COPYING BEETHOVEN
Género: Drama. Nacionalidad: USA Año: 2006
Director: Agnieszka Holland
Guión: Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson
Reparto: Ed Harris, Diane Kruger, Matthew Goode, Ralph Riach, Joe Anderson, Phyllida Law, Bill Stewart
Producción: Sidney Kimmel, Christopher Wilkinson, Stephen Rivele y Michael Taylor.
Música: Maggie Rodford.
Fotografía: Ashley Rowe.
Montaje: Alex Mackie.
Diseño de producción: Caroline Amies.
Dirección artística: Paul Ghirardani y Lorand Javor.
Vestuario: Jany Temime.
La directora polaca Agnieszka Holland, discípula de Andrzej Wajda, es la responsable de Copying Beethoven, un film en torno a la etapa final de la vida de este compositor, que encarna magistralmente Ed Harris.
Esta excelente película, muy cercana a lo que se debe considerar una obra maestra, supone una inteligente y culta indagación en el significado de la creación artística y en sus relaciones con el misterio del hombre y el de Dios. El film rescata los tres últimos años de vida del compositor, en los que la soledad y una incipiente ceguera no impidieron que creara una de sus obras más emblemáticas, la ‘Novena Sinfonía'. A partir de situaciones biográficas del intratable Beethoven, el film va diseccionando el alma del músico y revelando tanto su profunda espiritualidad como su lucha interior y sus defectos. El catalizador de esta revelación es Anna, cuya honesta mirada y sensibilidad artística sacan de la soledad al compositor, que ve en ella a un ángel enviado por Dios a su vida. Entre ambos surge una relación como entre dos almas gemelas que comparten vocación y pasión. En este sentido, el film tiene un cierto paralelismo con La joven de la perla, aunque en la película de Agnieszka Holland se profundiza mucho más, y desarrolla lo que allá se apuntaba. Pero si algo sobresale en “Copying Beethoven” es su capacidad para discurrir estética y sensorialmente como un reflejo de los conflictos internos. Holland nos dedica un discurso sobre las dobleces del genio, resueltas con magníficas contraposiciones musicales, sobre la esencia de la música y sobre la inspiración religiosa que exalta y perturba a un hombre profundo.
Es llamativo lo poco que se ha hablado del trabajo de Ed Harris, interpretando a Beethoven. Encarnar a un personaje universalmente conocido y exhaustivamente estudiado como éste es uno de los retos más difíciles para un actor. Y Ed Harris consigue transmitir tanto la fuerza física del personaje como su lucha interior, su compleja sensibilidad. Nos muestra a un Beethoven profundamente religioso, a la vez que instintivo, e impulsivo, sin ocultar sus defectos de carácter.
Formalmente, la película está supeditada a las partituras de Beethoven, especialmente a la Novena Sinfonía, y viceversa. El músico, que se encuentra en la etapa final de su vida, está dando a luz su más famosa composición, y ello vertebra la estructura anímica y narrativa del film. De una belleza estética más que notable, las secuencias se organizan con cadencia musical, y los momentos de adagio se alternan con los fortissimo, tanto en lo dramático como en lo artístico. Los encuadres están estudiados al milímetro, así como el montaje, que obedece al compás musical. El trabajo de iluminación es extraordinario, -sirva de ejemplo la portentosa secuencia del estreno de la Novena-; la dirección de actores es muy buena y, de hecho, las interpretaciones de Ed Harris y de Diane Kruger son soberbias y antológicas.
En fin, una película de corte muy clásico, académica sin ser academicista, que recupera la estética tradicional de las producciones de época, para ponerla al servicio de una reflexión de lo más aguda. Bella y emocionante.
El argumento
Anna Holtz (Diane Kruger) es una aspirante a compositora con pocos medios que intenta encontrar inspiración y prosperar en la capital mundial de la música, Viena. Anna, que estudia en el conservatorio de música, consigue una recomendación para trabajar en una reconocida editorial, y, tras una serie de acontecimientos inesperados, se las ingenia para conseguir una oportunidad de trabajar junto al mayor y más voluble artista vivo: Ludwig van Beethoven.
Cuando, improvisadamente, el escéptico Beethoven la pone a prueba, Anna demuestra sus dotes y su especial valía para la música. El maestro decide aceptarla como copista, lo que da comienzo a una extraordinaria relación que cambiará la vida de ambos.
Aunque en un principio no logra comprender del todo ese nuevo idioma musical, la obsesión de Anna con Beethoven consume su vida, amenazando con consumir también su relación con su adinerado pretendiente, Martin Bauer (Matthew Goode). Martin, arquitecto, ingeniero y científico en ciernes, desconfía de Beethoven y ve con cierto recelo el deseo de Anna de adentrarse en el mundo de la composición, un mundo de hombres.
