COMUNICACIÓN
NAVARRA Y LOS NAVARROS EN EL CODEX CALIXTINUS
|
|
Autores: María Irisarri Quesada e Iván Juarros Aranguren, estudiandes de la Universidad de Zaragoza.
Profesor moderador: Javier del Hoyo
|
|
PRÓLOGO
Hemos utilizado para este trabajo la edición latina del texto de Jeanne Vielliard, y la traducción al español de A. Moralejo. Adjuntamos al trabajo las copias de dos páginas del manuscrito: la primera es el comienzo de la introducción que hace el papa al conjunto del Codex; la otra es el comienzo del libro V (aquí IV, o como aparece, IIII, porque no cuenta la Crónica de Turpin), con un índice de los distintos capítulos del libro. Tan sólo queda añadir que han sido muchos los estudios realizados acerca de este códice. Sin embargo son todavía muchos los aspectos sobre los cuales se puede ahondar y profundizar.
EL CODEX CALIXTINUS O LIBER SANCTI IACOBI
La via stellae, es uno de los caminos que paso a paso han recorrido miles de peregrinos desde épocas remotas hasta el día de hoy. Ese mismo firmamento que ha guiado a tantas personas desde tiempos tan antiguos fue el mismo que observó Carlomagno hace unos doce siglos. Ello aparece atestiguado en uno de los libros del Codex Calixtinus que sirvió durante la Edad Media como guía básica para todos aquellos que deseaban llegar hasta los pies del apóstol. Este episodio, relatado casi con tintes míticos aparece descrito en el libro IV de dicho códice. En él se explica la aparición del apóstol a Carlomagno para que entrase en Hispania a combatir a los infieles, según el punto de vista de esta autoría francesa.
… Y enseguida vio en el cielo un camino de estrellas que empezaba en el mar de Frisia y, extendiéndose entre Alemania e Italia, entre Galia y Aquitania, pasaba directamente por Gascuña, Vasconia e Hispania hasta Galicia, en donde entonces se ocultaba, desconocido, el cuerpo de Santiago. Y como Carlomagno lo mirase algunas veces cada noche, comenzó a pensar con gran frecuencia qué significaría. Y mientras con gran interés pensaba esto, un caballero de apariencia espléndida y mucho más hermosa de lo que decirse puede, se le apareció en un sueño durante la noche diciéndole:…
… El camino de estrellas que viste en el cielo significa que desde estas tierras hasta Galicia has de ir con un gran ejército a combatir a las pérfidas gentes paganas, y a liberar mi camino y mi tierra, y a visitar mi basílica y mi sarcófago. Y después de ti irán allí peregrinando todos los pueblos, de mar a mar, pidiendo el perdón de sus pecados y pregonando las alabanzas del Señor, sus virtudes y maravillas que obró. Y en verdad que irán desde tus tiempos hasta el fin de la presente edad… [Nota 1]
La via stellae, es uno de los caminos que paso a paso han recorrido miles de peregrinos desde épocas remotas hasta el día de hoy. Ese mismo firmamento que ha guiado a tantas personas desde tiempos tan antiguos fue el mismo que observó Carlomagno hace unos doce siglos. Ello aparece atestiguado en uno de los libros del Codex Calixtinus que sirvió durante la Edad Media como guía básica para todos aquellos que deseaban llegar hasta los pies del apóstol. |
|
Pues bien, la compilación completa consta de cinco libros, con sus oportunos prólogos y epílogos. Está datada en el siglo XII y es atribuida al papa Calixto II (1119 - 1124), aunque sabemos que no es enteramente obra suya, como veremos más adelante. Antes fue arzobispo de Viena de Delfinado. Se llamó Guido de Borgoña y fue hermano de los condes de Galici y Portugal y amigo y favorecedor de la orden de Cluny.
El primer libro abarca más de la mitad de la compilación y contiene sermones y homilías en honor al apóstol, dos relatos de su martirio y oficios litúrgicos para su culto. El II encierra veintidós de sus milagros; el III, el más breve, refiere la traslación de su cuerpo desde Jerusalén a Galicia y al lugar del sepulcro. El IV era la Crónica del arzobispo Turpín o Pseudo-Turpín , que narra la entrada de Carlomagno en Hispania con una serie de hazañas legendarias, la derrota de Roncesvalles y muerte de Roldán, y otros hechos varios; el V venía a ser una guía de viaje para peregrinos franceses o procedentes de Francia. Reseña cuatro de los caminos que atravesaban Francia, pasaban por los Pirineos por Roncesvalles y Somport y se juntaban en Puente la Reina, desde donde el camino “francés” de Santiago seguía hasta Compostela por Navarra, Castilla, León y Galicia. Señala con particular interés los santuarios y reliquias que merecían la visita devota de los peregrinos en Francia e Hispania. Se detiene, finalmente, en una cuidadosa descripción de la ciudad de Santiago y de la iglesia catedral.
