El arte era para Beethoven una forma privilegiada de participación en un reino de belleza extraordinaria, y de comunicarla en alguna medida a los hombres. El arte no es propiedad de los artistas; es un don que ha de ser acogido con agradecimiento y asumido en forma de diálogo.
Las obras de arte no se “hacen”o “producen”. Se crean como fruto de un encuentro.
Beethoven solía pasear por el campo antes de componer a fin de inspirarse. El contacto con la naturaleza encendía su inspiración porque veía todos los seres como huellas del Creador, podía entender su mensaje profundo y dialogar con ellos. “Lo más bello que hay en el mundo, escribió en una ocasión, es un rayo de sol atravesando la copa de un árbol”.
ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS
|