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Dios está en tus manos

Douglas Hyde fue un reconocido líder comunista durante 20 años y editor del periódico Daily Worker, órgano oficial del partido comunista de Gran Bretaña. Se desilusionó de esta ideología al ver su resultado en tierras dominadas por ella. Se convirtió al catolicismo y escribió Cómo formar dirigentes –libro hoy difícil de encontrar- para mostrar que la verdad que el cristianismo posee necesita métodos eficaces de formación y liderazgo para la vida pública. De él tomamos la narración.
Su cristianismo de repente había dado un significado a su trabajo. Los valores de la misa del domingo deberían trasladarse a la fábrica, a la oficina de marketing que prepara una nueva campaña, a la junta directiva o al escaño en el Parlamento, por ejemplo. Pero normalmente no es así. Para los cristianos y para la mayoría de los demás, el trabajo está escindido de las creencias.

El modo de vivir el cristianismo
Nuestro trabajo coopera con la obra creadora de Dios

“El sermón acababa de comenzar cuando llegué. Un viejo sacerdote indio predicaba a unos cuantos indios y chinos, la mayoría de ellos muy pobres. Les decía que el sábado de Pascua las mujeres fueron al sepulcro para ver al Señor. Miraron en la tumba y no le vieron. Miraron por los alrededores del jardín y tampoco le encontraron. Pero, dijo el predicador, “no hay que mirar en el sepulcro ni en los alrededores del jardín para encontrar al Señor resucitado. Si tú estás bautizado , Él está en tus manos. Cuando mañana vayas a trabajar, cuando lleves tu carrito, cuando estés cavando tu zanja; cualquier cosa que hagas en tu trabajo de cada día está cooperando con la obra creadora de Dios. Dios está en tus manos.”

Sentado enfrente de mí había un viejo coolie indio con sus piernas desnudas y llenas de varices. Los que hayan visitado el Oriente estarán familiarizados con ellos. Cuando el predicador dijo “Dios está en vuestras manos” vi que el viejo se miraba las manos desgastadas, callosas y retorcidas, y sus uñas rotas, casi con terror. Algo tremendo le estaba sucediendo. Se podía ver cómo la verdad penetraba en su conciencia . Esto se traslucía en su cara, que revelaba una pura admiración. En lo que restó del sermón se miraba de tanto en tanto sus manos, manos que de repente habían adquirido un significado nuevo y sublime. Su cristianismo de repente había dado un significado a su trabajo. O para decirlo de otra manera, su trabajo se había engranado con sus creencias de modo que en adelante Dios y la religión no significarían sin más la misa del domingo. Sus creencias se relacionarían también con la limpieza de las cloacas atascadas por el monzón que tenía que hacer al día siguiente, o con su pedaleo desde la madrugada hasta la noche en su pesado carrito de bicicleta.

Por supuesto, este es el modo como un cristiano debe ver su trabajo. Esto es obvio. Pero no es de hecho como los cristianos lo ven. Si así fuese, el llamado ‘Occidente cristiano' sería algo bien distinto de lo que es. Los valores de la misa del domingo deberían trasladarse a la fábrica, a la oficina de marketing que prepara una nueva campaña, a la junta directiva o al escaño en el Parlamento, por ejemplo. Pero normalmente no es así. Para los cristianos y para la mayoría de los demás, el trabajo está escindido de las creencias . Y por eso su trabajo a menudo se hace insoportable por falta de sentido . Pero también sus creencias con el paso del tiempo se parecen demasiado a la esterilidad.”


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