Historia. Y la Historia, no se olvide, es aquello que permanece continuamente sucediendo.

 

NOTAS


1.- Entiéndase que utilizo Marca Hispánica en sentido amplio. El imperio carolingio, para asegurar sus fronteras procuraba crear unas Marcas. Esas Marcas no parecen tener uniformidad jurídica. En nuestro caso, hubo intentos carolingios de incluir el reino de Pamplona en su órbita. ¿Hubiera eso producido otra Marca Hispánica? Cierto que la pregunta es historia ficción. Entiéndase entonces así esta Marca Hispánica occidental. [Volver al texto]

2.- Es un débito casi completo a "El ritmo de Roncesvalles, estudio y edición" Antonio Peris. Cuadernos de Filología clásica. Estudios latinos nº 11. Servicio de publicaciones UCM Madrid 1996. [Volver al texto]

3.- Usaré a veces esta traducción rimada de D. José María Iraburu de finales del S. XIX. [Volver al texto]

4.- Como gran parte de este escrito, debo estas citas al libro "Roncesvalles" del que fuera Prior de la Colegiata , D. Agapito Martínez Alegría. Editorial Gómez. Pamplona. Mayo 1956. [Volver al texto]

5.- Ese verbo escaldar, me lleva a pensar en la carga de parásitos que acumularía un peregrino medieval. [Volver al texto]

FORUNIVER / EL CAMINO DEL HOMBRE / Roncesvalles: Hospital de peregrinos

 

   
» Inicio
   
» Quiénes somos
   
» Actividades
   
» Fotos
   
» Publicaciones
   
» Colaboraciones
   
» Enlaces recomendados
   
» Contactar
   
   
» Documentación
   
» Recursos didácticos
   

 

 

Libros de interés recomendados

 

 

 

 2009 © Equipo Pedagógico Ágora | Aviso legal