El Codex se ha guardado siempre en el archivo de la basílica compostelana. Sin embargo, entre parciales y enteras se conservan un centenar de copias, pero hay quien se inclina a pensar que las copias conocidas derivan del arquetipo de las de Compostela. En ocasiones ha recibido también la denominación de C odex Compostellanus. Éste carecía de la parte IV , que fue arrancada y conservada aparte con el título de Historia de Turpin. Tras el último libro lleva un apéndice de once folios constituidos por una miscelánea de varias composiciones métricas y otras litúrgicas con uno de los testimonios más antiguos de música polifónica de la Península Ibérica , varios himnos, una bula del Papa Inocencio II para confirmar la autenticidad del C alixtino, un milagro en prosa y varios otros versificados, una paráfrasis también en verso de la traslación del apóstol según el libro III y algunos textos de menos importancia.
Hay que tener en cuenta que en todos estos tipos de documentos en los que el tiempo ha dejado su huella, no todo está tan claro como parece. Son múltiples los estudios llevados a cabo y las divergencias acerca de ellos. Hay problemas en torno a las cuestiones cronológicas de los manuscritos, de la autoría del conjunto de los documentos, del lugar concreto donde fue elaborado, conflictos lingüísticos, conflictos musicales que han producido numerosos estudios en torno a él, y en definitiva todo esto ha hecho que algunas cuestiones aún sigan abiertas. Para ejemplificar una en concreto, vamos a poner de relieve la cuestión de la autoría. La compilación es atribuida al papa Calixto II, que se muestra como autor de los prólogos a los libros I, II, V y de los capítulos adicionales del libro IV, pero que no puede ser el autor del total de la compilación que actualmente tenemos ante nuestros ojos.
Uno de los aspectos en los que merece la pena detenerse unos instantes es en la leyenda de Turpin, que fue añadida posteriormente al resto de las partes pero que guarda relación con el tono general de la obra, ya que con dicha epopeya se pretende poner de manifiesto como algo histórico una mera leyenda para exaltar a Carlomagno, a Francia y fijar el culto al santo. El autor anónimo de esta crónica escrita en latín en el siglo XII toma el nombre del arzobispo Turpin de Reims, personaje principal de la Chanson de Roland, para dar así un aire de historicidad a su distorsionada versión de los hechos de Carlomagno en Hispania. La crónica titulada Historia Turpini pasó a ser el libro IV del Codex Calixtinus. Esta crónica cuenta la incursión de Carlomagno en Hispania, embellecida y exagerada con unos temas y estilos literarios propios de las novelas de caballerías.
Es interesante pararse a leer con detenimiento el propio prólogo que el papa Calixto realizó al comienzo de su escrito. Se dirige en primera persona a Guillermo el Piadoso de Aquitania, fundador de la abadía cluniacense de dicho lugar, para que realice una corrección del códice. Explica que no ha escrito nada de su invención sino que se ha basado por una parte en libros auténticos de la Biblia o en todo aquello que ha visto con sus propios ojos y que le han contado terceras personas. Por este motivo, un lector actual debe poner en duda muchas de las cosas narradas que son meramente juicios de valor o habladurías. Por último, realiza una captatio benevolentiae poniendo de manifiesto su modestia al explicar que escribe en un estilo llano para poder llegar al mayor público posible.
…Las demás cosas que en los libros siguientes están escritas como historia, o las vi yo con mis propios ojos, o las hallé escritas, o me enteré de ellas por relato veracísimo y las escribí como mías. Nadie menosprecie tampoco este libro cuando encuentre en él estilo llano. Porque hemos escrito en estilo llano nuestros sermones para que estuviesen abiertos tanto a los entendidos como a los no entendido….si oigo predicar en griego o en alemán y no entiendo, ¿Qué provecho saco?...
…Así pues, esta obrita esta abierta a todos para que aproveche tanto a los entendidos en letras como a los que no entienden mucho. [Nota 2]
En concreto, de todo este compendio de libros nos vamos a centrar esencialmente en el libro V, escrito por un francés, un tal Aimeric Picaud.
