EL CAMINO DE LA BELLEZA
Burgos, 4 - 6 de noviembre de 2011
PROGRAMA DE ACTIVIDADES
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El arte era para Beethoven una forma privilegiada de participación en un reino de belleza extraordinaria, y de comunicarla en alguna medida a los hombres. El arte no es propiedad de los artistas; es un don que ha de ser acogido con agradecimiento y asumido en forma de diálogo.
Las obras de arte no se “hacen”o “producen”. Se crean como fruto de un encuentro.
Beethoven solía pasear por el campo antes de componer a fin de inspirarse. El contacto con la naturaleza encendía su inspiración porque veía todos los seres como huellas del Creador, podía entender su mensaje profundo y dialogar con ellos. “Lo más bello que hay en el mundo, escribió en una ocasión, es un rayo de sol atravesando la copa de un árbol”.
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS
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FORUNIVER, Foro Universitario de Otoño 2011, se ofrece de nuevo como un ámbito de encuentro y de amistad en el que se dan cita profesores, alumnos y profesionales de diferentes ámbitos para reflexionar juntos sobre un tema esencial.
No es la primera vez que nos centramos en el tema de la Belleza. De hecho, la belleza está siempre presente, porque es una metodología esencial, un camino privilegiado, que nos permite asomarnos a lo humano permanente. El arte es espejo de la condición humana, y la aspiración a la belleza una de sus dimensiones más fundamentales, estrechamente vinculada a la cuestión del sentido y del significado de la vida.
En un bello fragmento de su diálogo Fedro, Platón describe una forma de “locura”, que también llama “entusiasmo”, e identifica con el amor a la belleza: “Cuando alguien contempla la belleza de este mundo, recordando la verdadera, le salen alas, y así, experimenta deseos de alzar el vuelo, y al no lograrlo mira hacia arriba como si fuera un pájaro… Esta es la mejor forma de entusiasmo, tanto para el que la posee como para que el que con ella se comunica; y al que participa de esta forma de locura, se le llama enamorado” (Fedro, 249, d-e).
El encuentro con la belleza adopta la forma de un diálogo, de una relación con la fuente de la belleza, y produce una convulsión interna que impulsa hacia lo más elevado de uno mismo. La belleza conmueve y tiene un poder transformador. Pero requiere la capacidad de contemplar: una forma de mirar y de escuchar que no es simplemente la de los sentidos. Es más bien la del corazón. No es un simple placer. Es gozo.
La belleza es también un camino y una puerta hacia una dimensión no visible, hacia la trascendencia. Tiene mucho de misterio, y para muchos, desde Pitágoras, es una prueba inequívoca de que el ser humano es también espíritu.
La belleza no es racional ni meramente sensible. Es íntima y a la vez efusiva, hondura y relación. Cuado se da no se pierde. Cuando atraviesa la corporalidad humana –vista, oído, tacto, movimiento…- se hace contemplación, admiración, reverencia. Algunos hablan de experiencia mística. En todo caso, como espejo de la naturaleza abierta del ser humano, manifiesta que somos algo más que meros animales que buscan la satisfacción de sus necesidades inmediatas de supervivencia.
La belleza es el esplendor de lo real. Participar de ella es experimentar el orden que atraviesa el mundo y lo convierte en un ámbito de sentido y significado. Pero también la belleza es comunicación, encuentro, exaltación, experiencia amorosa. Presentimiento de algo más, que tiene que ver con el deseo radical del corazón humano.
FORUNIVER es una Escuela de valores humanos que pretende suscitar el encuentro con los valores de sentido, esos a los que en el fondo aspira el corazón.
En nombre de todos cuantos hemos puesto nuestro entusiasmo en esta aventura ilusionante, te envío nuestra invitación más cordial. Te esperamos. No vengas solo/a. FORUNIVER es una amistad que crece. Gaudeamus!
Andrés Jiménez Abad, director pedagógico.
Hotel CIUDAD DE BURGOS
Carretera Madrid-Irún km. 249.
