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FORUNIVER / El camino de la belleza / Arte, belleza y trascendencia

 FORUNIVER OTOÑO 2011

COMUNICACIÓN

ARTE, BELLEZA Y TRASCENDENCIA

“LA IGLESIA Y LA SOCIEDAD NECESITAN DEL ARTE. LOS ARTISTAS SOIS GENIALES CONSTRUCTORES DE LA BELLEZA” BEATO JPII

 

Este pasado año he comenzado de lleno con la que considero mi verdadera vocación: la pintura.

A pesar de haber estudiado Marketing en Sevilla y Madrid, Dirección Internacional en Paris y trabajar en el sector de la Comunicación y el Marketing en estas ciudades, he considerado necesario dejarlo todo por la pintura.

¿Por qué este cambio de rumbo?

Fue tras mantener una “conversación” con JPII en su tumba en Septiembre 2010 y en donde le pedí encarecidamente: “Si realmente es voluntad de Dios que me dedique a la pintura de manera profesional, tendrás que ser mi mecenas” (ese mismo mes de Agosto había expuesto en el norte de Italia, cerca de Lago di Como, como pintora autodidacta).

Me atreví a pedírseloy no tardó en responder. Él fue también artista. Esa misma tarde en Roma, tomé la foto de JPII de un viejo libro que encontré providencialmente en la casa de la Hermanas de San José y me dije : “Éste será mi primer retrato”.

Y así fue, pinté en Enero 2011 elcuadro de JPII, a través del cual mi pintura se ha dado a conocer más rápidamente y gracias al cual estoy comenzando atener mayor número de oportunidades en el mundo del arte.

Tras esta breve y necesaria introducción para explicar mi viraje, puedo ahora desarrollar de manera más clara y precisa las siguientes preguntas:

¿Por qué me dedico a la pintura? ¿Qué quiero transmitir a través de mis cuadros? ¿En qué baso y voy a basar mi pintura en un futuro?

Mis fuentes donde bebo agua clara de sabiduría artística, donde encuentro las respuestas a mis preguntas y me dan una idea correcta de lo que es el arte en general y el arte cristiano en particular, su utilidad e importancia, estas enseñanzas a través de las cuales me instruyo e inspiro son:

  • Todos los escritos de Benedicto XVI que hacen alusión a la Belleza entre ellos el encuentro que tuvo con los artistas en la Capilla Sixtina en 2009”
  • “La Carta de SS Juan Pablo II a los artistas de 1999”
  • Los textos semanales de “Arte Cristiano en el Zenit de Rodolfo Papa”
  • La recién comenzada “Escuela de Arte Cristiano” en Alcalá de Henares
  • Y mi maestros en pintura “Velázquez y Joaquín Sorolla”

Estamos en una época importante para el arte. Desde Pío XII hasta Benedicto XVI han sido Papas impulsores del arte, destacando a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, a los que he escuchado con gran interés, debido también a la cercanía. Los Papas nos han ayudado con sus enseñanzas y consejos para que los artistas encontremos un rumbo fijo hacia la Belleza y que ésta no quede desvirtuada por la moda imperante y la mala utilización del lenguaje.

El relativismo ha impregnado el arte y nuestra sociedad, donde todo vale, bajo una cultura permisiva. No hay cánones de belleza auténticos, porque no hay mayor razón ni regla que el propio gusto o capricho personal.

Este relativismo daña a la persona, al artista y por supuesto se muestra en el resultado: la obra.

Pinturas sin contenido que solo representan el malestar del artista. Expresan su pobreza interior, de una manera a veces grotesca e inhumana, exaltando la fealdad como norma y principio del genio artístico y la originalidad que termina siendo sinónimo de extravagancia.

La persona original es la que muestra su propia idea su “origen” único en si mismo, personal y genuino. Viene del origen de su ser ypor tanto es diferente de los demás. Esto es positivo y bueno, pero si esa originalidad es mal entendida llevada por ideas no educadas ni bien encauzadas, puede conducirnos a malos resultados que distan mucho de la auténtica belleza y por tanto del verdadero arte.

Estos artistas contemporáneos están avalados por un mercado dirigido por unos pocos, que hacen de sus propias opiniones e ideas normas universales.

Cuando se pierde el sentido original de búsqueda incesante de la belleza, pasando a la simple representación de una belleza estética e incluso algo estática, sin alma, solo buscando la perfección de las formas, este arte new-age vanguardista no engrandece, no eleva, es un arte Light. Parecida a la cultura imperante de nuestra época, como dice Enrique Rojas: relativista, hedonista, consumista y permisiva.

