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FORUNIVER / El camino de la belleza / Una frase de Aristóteles para meditar

 FORUNIVER OTOÑO 2011

COMUNICACIÓN

UNA FRASE DE ARISTÓTELES PARA MEDITAR

Lo que es y lo que debe ser

 

Cuadro de las Lanzas, Velázquez

Cuadro de las Lanzas, Velázquez

“La Poesía aventaja a la Historia, en que si la Historia narra los sucesos como son, la Poesía los muestra cómo deben ser”

Aristóteles

Leí hace mucho, y no recuerdo el libro, que en su Poética, Aristóteles afirmaba que “La Poesía aventaja a la Historia, en que si la Historia narra los sucesos como son, la Poesía los muestra cómo deben ser”. El entrecomillado no pretende marcar una cita textual, sino la frase tal como la recuerdo.

Lo que sí recuerdo que leí en El Quijote, II Parte, Cap. III, ese “Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza y el Bachiller Sansón Carrasco”, en casa de nuestro hidalgo caballero, que se reponía de su segunda salida, es lo siguiente : “-Así es -replicó Sansón-, pero uno es escribir como poeta y otro como historiador: el poeta puede contar, o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.”

Sentado que dos autoridades de nuestra cultura coinciden hasta el aparente plagio de Cervantes, veamos un par de ejemplos mostrando la verdad de lo que afirman:

1º.- El primero he de reconocer que es un auténtico plagio a lo que escuché de nuestro querido, amado y nunca bien ponderado amigo y maestro D. Santiago Arellano Hernández. Si él está aquí escuchando, tome los trastes de torear al micrófono, o al menos constitúyase en “director de lidia” si acaso desbarrara en mi faena. Es una jota navarra que mil afortunadas han oído del mozo rondador que las amaba:

Traigo el corazón herido
por el puñal de una mora,
y vengo a que me lo cures:
Me han dicho que eres doctora.

Jota navarra

Siendo un romance popular, cumple con el canon de belleza formal que se espera, si bien la asonancia de rima del romance, aquí consuena; hay ritmo y métrica adecuados. Bien.

Pero si nos fijamos en el mensaje de las palabras, cabría preguntarse: ¿De cuántas mujeres se habla?

De los niveles de intelección del texto, el más literal nos llevaría a imaginar entrando por el Servicio de Urgencias de cualquiera de nuestros Hospitales, la escalofriante sangría que trae un apuñalado. De ser el mensaje una “Crónica de Sucesos”, tendríamos que aceptar que en la jota se habla de dos mujeres, la apuñaladora y la doctora. Pero lo desechamos enseguida, pues nadie con una herida tal, se expresa con la delicadeza del paciente. Damos por sentado que este nivel literal ha de reinterpretarse en otro plano.

Cayendo en la cuenta de la tradición literaria que describe el amor como herida, y la capacidad que una mirada amorosa tiene para transir el corazón más duro, entendemos que el autor nos plantea un lance amoroso; lance amoroso producido por una mirada-puñal proveniente de unos ojos, que si son de una mora, esa “mora” no es necesariamente una norteafricana, más bien nos habla de un mirar, capaz de recoger en su intensidad amorosa, toda la persona y personalidad femenina, de tal forma que el resto de su corporeidad parece y aparece como velado. Cuando unos ojos femeninos miran así, no necesitan mirar mucho rato, será seguramente una mirada rápida, fugaz, como una puñalada, y como puñalada, será una mirada traidora, inesperada… pero tan eficaz que ahí tenemos al paciente pidiendo curación; pero curación ¿a quién? Pues ¡vaya pregunta!, a quién tiene el poder de curarle.

¿Podemos imaginar al enamorado pidiendo cura a cualquier “doctora”? Mire usted, el ser humano no es así. Cierto que puede obrar como el gallo del corral que si se ve desdeñado de alguna gallina se va a otra. Si viéramos a nuestro herido galán tras cualquier “doctora”, como gallo en el plano de los instintos, nos habríamos quedado sin drama, pues el mensaje del romance sería más o menos: Oye “doctora”, que quiero a una y vengo a que me quieras tú. El mensaje chirría, cojea… Es más, no se habría dado cuenta de los ojos, del puñal ni de la mora, por tanto no se sentiría herido, no se sabría herido.

