EL CAMINO DE SANTIAGO, ENCRUCIJADA GEOGRÁFICA
Bienvenido Gazapo Andrade
El viejo camino francés penetra en España por los pasos navarro y aragonés de la cordillera pirenaica. Atraviesa luego piedemontes y páramos en los valles del Ebro (Navarra, Rioja) y del Duero (Submeseta Norte), finalizando en Compostela tras recorrer el Macizo Gallego.
Llanuras y montañas, soles y fríos, lluvias o sequedades imponen sus exigencias a la vieja ruta jacobea que, siendo tan estrecha como un cordel de más de 700 kilómetros, ofrece una tipología geográfica variada e interesante.
Tipología climática
Tres grandes tipos climáticos nos encontramos a lo largo de la ruta jacobea:
1. Clima subalpino (húmedo y frío) . Desde el punto de vista térmico está afectado por la altitud: tiene un largo invierno (6 meses del año con presencia del frío y la nieve) y un verano moderado (agosto no supera los 17 0 C de media). Desde el punto de vista de las precipitaciones, son importantes en todo el año, incluso en los meses de verano. Somport, Roncesvalles o el Cebreiro padecen este clima.
2. Clima oceánico (húmedo y templado). La gran protagonista es la lluvia, presente en las cuatro estaciones (Santiago recibe 1.543 l/m 2 ). Las temperaturas son suaves, sin existencia de verdadero invierno térmico (ningún mes tiene temperaturas medias inferiores a 6 0 C ). Este tipo climático afectaría a todo el camino gallego.
3. Clima continental (seco). Está caracterizado desde el punto de vista de las precipitaciones por la presencia de la sequedad (especialmente en verano), ya que llueve por debajo de los 600 l/m 2 . Térmicamente advertimos la existencia de unos veranos más calurosos que en los tipos anteriores y los inviernos más fríos que en el oceánico. Los sectores navarro-riojano del valle del Ebro y meseteño en Burgos, Palencia y León , ofrecen este tipo climático.
Fuera de estos tres grandes tipos, cabe toda una gama de transición, más difícil de advertir: La Cuenca de Pamplona, la Tierra de Estella, o la Maragatería, van perdiendo gradualmente valores de humedad y transformándose en climas mediterráneos continentales (la secuencia de especies vegetales xerófilas da testimonio de ello). Asimismo aparecen a nivel muy localizado los microclimas (el Bierzo, por ejemplo) con la originalidad de una vegetación natural, atípica en su entorno.
1. La Cordillera pirenaica. Desde el Golfo de Vizcaya hasta el Cabo de Creus, aparece este murallón de 435 km aproximadamente de extensión que en dirección NO-SE separa España de Francia.
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| Cordilleras interiores pirenaicas |
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Estructuralmente presenta dos unidades diferenciadas por los geomorfólogos: el Pirineo axil y el Prepirineo . El primero es el más alto, constituyendo la divisoria de aguas. Litológicamente está formado por fragmentos de zócalo precámbrico y materiales paleozoicos intensamente plegados, que fueron levantados verticalmente en la orogénesis alpina. El Prepirineo es más complejo, si cabe, que el axil, dividido a su vez en Cordilleras Interiores, Exteriores y Depresión Media.
Nuestra ruta aragonesa atraviesa en Somport el Pirineo axil y las cordilleras interiores para desembocar en la canal de Berdún por Jaca. El camino navarro también atraviesa un fragmento de Pirineo axil emergente en el islote paleozoico de Quinto Real , que desaparece en Roncesvalles bajo los sedimentos que conforman la Cuenca de Pamplona.
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El Valle del Ebro |
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2. El Valle del Ebro. Cuando el Camino aragonés llega a Sangüesa y el navarro al Alto del Perdón, entramos en la segunda gran unidad de relieve hispánico: el Valle del Ebro, una cuenca sedimentaria de forma triangular con vértice en tierras de Haro ( La Rioja ) y base en la cordillera Costero Catalana, encerrada por los Pirineos al norte y por el Sistema Ibérico al sur.
Nuestra ruta atraviesa el valle del Ebro muy en su margen noroccidental, pero desde el Alto del Perdón, en Navarra, hasta Santo Domingo de la Calzada , podemos observar la secuencia de deposición sedimentaria desde el oligoceno hasta las grandes terrazas fluviales del Ebro y sus afluentes Tirón, Najerilla y Oja. El ataque fluvial en las arcillas de Nájera, merecen atención.
3. El Sistema Ibérico. Entre las cuencas sedimentarias del Ebro y del Duero, nuestro camino hacia Burgos atraviesa la comarca de la Bureba , verdadero corredor de enlace entre ambas depresiones. Desde aquí observamos a nuestra izquierda (es decir, al sur) no muy lejos, el Macizo de la Demanda,
extremo nororiental del Sistema Ibérico, otra gran unidad de relieve peninsular correspondiente al reborde oriental de la Meseta , que se extiende desde estas tierras hasta el Mediterráneo.
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Páramos y tierras de campos palentinos |
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4. El Valle del Duero. Desde la Bureba hasta las tierras de Astorga, el camino atraviesa de este a oeste, en jornadas fatigosas y monótonas, toda la zona septentrional de la cuenca sedimentaria del Duero, también llamada submeseta norte. Una inmensa llanura como la del Ebro, drenada por el Duero y sus afluentes. Como en la del Ebro, nos encontramos con un receptáculo de sedimentos terciarios lacustres y cuaternarios fluviales, posteriores al plegamiento alpino. La litología es básicamente la misma: rocas detríticas en los márgenes de la cubeta y evaporitas en el centro de la misma.
Se distinguen en esta interminable llanura dos formas de relieve fundamentales, correspondientes al fondo de la cuenca: los páramos , relieves residuales en las calizas, respetados por la erosión fluvial y la tierra de campos : campiñas excavadas por los torrentes en las rocas menos resistentes, ocupadas hoy por tierras de labor.
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El macizo gallego |
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5. El Macizo Gallego. Galicia está constituida por los restos del viejo zócalo paleozoico (fracturado, dislocado y rejuvenecido en la orogénesis Alpina) que se hunde en el Atlántico por el norte y oeste y queda limitado al este por la cordillera Cantábrica y al sur por los montes de León. Al ser producto de la rotura y dislocamiento de una vieja penillanura, su solar estará estructuralmente invadido por centenares de fracturas que se cortan ortogonalmente. Por ellas se han encajado ríos y torrentes compartimentando el relieve de una forma casi calidoscópica.
Las formas de relieve dependen directamente de esta estructura fallada: En Galicia oriental (primera que atraviesa el Camino de Santiago), en la que predomina el roquedo metamórfico, aparecen los relieves apalachenses excavados en pizarras y cuarcitas. En Galicia occidental, aparece la penillanura (superficie suavemente alomada, tallada por la erosión) despedazada, dando lugar a un conjunto de plataformas hundidas y elevadas, como las teclas de un piano.
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