En una sociedad así no cabe duda de que el arte queda profundamente influenciado y el artista encargado de transmitir a la sociedad la auténtica belleza para que vuelva a renacer, se enfanga con la corriente predominante, asimilando esos mismos conceptos, traducidos en obras inertes, sin sentido, sombrías y tristes.

Con el tiempo va cambiando la opinión de lo que es la verdadera belleza. Los cánones de belleza se van convirtiendo en “cánones de fealdad “que todos deben aplaudir por ser “modernos, diferentes y originales”. La belleza ya no es universal, pasa a ser individual y relativa, según el criterio de cada uno. Criterios basados en emociones o impresiones siempre subjetivas. El artista tiene como fin su autorrealización aportando a través de su obra un mundo falto de esperanzay contenido, lleno de interrogantes sin respuesta o con repuestas sin esperanza, cayendo en la desesperación personal traducida en desesperación pictórica.

Pero la pintura tiene una dimensión mucho más enriquecedora, más autentica y profunda. La pintura es entre lasartes las “Bellas Artes” porque su utilidad radica precisamente en mostrar la belleza.

Lo expresa muy bien esta página web “Evangelizar con el Arte, Fe y Cultura”:

“La belleza de las cosas visibles, creadas, nos conduce a las invisibles y a través de los ojos se puede llegar al ALMA. La importancia del arte en su labor misionera universal es tal, que es una auténtica catequesis”.

El arte tiene un fin y es grande e importante nos lo exhortaba Juan Pablo II y nos lo sigue diciendo Benedicto XVI:

"El acercamiento a la Verdad Cristiana por medio de la expresión artística o histórico-cultural es una ocasión para hablar a la inteligencia y a la sensibilidad de las personas que no pertenecen a la Iglesia Católica. La capilla Sixtina constituye en éste contexto una cima insuperable".

El Beato Juan Pablo II nos hablaba de la importancia del artista:

“Os deseo, artistas del mundo que vuestros múltiples caminos conduzcan a todos hacia aquel océano infinito de belleza, en el que el asombro se convierte en admiración, embriaguez, gozo indecible. Surge del caos el mundo del espíritu. Que vuestro arte contribuya a la consolidación de una auténtica belleza que casi como un destello del Espíritu de Dios, transfigure la materia, abriendo las almas al sentido de lo eterno”.

Rodolfo Papa, historiador del arte, profesor de historia de las teorías estéticas en la Fac, Filosofía Pontificia Universidad de Roma lo dice así: "El arte tiene una importante función social, dar un alma al mundo. Allí donde se desprecia la belleza, el hombre se empobrece".

Al ver obras de pintores contemporáneos de éxito comencé a preguntarme:

¿Por qué hoy ha desaparecido la vinculación entre arte y belleza? ¿Depende de las modas? ¿Cambiará algún día la moda del feísmo? ¿Dejarán de relacionar al artista con una persona bohemia, solitaria, extravagante? ¿Hacia donde nos lleva este concepto de arte? ¿El arte contemporáneo, merece este nombre? ¿Poder, prestigio, fama, riqueza,…ese es el objetivo del artista? ¿Donde queda la superación personal y artística? ¿A que puesto se ha relegado lo que antes era el fin de todo artista: la búsqueda de la Belleza, el Bien y la Verdad Suprema?

Mi corazón tenía la respuesta porque todos tenemos esa belleza impresa en el alma, la reconocemos al verla. Esta belleza que captamos con los sentido y la intuye el corazón es solo un pequeño reflejo de la belleza de Dios y cuando la encontramos sabemos identificarla, al contemplar en el exterior lo que ya teníamos impreso en nuestro interior.

Es la belleza que ha existido desde siempre en el alma. Como decía San Agustín:

“¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!”

El arte es la búsqueda y expresión de esta belleza, un pequeño destello de la Belleza infinita que es Dios.

Cuando admiramos la naturaleza, cuando la mano del hombre no la ha modificado, contemplamos la belleza y nos recreamos en ella, mirándola y admirándola.

Si el pintor logra transmitir esta belleza al lienzo que nuestros sentido palpan al natural e incluso lo que nuestros sentidos no palpan, es decir la belleza espiritual, entonces podemos hablar de un verdadero ARTISTA.