¿Dónde esplendece el sentido de nuestro romancico?, en ese nivel donde nuestro doncel percibe los ojos, el puñal de la mora, se siente y sabe herido, y además “se saborea” herido, sufre con gozo esa herida, y viene a mostrarla rendido a la única que puede remediarlo. Sí, nuestro paciente sabe ¡y muy bien! que la única doctora que puede curarle es la misma “mora” “apuñaladora” y “traidora” de sus dolores.

Que eso es así, y que debe ser así, lo percibimos como lo adecuado, lo ajustado al ser humano. Es más, de las posibles y probables soluciones al drama, cuyo argumento podría ser: Un joven percibe en la mirada furtiva y fugaz de una chica, un mensaje de amor que le inclina a corresponder; ¿en cuál de ellas se resolvería el drama con más belleza?.

Ahí dejo a la interpretación de cada uno este conflicto humano, que, como todos, está llamado a resolverse, debe resolverse, y como todo conflicto humano, es deseable que sea resuelto de la mejor manera posible, de la forma más feliz para todos; no en vano nuestros cuentos infantiles terminan siempre con el tópico de “y fueron felices, y comieron perdices”, y es que los tópicos llegan a ser tópicos por algo.

2º.- El segundo ejemplo que propongo es un vistazo al Cuadro de las Lanzas de Velázquez. Concretamente a la escena central en la que Ambrosio de Espínola recoge no las llaves de Breda, que para eso es para lo que había ido, había combatido, había padecido, había enterrado a sus muertos. Recoger las llaves era su deber ante él mismo, ante sus tropas y ante su Rey. Sin embargo no, lo que recoge Ambrosio de Espínola –y en un ademán que parece ofrecer un abrazo- es a Justino de Nassau.

No me entretengo ni os entretengo más en este punto. Me quedo contemplando con asombro y tremor la escena que debió meditar Velázquez antes de plasmarla. La mirada de Espínola no va dirigida a las llaves, que, insisto, es para eso para lo que estaba allí, era su deber recoger las llaves, pero surge, imprevistamente, que el de Nassau parece iniciar un movimiento de genuflexión, y un caballero cristiano, viendo a un ser humano abrumado por la desgracia y apeado de la gallardía de su condición humana, entra en conflicto: ¿Qué debo hacer antes, recoger las llaves o acoger al hombre?.

Debe ser cierta la frase aristotélico-cervantina sobre la Poesía, aplicada también al arte en general, pues cuando el arte, tiende a expresar lo que debe ser, nos hace vivir en el gesto de Espínola del cuadro de Las Lanzas, esa suspensión, esa sensación, esa vivencia que produce la contemplación de un sencillo gesto cargado de tal calidad y calidez humanas que nos transporta a la Belleza, a ese mundo que nuestros ancestros griegos, paganos como eran, definieron como “entusiasmo” –entheusis-: endiosamiento.

Como la frase de Aristóteles me parece un buen itinerario para descubrir la Belleza, meditarla, rumiarla, saborearla, darle vueltas y revueltas, creo que depara sorpresas inesperadas. Recordémosla: “La Poesía aventaja a la Historia, en que si la Historia narra los sucesos como son, la Poesía los muestra cómo deben ser”.

“Como deben ser”… Como están llamados a ser, … como se espera que sean, … como tienen capacidad de ser …

¿Cómo debe ser cualquier vulgar Aldonza Lorenzo?, sencillamente una Dulcinea.