09199 BURGOS-RUBENA Dirección Vitoria
(Salida 2 de la Autopista AP-1)
Tno. 947 431 041
Precio (Material incluido):
Alumnos: 85 euros
Profesionales: 100 euros
Forma de pago:
Transferencia a la c/c.:
2054 0120 20 9124185979 (Equipo Ágora),
(indicando: “Nombre y apellidos”)
Información e inscripciones
Equipo Pedagógico Ágora |
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PROFESORES PONENTES INVITADOS
• D. DANIEL RODRÍGUEZ DIEGO
Licenciado en Humanidades e historia del Arte.
Experto en Arte Oriental.
• D. SANTIAGO ARELLANO HERNÁNDEZ
Catedrático de Literatura.
Exdirector del Instituto Nacional de Evaluación y Calidad del Sistema Educativo.
Galardonado con la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.
PROGRAMA DE ACTIVIDADES

Tal vez os ha sucedido alguna vez ante una escultura, un cuadro, algunos versos de una poesía o un fragmento musical, experimentar una profunda emoción, una sensación de alegría, es decir, de percibir claramente que ante vosotros no había sólo materia, un trozo de mármol o de bronce, una tela pintada, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande, algo que «habla», capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el alma. Una obra de arte es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se cuestiona ante la realidad visible, busca descubrir su sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de infinito. Más aún, es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, impulsándonos hacia lo alto.
Pero hay expresiones artísticas que son auténticos caminos hacia Dios, la Belleza suprema; más aún, son una ayuda para crecer en la relación con él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que expresan la fe. Podemos encontrar un ejemplo cuando visitamos una catedral gótica: quedamos arrebatados por las líneas verticales que se recortan hacia el cielo y atraen hacia lo alto nuestra mirada y nuestro espíritu, mientras al mismo tiempo nos sentimos pequeños, pero con deseos de plenitud… O cuando entramos en una iglesia románica: se nos invita de forma espontánea al recogimiento y a la oración. Percibimos que en estos espléndidos edificios está de algún modo encerrada la fe de generaciones. O también, cuando escuchamos un fragmento de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro espíritu se ve como dilatado y ayudado para dirigirse a Dios. Vuelve a mi mente un concierto de piezas musicales de Johann Sebastian Bach, en Munich, dirigido por Leonard Bernstein. Al concluir el último fragmento, en una de las Cantatas, sentí, no por razonamiento, sino en lo más profundo del corazón, que lo que había escuchado me había transmitido verdad, verdad del sumo compositor, y me impulsaba a dar gracias a Dios. Junto a mí estaba el obispo luterano de Munich y espontáneamente le dije: «Escuchando esto se comprende: es verdad; es verdadera la fe tan fuerte, y la belleza que expresa irresistiblemente la presencia de la verdad de Dios». ¡Cuántas veces cuadros o frescos, fruto de la fe del artista, en sus formas, en sus colores, en su luz, nos impulsan a dirigir el pensamiento a Dios y aumentan en nosotros el deseo de beber en la fuente de toda belleza! Es profundamente verdadero lo que escribió un gran artista, Marc Chagall: que durante siglos los pintores mojaron su pincel en el alfabeto colorido de la Biblia. ¡Cuántas veces entonces las expresiones artísticas pueden ser ocasiones para que nos acordemos de Dios, para ayudar a nuestra oración o también a la conversión del corazón! Paul Claudel, famoso poeta, dramaturgo y diplomático francés, en la basílica de «Notre Dame» de París, en 1886, precisamente escuchando el canto del Magníficat durante la Misa de Navidad, percibió la presencia de Dios. No había entrado en la iglesia por motivos de fe; había entrado precisamente para buscar argumentos contra los cristianos, y, en cambio, la gracia de Dios obró en su corazón.
Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino... La visita a los lugares de arte no ha de ser sólo ocasión de enriquecimiento cultural —también esto—, sino sobre todo un momento de estímulo para… detenerse a contemplar —en el paso de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que significa— el rayo de belleza que nos toca, que casi nos «hiere» en lo profundo y nos invita a elevarnos hacia Dios.
BENEDICTO XVI, 31 agosto 2011 |
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LA JOVEN DE LA PERLA
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