Cito otro texto del Beato Juan Pablo II en su carta a los artistas:

"Al modelar una obra el artista se expresa a sí mismo hasta el punto de que su producción es un reflejo singular de su mismo ser, de lo que él es y de cómo es. Esto se confirma en la historia de la humanidad, pues el artista, cuando realiza una obra maestra, no sólo da vida a su obra, sino que por medio de ella, en cierto modo, descubre también su propia personalidad. En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual. Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros".

En un mundo carente de valores, de ideales elevados, donde la competitividad se convierte en una lucha atroz por ser el primero, llegando incluso a pisotear al compañero aunque comparta la misma profesión y las mismas metas, la profesión del artista se convierte entonces, en una jungla de luchas fraticidas y es cuando el artista pasa a ser un ser solitario.

Si por el contrario las luchas y exigenciasse encaminan a superarse a si mismos, para que a través de la creación artística, se pueda ayudar y mejorar a la sociedad, el arte desarrollará su máxima expresión, potencialidad, calidad y belleza. Esta es una lucha muy exigente y muy necesaria.

Para ello los artistas deben educarse en unos valores y principios sólidos, que su arte respete la dignidad de la persona y del cuerpo como templo del Espíritu Santo. Miguel Ángel representaba en la Capilla Sixtina cuerpos desnudos rebosantes de espíritu divino. Pero también se puede expresar en el lenguaje del cuerpo una carnalidad obscena, cuyo fin tiende a la lujuria y a los placeres, no guardando eldebido pudor, tan atractivo y necesario en toda expresión corporal artística.

Si existe un apoyo mutuo entre artistas, con fines comunes elevados para arraigarse al bien, la consecuencia será un arte encaminado a la búsqueda de la verdad que desembocará en belleza. Entonces el arte dará lo mejor de si mismo, florecerá de nuevo. Porque ya no se busca el artista a si mismo como fin, sino que forma parte de una creación, avalada por el Sumo Bien, donde todos se apoyan por mejorar y desarrollar sus capacidades y habilidades, para plasmar la verdadera belleza, que llegue y ayude a los demás.

Ese bien solo puede encaminarse hacia Dios “YO SOY EL CAMINO LA VERDAD Y LA VIDA”. Es el Absoluto, suma Bondad, suma Perfección, sumo Bien y suma Belleza.

El artista elevará sus metas, su visión y en un esfuerzo constante buscará la perfección en su obra, la perfección en Dios, dándole una calidad insuperable.

Leonardo da Vinci indica al artista “un camino de formación TÉCNICO y MORAL, en el que tienen una función fundamental las reglas y los principios llevados a la práctica hasta convertirse en VIRTUD”. La pintura de Fray Angélico por ejemplo se convirtió en una auténtica oración.Comopintor español de finales del XIX principios del XX destacaría a Joaquín Sorolla, quien buscaba en la LUZ la máxima expresión de belleza, en la cual se fundamentaba su obra. Sorolla lloraba al contemplar la belleza de la naturaleza. Sus cuadros embriagan con su luz, color, alegría y optimismo. Sorolla lo expresaba así: "La LUZ es vida por lo tanto, cuanto más luz en las pinturas, más vida, más verdad y más belleza".

El artista si no pierde el norte, llega a buen puerto, porque la brújula lo lleva a Dios principio y fin de todo bien, de toda verdad y de todabelleza. Volviendo a Benedicto XVI que tiene mucho que decirnos a los artista, en este extracto inmejorable asienta el fundamento de todo artista:

“Queridos amigos, quisiera renovaros a vosotros y a todos los artistas un llamamiento amistoso y apasionado: no separéis nunca la creatividad artística de la verdad y de la caridad, no busquéis nunca la belleza lejos de la verdad y de la caridad, sino que con la riqueza de vuestra genialidad, de vuestro impulso creativo, sed siempre, con valor, buscadores de la verdad y testigos ...de la caridad; haced resplandecer la verdad en vuestras obras y haced de modo que su belleza suscite en la mirada y en el corazón de quien las admira el deseo de hacer bella y verdadera la existencia, toda existencia, enriqueciéndola con ese tesoro que no disminuye nunca, que hace de la vida una obra de arte y de cada hombre un artista extraordinario: la caridad, el amor. Que el Espíritu Santo, artífice de toda la belleza que hay en el mundo, os ilumine siempre y os guíe hacia la Belleza última y definitiva, la que inflama nuestra mente y nuestro corazón y que esperamos poder contemplar un día en todo su esplendor”

Si nos centramos en el arte religioso, el arte sacro es su mayor expresión. La Iglesia necesita sacerdotes bien formados que vayan dirigiendo al artista y también artistas bien formados que sean capaces de dirigir su cuadro al fin que se les encomienda, al que Dios nos encomienda, Hacedor de este gran don.