LOS NAVARROS EN EL CODEX CALIXTINUS
El libro V del Codex Calixtinus dedica gran atención a los navarros; especialmente el capítulo VI, que trata de los ríos del Camino, de cuáles son potables y cuáles no, y el capítulo VII que habla de los distintos territorios por los que transcurre el camino y del carácter de sus gentes. En efecto el espacio que dedica a hablar de los navarros es sensiblemente mayor al que dedica a los castellanos o a los gallegos; incluso mayor que el que dedica a los territorios franceses que están antes de cruzar los Pirineos. No obstante , en esta ocasión la mayor atención a los navarros no es para bien, sino para mal. Dice el autor acerca de los navarros:
Éste es un pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en costumbres y modo de ser, colmado de maldades, oscuro de color, de aspecto inicuo, depravado, pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, en toda suerte de violencias ducho, feroz, silvestre, malvado y réprobo, impío y áspero, cruel y pendenciero, falto de cualquier virtud y diestro en todos los vicios e iniquidades; parecido en maldad a los getas y los sarracenos, y enemigos de nuestro pueblo galo en todo.
En otro lugar se dice:
Comen, beben y visten puercamente […], no con cuchara, sino con las manos, y suelen beber por un solo vaso. Si los vieras comer, los tomarías por perros o cerdos comiendo. Y si los oyeses hablar, te recordarían el ladrido de los perros, pues su lengua es completamente bárbara.
Y más adelante se censura su comportamiento lujurioso:
…el hombre y la mujer navarros se muestran mutuamente sus vergüenzas mientras se calientan. También usan los navarros de las bestias en impuros ayuntamientos. […] También besa lujuriosamente el sexo de la mujer y de la mula” [Nota 3]
El libro V del Codex Calixtinus dedica gran atención a los navarros; especialmente el capítulo VI, que trata de los ríos del Camino, de cuáles son potables y cuáles no, y el capítulo VII que habla de los distintos territorios por los que transcurre el camino y del carácter de sus gentes. En efecto el espacio que dedica a hablar de los navarros es sensiblemente mayor al que dedica a los castellanos o a los gallegos; incluso mayor que el que dedica a los territorios franceses que están antes de cruzar los Pirineos. |
|
Lo único bueno que dice de los navarros es que “se les considera buenos en batalla campal […], justos en el pago de diezmos y asiduos en las ofrendas a los altares”. [Nota 4 ] Vemos aquí un contraste entre la contundencia de las afirmaciones anteriores y el “se les considera” de esta última apreciación. Mientras que lo negativo lo afirma el autor, lo positivo es algo que se dice y que el autor asume pero sin afirmarlo contundentemente.
Antes de continuar sobra decir que nada de lo que afirma el autor se puede tomar al pie de la letra. Seguramente la mayoría de las cosas que escribe son rumores y habladurías de la época, que por supuesto el autor no se molestó en comprobar si eran ciertas, y en cualquier caso, todo está condicionado por los prejuicios que podía tener el autor.
La descripción de los navarros ha dado lugar a que se hable de “animadversión a la gente navarra”, que se ha intentado explicar de diversas maneras. En la Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco , se justifica esta animadversión porque el autor, que supuestamente hizo el camino antes de escribir, fue víctima (según cuenta) de un peaje abusivo que tuvo que pagar por la fuerza a causa de las amenazas de quienes lo cobraban. En efecto, en este mismo capítulo aparece como un hecho que tenía lugar a la salida de los pueblos de Ostabat y Saint Jeanne de Pied de Port, el que se cobrasen a la fuerza impuestos abusivos a los peregrinos. Pero los que han elaborado esta teoría no se han percatado de que los cobradores de impuestos son vascos y no navarros, y que el Codex distingue entre vascos (refiriéndose a los vascos de territorio francés) y navarros, de los cuales dice que se parecen mucho a los vascos en costumbres y carácter, pero no se dice en ningún momento que sean vascos. De hecho cuando se hace mención a algunas palabras del eusquera, se habla de la lengua de los navarros. Y cuando menciona los territorios de Álava y Guipúzcoa, dice que son navarros los que las habitan. Además, igual que no damos crédito a otras cosas que se dicen, tampoco tenemos que dar total credibilidad a la historia de los cobradores, aunque en efecto sí que podía haber gente que se aprovechara de los peregrinos. En cualquier caso este suceso no sería la causa de las críticas sino una crítica más.
