Raíces de Europa
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Europa como misión

ENTREVISTA A BIENVENIDO GAZAPO, CATEDRÁICO DE HISTORIA Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD EUROPEA DE MADRID, COAUTOR DEL LIBRO EUROPA, IDENTIDAD Y MISIÓN (Edibesa, Madrid, 2004)

Realizada por Javier Lucia Maldonado
Revista ESTAR. Enero 2005

Bienvenido Gazapo
Preocupa a Juan Pablo II la apostasía de Europa. Europa está negando a Jesucristo. Con la Constitución europea muchos políticos han acelerado un proceso para negar las raíces cristianas de nuestro continente. Esto es un error histórico y probablemente un suicidio para Europa

En este libro, Europa, Identidad y Misión, no podemos decir que no hay un protagonista claro. Juan Pablo II se erige como uno de los cimientos tanto teóricos como prácticos de la Europa que ahora vivimos.

El protagonista del libro es, indudablemente, Juan Pablo II, que, a mi parecer, es un europeo, un padre de Europa como yo le llamo. Representa uno de los grandes constructores de la Europa actual porque ha sentido a lo largo de su vida el sufrimiento de Europa durante todo el siglo XX. Ha sufrido la experiencia, en su país, del nazismo alemán, que despedazó a Polonia y del comunismo, que la volvió a despedazar. Es un hombre que es voz entre oriente y occidente. Juan Pablo II es polaco, cristiano, católico, oriental y occidental a la vez, como a él le gusta llamarse; pues es una figura clave en el análisis de un momento de Europa, el de su pontificado, que ha sido realmente magnífico: desde la caída del muro, el del hundimiento del comunismo y el de la maduración institucional de la Unión Europea. Por tanto, él es un hombre que está sabiendo contemplar perfectamente esas dos Europas que tienden a hacerse una, y sabe perfectamente de las luces y sombras que tienen cada una de ellas.

Juan Pablo II se ha mostrado muchas veces como pastor de Europa, precisamente para guiar a la sociedad en esa misión de la que nos habla. En su libro Europa, Identidad y Misión, recopila usted alguno de los discursos o textos capitales de Juan Pablo II, así como una introducción a esos textos.

Por orden de importancia lo principal del libro es el anexo con los discursos del Papa. Después la parta tercera, que es donde nosotros, mi compañera Elia Cambón y yo hemos hecho un intento de darle al lector un análisis del pasado, del presente y del futuro como lo ha visto el Papa. Con frases del Papa comentadas. Esta parte es quizá un poquito más árida porque, a veces, cuando el Santo Padre habla y piensa es un poco denso. Y luego los capítulos anteriores. El segundo es un pequeño intento de hacer ver que el Papa es un gran europeo porque a Europa la ha vivido no la ha leído. Entonces es una pequeña reseña biográfica del Papa, de sus desvelos por Europa. Y la primera parte que es toda cosecha nuestra. Es un ensayo histórico en el que queremos dar al lector la clave que está manejando continuamente el Papa. Porque claro, Juan Pablo II sabe mucha historia y tiene su clave de interpretación, entonces puede que alguien lea un discurso del Papa y se le caiga de las manos porque no tiene claves de interpretación.

Europa, Identidad y Misión

Entonces lo primero que hemos hecho es mostrar más o menos cuáles son las claves que tiene Juan Pablo II. Después hemos hablado del Papa un poquito para que la gente vea que el Santo Padre no es un hombre que está ahí perdido en Roma en los altares. Es un europeo polaco que ha trabajado con los nazis primero, y luego con los comunistas. Porque España no ha vivido la situación de Europa que ha vivido Juan Pablo II ni la de los polacos, que los han despedazado dos veces. Y luego ya el análisis de los discursos que es quizá la parte más ardua. Habíamos pensado una selección de discursos, 19 en total, de los 40 de que disponíamos el pasado septiembre. Porque lo más importante es que el lector tenga los discursos del Papa, que es lo más interesante y sea fácil acudir a esa fuente.

¿En estos discursos, cómo ve el Santo Padre a Europa? ¿Con más luces o con más sombras?

Yo creo que el Papa la ve con una enorme esperanza pero con una gran preocupación. Las esperanza le nace de la fe en Jesucristo. Él sabe que las palabras de Cristo y el cristianismo van a perseverar hasta el fin de los siglos, y por tanto los hombres y mujeres tocados por Cristo son un elemento de construcción y reforma de la sociedad. Lo que le preocupa al Papa, y lo ha dicho muchas veces, es que en Europa –o por lo menos en las elites– está habiendo una apostasía, es decir, Europa está negando a Jesucristo. Lo tenemos muy claro con la Constitución europea en la que muchos políticos, que teóricamente representan a Europa, han acelerado un proceso para negar las raíces cristianas de nuestro continente. Esto es una locura y el Papa ya ha repetido que es un error histórico y probablemente un suicidio para Europa.

¿Qué va a suponer con el tiempo esta constitución europea que no reconoce sus raíces cristianas?

Yo creo que el planteamiento que hace la Unión Europea , especialmente Francia y los países más laicistas de esta nueva Europa –que ellos quieren poner en marcha– es una Europa, evidentemente, que está empeñada en olvidar toda la aportación que ha hecho el cristianismo en el plano cultural, humano, de derechos, de libertades y de humanización de Europa del cristianismo.