La Fe y el conocimiento nuestra Fe a través de las Sagradas Escritura de la Palabra Revelada, “abreviada” en Cristo, es el motor que ayuda a guiar al artista, lo conduce dentro de ciertas coordenadas para que no se extravíe en la nada, en el caos, el vacío donde reina el “Padre de la mentira”.

Cuando se intenta defender la idea de si ¿es equiparable en perfección y belleza el resultado de una obra religiosa o sacra que intenta plasmar el misterio divino, realizada por un artista ateo, con buena formación técnica, frente a otro artista católico con la misma formación técnica pero con conocimiento profundo de su fe? La respuesta la tenemos al contemplarlas, vemos que en el resultado se puede apreciar la evidencia de dicha diferencia (aunque puedan existir excepciones que confirmen la regla).

Hay un punto de diferencia que distingue al artista católico del artista no creyente: Uno ya ha encontrado el fin por el que trabaja, el otro puede estar en su búsqueda o no estarlo en absoluto.

La obra del pintor que no tiene interés por nada de lo divino, pero trabaja para ello, tendría una fuerte inclinación hacia la búsqueda de si mismo en lo que hace. El cristiano conoce a Dios y lo hace por Él, su trabajo se convierte en una alabanza a Dios. El fin cambia, por lo tanto el resultado también.

Lo expongo más claramente con esta metáfora:

¿Sería a caso lo mismo que un buen pintor retratara a su padre al que conoce ama y admira, a un segundo que le han encargado ese mismo retrato y se interesa pasivamente por el padre, a otro, que no lo conoce en absoluto y no quiere conocerlo solo le interesa la retribución de su trabajo?. El que más se acercaría a la exactitud de la personalidad del retratadoseria su hijo que lo ama, admira y cuenta con él. Luego el que está en búsqueda y por último en una posición bastante másalejada, el que no se interesa lo mas mínimo.

La técnica será perfecta, la maestría también, pero hay una diferencia: uno ama lo que hace y para quien lo hace, el otro no. El artista cristiano debe estar enamorado de lo que hace, del motivo de lo que pinta, ésta es la realidad del artista que quiera hacer una auténtica obra de arte.

Copias hay muchas originales solo una. El artista debe llevar en su corazón su propio original y transmitirlo en el lienzo, plasmar la belleza de su alma que capta a través de los sentidos y del espíritu. Cuando esto no lo entiende, solo copia con un resultado posiblemente pasable pero no es una obra auténtica, personal, no es su original, porque no lo vive, porque no lo siente.

Los pintores clásicos estaban siempre acompañados de la Biblia para no perder detalle. Se retiraban a largos ejercicios espirituales. Pintar era una auténtica oración, requería mucho esfuerzo y estudio para tener pleno conocimiento de las leyes supremas. Pintar se convertía en una alabanza a Dios. Ayunaban para purificar su alma, elevarse y poder representar lo más rigurosamente posible, tan alto fin, las escena Bíblicas y Evangélicas, representar al mismo Hijo de Dios; Jesucristo. Se sometían a rigurosos ayunos porque eran conscientes de que cuando una obra era para exaltar y alabar la belleza divina el demonio acechaba como “León rugiente”.

Tenía sentido y el resultado era evidente, la grandiosidad, fuerza y belleza de aquellas obras es indescifrable. En España por ejemplo tenemos obras en nuestras iglesias de grandes pintores como Zurbarán, Murillo, Juan de Valdés entre otros. La obra por excelencia dedicado a este fin se encuentra en la Capilla Sixtina obra de Miguel Ángel. La edad media se convirtió en la época más floreciente de la pintura. Época de grandes obras maestras.

No era coser y cantar, era ¡rezar, ayunar y rezar!. En nuestros tiempos esto puede parecer “anticuado” pero a la vista están los resultados. Las grandes obras de arte, obras maestras, no abundan en nuestra época. Época de grandes facilidades y abundante información sin formación.