¿Por qué cualquier ventorro de los caminos del Ingenioso Hidalgo era un Castillo? Porque eso es lo que debían ser; a ser Castillo están llamados todos los pobres ventorros. Si no lo son es por la ruindad del ventero, que estando llamado a ser en cada momento el señor que se espera que sea –como ocurre con el Caballero del Verde Gabán- se queda en su realidad más inmediata, sin percibir la realidad más egregia a la que está llamado, y en la que encontrarían la redención a su vulgaridad, como la encontró la pobre Maritornes, que de vender su cuerpo en la posta, pasó, por ser tratada como Señora y Señora Principal, a redimirse; viendo al pobre Sancho Panza molido por el manteo sufrido de los maleantes, acudió con un jarro a socorrerle y “como al primer trago vio –Sancho Panza- que era agua, no quiso pasar adelante, y rogó a Maritornes que se le trujese de vino, y así lo hizo ella de muy buena voluntad, y lo pagó de su mesmo dinero; porque, en efecto, se dice della que, aunque estaba en aquel trato, tenía unas sombras y lejos de cristiana.”

Podríamos seguir recorriendo las aventuras de Don Quijote, que por ser el hombre que “vive en poesía” llama a cada ser a sobreelevarse sobre su insuficiencia, los llama a lo que deben ser: No seáis rebaño de carneros, sed Ejércitos. No os conforméis con ser Molinos inertes movidos por el viento si es que sopla: Sed gigantes. No os conforméis en vuestro ser delincuentes condenados a galeras: Sed galeotes voluntarios para llevar a Dulcinea la noticia del gran amor de esclavitud que le rinde mi corazón. Sed los duques que debéis ser y no caigáis de la grandeza debida, pues (II Parte, Cap. LXX) “Y dice más Cide Hamete: que tiene para sí ser tan locos los (duques) burladores como los burlados, y que no estaban los duques dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos.” Al fin y al cabo hicieron lo que tantos y tantos que se rieron de Don Quijote.

He dicho más arriba refiriéndome a la ventas y venteros que no llegaban a ser esos Castillos y Castellanos que se esperaba que fuesen, por quedarse en la realidad ruin que les rodea, y en nuestra lengua realidad viene de “real”, que si significa lo que tiene existencia verdadera y efectiva, también significa lo relativo al rey, lo egregio, que desde su etimología ex gregis nos está diciendo ¡salid del rebaño!, que toda realidad tiene capacidad para dar ámbito a la grandeza de la dignidad humana, como nos cuenta Víktor Frankl que la mostraban aquellos compañeros suyos en los campos de concentración nazis, vejados cruelmente en su dignidad, pero que salían de sus barracones a contemplar la belleza de una puesta de sol.

Pero volvamos a la frase “lo que debe ser”, pues remite a una deuda, que como todas ha de ser saldada, pagada. Todo conflicto humano, toda situación, es encrucijada en la que los participantes, están llamados a resolverla dando lo mejor de sí. Cuando se aprende a ver la realidad, cada realidad, en sus virtualidades más fecundas, la realidad, cada realidad, llama a entrar en relación con ella. Don Alfonso López Quintás gusta del ejemplo del piano ante el que caben múltiples formas de relación. El constructor y el afinador de pianos tienen su forma egregia de relacionarse con ellos, pero también la señora de la casa que con mimo le quita hasta esa mota de polvo invisible, si bien las virtualidades de un piano las desentraña sólo un buen pianista sentado a su teclado. Cierto que también existe la posibilidad de relacionarse con el piano, si éste cae encima de alguien que pasaba por debajo cuando lo subían al décimo piso, en este caso la materialidad objetual del piano, no se ha sabido o podido contener en sus límites, y se ha extralimitado a fines para los que no estaba llamado, su realidad material objetual desmadrada le ha hecho fracasar como piano, y consecuencia de ello ha sido aplastar a alguien, circunstancia ésta la más alejada de los fines para lo que fue concebido.

Bueno. Y ya está bien, que una forma de ser un piano cayendo pesadamente es seguir hablando yo. Pero como la frase de Aristóteles tiene aún mucho que meditar. ¿Meditamos?

Javier Melchor de Abajo Medina


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