Otros creen que la animadversión a los navarros vendría desde la batalla de Roncesvalles, en que fue derrotado el ejército de Carlomagno. Concretamente José FleguieraValverde dice así: “en este capítulo asoma, por primera vez en la guía, la animadversión a la gente navarra, hostilidad ligada a los orígenes de la épica francesa en la génesis de las gestas carolingias” [Nota 5]. Pero si hubo una batalla es porque ya existía una rivalidad, algo por otra parte habitual en aquella época entre vecinos. De todas formas no queda claro hasta qué punto la épica puede crear en la población animadversión hacia algo o alguien y no es precisamente la épica, creación popular o en todo caso para un público popular de gustos muy definidos, el reflejo de un pensamiento ya existente en la gente.
Es importante constatar que, aunque en menor medida, el autor del Codex habla mal de todos los pueblos distintos al suyo. Habla mal incluso de algunas regiones francesas como la Gascuña. De Castilla dice que es una tierra “llena de hombres malos y viciosos” [Nota 6]. Entre las regiones que recorre dentro de lo que podríamos denominar Hispania, sólo salva, y en parte, a los gallegos: “los gallegos, pues, se acomodan más perfectamente que las demás poblaciones españolas de atrasadas costumbres, a nuestro pueblo galo, pero son iracundos y muy litigiosos” [Nota 7 ]. En efecto se salva sólo en parte, pues aún les acusa de iracundos y litigiosos. Probablemente si salva a Galicia es porque considera que hay un parentesco entre ambos pueblos, debido al parecido en los nombres: g alleciana gens frente a gens gallica (y el parentesco existe, aunque tendríamos que remontarnos a la llegada de los celtas).
Hay otra nota en este pasaje de los gallegos que nos es reveladora, y es que habla de las distintas poblaciones hispanas como de pueblos de “atrasadas costumbres”. De todo lo negativo que ha dicho con anterioridad de navarros, castellanos y gallegos, lo que prevalece es esto, que son pueblos de atrasadas costumbres. Con lo cual, la conclusión más fácil es que si habla mal de los navarros y de los castellanos y de los vascos de territorio francés es para reafirmarse en la idea de que su “ pueblo galo” es el mejor y el más civilizado, frente a los otros que hablan de forma ruda, cuando no lenguas bárbaras, y tienen costumbres atrasadas. Y si habla peor de los navarros, es sencillamente porque habla más de los navarros, y si habla más de los navarros es porque están más próximos a los galos y por lo tanto ha habido más relación (y más fricción) entre ambas regiones. A esto hay que sumar la impresión que causaría en un francés escuchar una lengua como el vascuence que en nada se parecía a lo que él había escuchado. No es lo mismo un francés rudo, distorsionado, que algo completamente incomprensible, una lengua bárbara. Recordemos que” bárbaro” es una palabra onomatopéyica que acuñaron los griegos para designar a aquellos pueblos cuya lengua no entendían, a los cuales sólo oían balbucir. Y como cada pueblo ha tendido a creerse el ombligo del mundo, lo bárbaro es malo e incivilizado, porque lo distinto es malo e incivilizado. Ésa es básicamente la razón por la que el autor del Codex habla mal de los navarros y de las otras poblaciones “españolas” por las que pasa.
LOS RÍOS NAVARROS EN EL CODEX
El capítulo VI del libro V del Codex Calixtinus realiza una descripción de los ríos que bañan las tierras del Camino de Santiago. La finalidad es simplemente aportar información al peregrino acerca de qué aguas son recomendables para el consumo y cuáles no. Tiene un sentido meramente práctico. Nosotros nos vamos a centrar en los ríos navarros.
Comenzando desde Somport, el primer río con el que se encuentra el peregrino es el Aragón (Aragonu) del cual se dice que es sanum, es decir, potable. Saltando a continuación al camino que procede de Saint Jean de Pied de Port nos encontramos en primer lugar un tal Runa, río del que explica que baña la ciudad de Pamplona (Pampilonia) y que pasa por Puente la Reina (Pons Regina). Hay testimonios de que en el pasado se denominaba así al río Arga, pero no se sabe con claridad la procedencia exacta del término. Hay quien lo relaciona con el nombre en vascuence de Pamplona, Iruña. Sin embargo no son comunes en eusquera las palabras que empiezan por r. En el mismo Codex Calixtinus ya se hace referencia a este río en el libro IV, capítulo XI. Como curiosidad, todavía existe hoy día en Pamplona el parque de la Runa, a las orillas del río. La primera vez no obstante que el autor se refiere al río Runa, lo hace por una confusión, pues en realidad estaba ante el río Urrobi, que no pasa por Pamplona y que es afluente del Irati, afluente éste a su vez del Aragón. Sí que menciona al río Arga como tal a su paso por Puente la Reina , pero no lo identifica con el Runa sino que lo considera un río distinto. En su traducción anotada del Codex, el profesor Moralejo propone que lo pudo confundir con un riachuelo llamado Ilzarbe que es afluente del otro [Nota 8]. El autor califica al río Runa como sanum, es decir, potable.