Un corazón enamorado quiere gritar su amor, su alegría, el entusiasmo que embarga su alma. No puede estar callado, está inquieto por expresarlo, por declararse. En cambio un corazón sin amor no expresa ese fuego que arde en cada rasgo, en cada trazo, en cada movimiento. Expresa lo que su corazón tiene, si está vacío y seco no puede dar frutos jugosos y bellos. Si tiene desesperanza y confusión no puede mostrar verdad y belleza. Pero si está enamorado, expresará pinceladas de esperanza, de fe, de amor y de caridad.

No es lo mismo una persona con formación, que sin formación, con cultura, que sin ella, con sed de Verdad, que con tibieza de todo lo divino. Un trabajo con ilusión y esperanza que por imposición de su oficio. La suerte o mala suerte del artista, es que todo su ser se plasma, se trasluce y queda fijo en el lienzo, que comenzó siendo para todos igual, blanco.

Rodolfo Papa explica en este maravilloso extracto el concepto de la búsqueda de la belleza en el arte:

“El placer que se disfruta en el conocimiento de lo bello, encuentra razón en el hecho de que las cosas bellas son además verdaderas y buenas. De hecho, nos gustan los originales, no las imitaciones, nos gustan las cosas buenas, no las malas. Según santo Tomás, lo bello y lo bueno “se identifican en el sujeto, porque se basan en la misma realidad, es decir en la forma, y por esto lo que es bueno es alabado como bello”. Lo bello implica una forma que despierta admiración y se refiere al intelecto, mientras que el bien implica una forma que atrae y se refiere a la voluntad. Podemos decir que el disfrute de la belleza es alegría en el conocimiento del bien: une conocimiento y alegría, participando toda la persona. La belleza de la realidad es un signo de la belleza del Creador. Las perfecciones de Dios son conocidas por nosotros a partir del conocimiento de la realidad creada. Toda belleza es participación de la belleza divina.”

Los Papas lo han dicho todo de la mejor manera posible. Su profundidad en sus escritos nos ayudan mucho a proseguir en esta vocación muchas veces complicada por lo explicado anteriormente.

Benedicto XVI se dirige a los artistas en la JMJ Madrid 2011. Reciente exhortación con tono poético, desde la cual nos anima a los artistas a elevar nuestras miras hacia lo alto:

“Tal vez os ha sucedido alguna vez ante una escultura, un cuadro, algunos versos de una poesía o un fragmento musical, experimentar una profunda emoción, una sensación de alegría, es decir, de percibir claramente que ante vosotros no había sólo materia, un trozo de mármol o de bronce, una tela pintada, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande, algo que «habla», capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el alma.

Una obra de arte es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se cuestiona ante la realidad visible, busca descubrir su sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de infinito. Más aún, es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, impulsándonos hacia lo alto. Pero hay expresiones artísticas que son auténticos caminos hacia Dios, la Belleza suprema; más aún, son una ayuda para crecer en la relación con él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que expresan la fe. ¡Cuántas veces cuadros o frescos, fruto de la fe del artista, en sus formas, en sus colores, en su luz, nos impulsan a dirigir el pensamiento a Dios y aumentan en nosotros el deseo de beber en la fuente de toda belleza! ¡Cuántas veces entonces las expresiones artísticas pueden ser ocasiones para que nos acordemos de Dios, para ayudar a nuestra oración o también a la conversión del corazón !Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino... La visita a los lugares de arte no ha de ser sólo ocasión de enriquecimiento cultural —también esto—, sino sobre todo un momento de estímulo para detenerse a contemplar en el paso de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que significa el rayo de belleza que nos toca, que casi nos «hiere» en lo profundo y nos invita a elevarnos hacia Dios”.

Para concluir quiero expresar la motivación que me ha inducido a presentar esta comunicación como pintora. He querido presentar de manera clara mi visión del arte, mis fuentes y ayudas, el fin que persigo, teniendo en cuenta mi escasa experiencia, que espero ir madurando a lo largo de los años.

Siendo en Dios Eucarístico donde saco mi fuerza, la luz, la inspiración, donde me recreo y elevo para poder aportar mi granito de arena en el mundo artístico singularmente en la pintura. Soy consciente de que formo parte de algo grande en los planes de Dios.

En mi camino tengo como gran meta, ser una buena artista cristiana con miras elevadas. Poder evangelizar a través de mi pintura, acercar a los demás a Dios y expresar en mis lienzos el misterio de Dios, este gran tesoro que tenemos tan cerca y a veces no vemos o no queremos ver.