Esto se debe al viejo tema que hay ahí –que para mí es un complejo de inferioridad– de que durante muchos siglos una sociedad europea dividida desde la Reforma protestante, ha sido una sociedad violenta por razones de religión. Partiendo de esta base, los franceses, que han ido siempre a la cabeza del laicismo desde la Revolución Francesa , tienen un empeño especial en raer todo recuerdo, toda referencia a esta cuestión.

Pero la cosa es mucho más fácil. Es mucho más sencillo corregir errores, pedir disculpas y ver lo colosal de 2.000 años de civilización cristiana; porque Europa, y esta es la gran preocupación, no va a dejar de ser religiosa. Yo creo que esta es una idea que viene latiéndonos a todos los que profundizamos un poco en el tema. Europa podrá dejar de ser cristiana pero no, desde luego, religiosa. Probablemente será islámica.

No puede dejar de ser religiosa cuando vemos hechos como los que ocurrieron el pasado junio en Suiza, donde un país, más bien definido por ser poco fervoroso, se volcó con la visita de Juan Pablo II

Es que aquí yo creo que hay dos niveles. Está la Europa de los políticos, de las elites, muchas de ellas apostatando de la fe cristiana en el orden práctico. Que es el único orden que puede tener la fe cristiana, el orden público. No se puede ser cristiano solamente en el orden privado porque eso es un cuento que nos cuentan los liberales y los socialistas.

Gárgola en París

Pero yo creo que hay una sociedad europea, un pueblo europeo, con unas raíces que están ahí y que emergen y que afloran. Es decir, que son unas minorías las que están dirigiendo esta situación y por eso es importantísimo que la Iglesia , los laicos, nosotros revitalicemos todo el patrimonio cristiano que tenemos y digamos no a una serie de cuestiones que tenemos que decir ya que no. No podemos andar con consensos y con paliativos en estas cuestiones. Tenemos que decir que no. Esto no es entrar en política aunque es lógico que el cristiano entre en estos asuntos. Yo creo que por ahí va la gran preocupación del Papa: por las consecuencias que en el futuro va a pagar una Europa que no tenga un referente. Porque la Europa que fue cristiana cometió muchas tropelías pero tuvo un referente ante el cual pedir perdón, o arrepentirse o mejorar. Y ese es Cristo y siempre lo ha sido. Si el referente de esa Europa es el escepticismo, es el agnosticismo, es la tolerancia que llaman estos –que en realidad es relativismo– pues entonces cuando vengan otros colectivos humanos a vivir a Europa, otros colectivos religiosos, que ya son millones, ellos presentarán lícitamente sus planteamientos de tipo religioso. Cuando la fuerza demográfica de estos colectivos vaya invadiendo Europa entonces ¿qué alternativa, qué oferta puede tener esta Europa de comerciantes? Esto es muy grave y este es el verdadero problema que a Juan Pablo II le preocupa. A Juan Pablo II no le preocupan las raíces de Europa como un recuerdo estético, sino como una tarea a cumplir, como una misión.

El Papa afronta con optimismo sus mensajes a la juventud encomendándoles una misión. Sin embargo es una juventud que muchas veces vemos ausente de moral de capacidad de liderazgo ¿Por dónde habría que empezar esa tarea, esa misión, mirando a los jóvenes que son a los que “les va a caer” por decirlo de alguna manera la responsabilidad que el Papa ve?

A mi me parece que existe una doble dirección o una misma dirección con dos carriles. Primero que los jóvenes descubran con entusiasmo a Jesucristo, al Evangelio de Jesucristo salvador, con esa fuerza con la que el Papa les acaba de decir hace unos días que “si no os exigen, exigíos” y que vivan el Evangelio porque es un sacrificio pero una enorme alegría. Esto estaría ligado a la segunda pista, porque yo no lo veo viable, a mi entender, si no hay grupos cristianos, yo pienso en los movimientos, pero en general grupos de vida católicos que empeñen a los jóvenes en una tarea muy concreta. No solamente el amar a Jesús es buscar la santidad sino una tarea muy concreta de reforma de la sociedad: la familia, la vida consagrada, sacerdotal. La familia es el futuro de Europa y del Mundo. Lo ha dicho muchas veces el Papa y ya parece un tópico pero yo creo que por ahí va la línea concreta. Es decir, generar familias cristianas, que son fuente de vida cristiana, que son fuente de nuevos jóvenes. Esta va a ser una Europa de viejos en la que el Estado no pueda hacer otra cosa por ello que matarlos, únicamente por criterios económicos. En la Europa que hay familia el abuelo vivirá y morirá en la familia y será transmisor de una tradición. Es decir la cadena se ha roto en algún momento por el individualismo y por el egoísmo en la sociedad, pero en el momento en el que la familia se reestructure y tenga hijos, y esos padres den la vida por sus hijos, la cosa cambiará. El Estado tendrá que ser subsidiario y no se podrá convertir en lo que puede convertirse ahora, es decir, en el amo absoluto de la gente.


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Es importantísimo que la Iglesia, los laicos, revitalicemos el patrimonio cristiano y digamos no a una serie de cuestiones. Estamos ante una auténtica batalla cultural.

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