A continuación pasa a hablar del río Salado (Riuus Salatus). Pese a ser un riachuelo de poca importancia, se detiene a explicar la mala calidad de sus aguas (flumen letiferum, río mortífero), acompañando la explicación con una anécdota supuestamente vivida en primera persona. No se le puede dar mucha credibilidad al episodio, pues está narrado en el mismo tono de animadversión hacia los navarros ya comentado en el capítulo anterior. Cuenta cómo al pasar por dicho río encontraron el autor y sus acompañantes a dos navarros sentados en la orilla, afilando sendas navajas. Al preguntarles por la calidad de las aguas, éstos contestaron que era buena, por lo que dieron de beber de ella a sus caballos, dos de los cuales murieron al instante. Los navarros entonces los desollaron. Probablemente se trate de una historieta popular.
Tal vez fuel el propio nombre del río, Salatus, lo que llevó al autor a considerar mortíferas sus aguas, pues del río Ega (Aiega), al contrario, dice que tiene un agua dulce, sana y muy buena (ipsa est limpha dulcis, sana et obtima). Este adjetivo dulcis, redundante en este caso tratándose de un río, aparece aquí como oposición al nombre del río anterior, Salatum. Por eso podemos decir que el autor asociaba salado a no potable. El río Ega (Aiega), que pasa por Estella (Stella), es el último río de Navarra del que dice que sus aguas son buenas. El siguiente en tener buenas aguas será el Ebro (Ebra), pero ya en Logroño (Grugnum).
En efecto todos los ríos que están entre Estella y Logroño los considera nocivos y mortíferos. Llega a identificar cuatro pero sin especificar su nombre: uno a la altura de Los Arcos (Arcus), otro entre Los Arcos y un hospital habilitado para peregrinos, otro a la altura de Torres del Río (Turres) y un cuarto en una villa llamada Covas (Cuevas), que Altadill identifica con un arrabal de la actual Viana. Tres de estos ríos, según el profesor Moralejo, pueden corresponderse con los actuales Odrón, Linares y el riachuelo La Presa [Nota 9]. Falta por identificar el que estaría entre los Arcos y el hospital, que tal vez pueda tratarse del actual arroyo de San Pedro.
Finalmente, del Ebro dice que es un río enorme, de agua potable y abundante en peces (decurrit ingens aqua, nomine Ebra, que est sana et piscibus abundat). Tal vez sea anecdótico, pero no deja de ser curioso que los ríos considerados potables son justamente los más caudalosos de los que encuentra, mientras que aquellos que denomina mortíferos o malsanos son muchas veces tan solo arroyos o riachuelos carentes de importancia.
BIBLIOGRAFÍA
MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951.
ROMERO DE LECEA, CARLOS; GERRA CAMPOS, JOSÉ, y FILGUEIRA VALVERDE, JOSÉ, Libro de la peregrinación del códice Calixtino, Madrid 1971.
VIELLIARD, JEANNE, Guide du pèlerin de Saint- Jacques de Compstelle, Macon,1969.
V.V.A.A., ENCICLOPEDIA GENERAL ILUSTRADA DEL PAÍS VASCO, San Sebastián, 1989.
NOTAS
1.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; p. [Volver al texto]
2.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; p. 3 [Volver al texto]
3.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; pp. 519-521. [Volver al texto]
4.- Idem; p. 521. [Volver al texto]
5.- ROMERO DE LECEA, CARLOS; GERRA CAMPOS, JOSÉ, y FILGUEIRA VALVERDE, JOSÉ, Libro de la peregrinación del códice Calixtino, Madrid 1971; p. 36. [Volver al texto]
6.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; p. 523. [Volver al texto]
7.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; p.523. [Volver al texto]
8.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; p. 510. [Volver al texto]
9.- MORALEJO, A.; TORRES, C., y FEO, J., Liber sacti Jacobi Codex Calixtinus, Santiago 1951; p. 511. [Volver al texto]
|