Por eso he comenzado pintando al beato Juan Pablo II y pretendo pintar a Benedicto XVI y a Juan XXIII. A los santos como Santa Teresa de Jesús, Santa Maravillas de Jesús, entre otros ypor supuesto a la Santísima Virgen bajo la advocación de la Virgen del Carmen, a la que pido e imploro su ayuda y protección en mi vocación artística y noto diariamente su mano en mi pintura. Es algo grande intentar retratarla ¿existe acaso belleza humana superable a la de la Santísima Virgen? La pureza virginal, el candor del amor más bondadoso, junto a la humildad profunda y el silencio más purificador.

Pinto lo que me inspira y me inspira lo bueno, bello y verdadero. Los santos por ejemplo representan para mi, esa quintaesencia de la belleza humana.

De esta maneraquisiera reflejar con mi pintura esa inmensidad que es Dios y que se ha materializado en cuerpo bajo la forma de pan. Dios vivo y presente, visual para nuestros sentidos, ese Dios que siempre está cercano, nos inspira y nos eleva a dimensiones sobrenaturales y que con una vida de oración, podemos hacer palpable en nuestra realidad, que queda absolutamente reflejado en nuestra obra.

La vida es como un gran lienzo, hay que llenarlo de color alegría y belleza que engrandezca el alma y eleve el espíritu.

Yo no podría concebir el Arte sin mi Maestro, sería como quitarle la consistencia a mi trabajo, sería como trabajar en balde, sería como arrastrar el cuerpo si un alma que lo elevase.

Para mi la pintura es luz divina inspirada por el Espíritu Santo, que siempre guía a quien se lo pide. Éste es mi truco, ésta es mi formula mágica. Lo demás un poco de técnica, de paciencia y de don que deben ser fieles compañeros. Don que viene de Dios y al que le doy inmensamente las gracias por tenerlo. Porque mi mundo ahora es la pintura y es un mundo tan maravilloso, misterioso y fascinante que no concibo la posibilidad de dedicarme a otra profesión. Sería como esconder ese talento que Dios me ha dado, en lugar de hacerlo germinar, crecer y desarrollarse para que Él haga de mi talento lo que estime oportuno.

Yo soy su alumna y Él es mi Maestro, cuando Él guía mi pincel el resultado es maravilloso. Lo tengo comprobado.

Os animo a los artistas a beber de la fuente clara de donde brota toda belleza: el Evangelio. Escuchar y leer al vicario de Cristo en la tierra: Benedicto XVI. Y poner mucha atención en las palabras que nos dirige a los artistas en los que tiene puestas grandes esperanzas. Nos dice:

“¡GRACIAS A VUESTRO TALENTO PODÉIS HABLAR AL CORAZÓN DE LA HUMANIDAD, TOCAR LA SENSIBILIDAD PERSONAL Y COLECTIVA, SUSCITAR SUEÑOS Y ESPERANZAS, OS INVITO A TRAVÉS DEL ARTE A SER TESTIGOS DE ESPERANZA!”

El Beato Juan Pablo II sitúa el arte en el territorio de la belleza, ese don particular que normalmente se llama “genio” y que, en la misma Carta a los artistas, se revela como un talento natural y un don del Espíritu Santo:

“Por eso la belleza de las cosas creadas no puede saciar del todo y suscita esa arcana nostalgia de Dios que un enamorado de la belleza como san Agustín ha sabido interpretar de manera inigualable: ¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!” Por tanto, el artista no sólo debe conocer la belleza, sino que debe contemplarla; por este motivo el artista es el primer testigo de la verdad de la belleza”

"Guardar silencio y quedar emocionado por la belleza y grandiosidad es algo elevado y noble... y a través de los ojos llegar al alma"

 

Maravillas Larios De Soto
http://vimeo.com/28927188

Noviembre 2011


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Según santo Tomás, lo bello y lo bueno “se identifican en el sujeto, porque se basan en la misma realidad, es decir en la forma, y por esto lo que es bueno es alabado como bello”. Lo bello implica una forma que despierta admiración y se refiere al intelecto, mientras que el bien implica una forma que atrae y se refiere a la voluntad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El artista no sólo debe conocer la belleza, sino que debe contemplarla; por este motivo el artista es el primer testigo de la verdad de la belleza”

 

 

 

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