MONJES Y PEREGRINOS EN EL CAMINO FRANCÉS A SU PASO POR NAVARRA
José Javier Lasunción Urdániz
MONASTERIO CISTERCIENSE DE SANTA MARÍA DE IRANZU
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Iranzu y Estella nos hablan de dos realidades vigorosas de la Cristiandad Medieval: Dos estados, dos modos eminentes de realizar el ideal de plenitud medieval, monacato y peregrinación, que tienen en común la "fuga saeculi" y una poderosa irradiación transformadora de su entorno, cuyas huellas son visibles en el presente, tras haber superado la ineludible erosión del correr del tiempo.
Más allá de las concreciones de un tiempo pretérito, siempre sometidas como cualquier realidad humana a infinidad de condicionantes y límites, los dos estados de vida en la Iglesia siguen vigentes y, al menos, las peregrinaciones a Santiago dan muestras en el presente de una encomiable vitalidad.
Los monjes renuncian a los afanes seculares para concentrar toda su energía en la contemplación y la alabanza divinas. Se constituyen así en creadores de un nuevo modelo de sociedad humana, pautada por el ritmo de la oración, el trabajo y el servicio común.
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En torno a los monasterios florece no sólo la piedad, sino también la cultura, el progreso económico, las mejoras agrarias y las nuevas roturaciones, la medicina natural, la música, los estilos artísticos, etc. |
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Aunque pueda resultar paradójico, su alejamiento del mundo no los inhabilita para el cultivo de las ciencias sagradas, las letras y los conocimientos técnicos; antes al contrario, en los siglos oscuros altomedievales, el monacato es el gran protagonista de esa nueva síntesis cultural que llamamos la primera Europa, la Cristiandad. En torno a los monasterios florece no sólo la piedad, sino también la cultura, el progreso económico, las mejoras agrarias y las nuevas roturaciones, la medicina natural, la música, los estilos artísticos, etc.
El Císter es la última de las grandes plasmaciones del monacato medieval. Expandido por toda Europa por la acción de San Bernardo de Claraval, en la primera mitad del siglo XII, la nueva Orden cuenta a la muerte del santo con 59 monasterios en España: El de Fitero (en el sur de Navarra) puja por ser el primero fundado en la península.
El monasterio de Santa María de Iranzu se funda en 1176 con el patrocinio del Obispo de Pamplona. Su ubicación, en lo recóndito de un valle solitario, señala la preferencia de la Orden por asegurar el silencio, el alejamiento de las ciudades y en suma el ideal monástico en su puridad. También su arquitectura (muy reconstruida a mediados del siglo XX para paliar el abandono al que se vio sometida desde el fin de la I guerra carlista) muestra ese gusto por la sencillez geométrica y la desnudez ornamental que propuso San Bernardo para garantizar que sus monjes no se distrajeran de la meditación de la Palabra de Dios por culpa de imágenes suntuosas o caprichosas.

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