La película introduce al espectador en la silenciosa soledad de la vida de Beethoven a través de los ojos de Anna Holtz, un personaje ficticio basado en personas reales de la vida de Beethoven o del panorama musical europeo de la época. Para construir el personaje de Holtz se basaron en una compositora asentada en Francia, Lorenç Ferenz, que estuvo muy influenciada por la música del genio, y otra mujer que apareció el día del estreno de la 'Novena Sinfonía' y dio la vuelta a un Beethoven totalmente sordo para que viera los aplausos de la gente.
En la banda sonora hay música tocada con instrumentos de principios del siglo xix, que tenían un diseño y unas afinaciones diferentes a los actuales. Los arcos del violín y el chelo, por ejemplo, tenían unas curvaturas características que requieren una técnica diferente a la que se utiliza hoy día. Algunos de esos instrumentos de época aparecen en el escenario del Teatro Katona Jozsef durante el rodaje de la Novena Sinfonía.
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La película está supeditada a las partituras de Beethoven, especialmente a la Novena Sinfonía, y viceversa. El músico, que se encuentra en la etapa final de su vida, está dando a luz su más famosa composición, y ello vertebra la estructura anímica y narrativa del film. De una belleza estética más que notable, las secuencias se organizan con cadencia musical, y los momentos de adagio se alternan con los fortissimo, tanto en lo dramático como en lo artístico. |
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Participación del Creador
Juan Orellana, director de ‘Pantalla 90', departamento de cine de la Conferencia Episcopal Española, ha calificado Copying Beethoven como “una obra maestra que supone una inteligente y culta indagación en el significado de la creación artística y en su relación con el misterio de Dios”. El filme es una recreación biográfica “del intratable Beethoven” que va “diseccionando el alma del músico y revelando tanto su profunda espiritualidad como su lucha interior”.
Anna, agrega Orellana, “se convierte en la catalizadora de la historia. Su honesta mirada y sensibilidad artística sacan de la soledad al compositor que ve en ella a un ángel enviado por Dios. Entre ellos surge un relación íntima, nunca carnal, como la que existe entre dos almas gemelas que comparten vocación y pasión por la música”.
Y Juana Samanes, en esta línea, subraya que “en este film el gran compositor manifiesta su certeza de que ningún don humano es posible sin la participación del creador”.
Ed Harris y Diane Kruger
Ed Harris fue candidato en 2003 a los premios Oscar (por cuarta vez), y a un Globo de Oro por su interpretación en “Las horas”. Anteriormente había sido candidato a un Oscar al Mejor Actor por su papel protagonista en “Pollock: la vida de un creador”, su primera película como director, que tuvo muy buena acogida.
«Veo a Beethoven ahí de pie», dijo el guionista y productor Christopher Wilkinson el primer día de rodaje, «pero, ¿qué habéis hecho con Ed Harris?» Al igual que para otras magníficas interpretaciones, en películas como “Pollock: la vida de un creador” y “Las horas”, el actor Ed Harris se introdujo, física y mentalmente, en un papel artísticamente arduo, el de uno de los personajes más conocidos de la historia. Haciendo honor a su fama de actor meticuloso, Harris dedicó muchos meses a practicar piano y violín, estudiar dirección musical y leer ávidamente libros sobre la vida y obra de su personaje. Todo ello para, como él dice, «intentar imaginar de dónde sale, espiritual e intelectualmente, la música de Beethoven». La directora Agnieszka Holland afirma: «Ed es uno de los pocos actores de su generación con la profundidad, la inteligencia y el valor necesarios para pasar por una experiencia tan difícil. El personaje requería toda su entrega y su talento».
Lo mismo puede decirse de Diane Kruger. Según Wilkinson, «ver a Diane interpretar una escena me ayudó a comprender, exactamente y por primera vez, el guión que Stephen y yo habíamos escrito». Al igual que Harris, Kruger estudió música y dirección musical, y conocía las obras de Beethoven por haber crecido en Alemania, un país en el que se familiariza a los jóvenes con la música del compositor desde temprana edad.
Diane Kruger explica: «Anna tampoco logra entender los nuevos trabajos de Beethoven hasta que una noche, volviendo a Viena tras visitar a su padre enfermo, la música encaja de repente en su cabeza. Pone voz a todos los sentimientos y emociones que ella está experimentando». Kruger añade: «Beethoven tuvo una vida muy interesante y llena de estímulos. Creo que el guión lo retrata como persona, no como mito».
El rodaje
El rodaje de Copying Beethoven comenzó el 5 de abril de 2005. Para que los actores pudieran moverse y crear un entorno que permitiera diferentes planos con cada ángulo de cámara, la directora artística, Caroline Amies, diseñó una «estructura de laberinto para poder trucar un poco la realidad y crear así un espacio en el que los personajes pudieran hacer pequeños trayectos. No queríamos que la habitación, ni la película, parecieran la estancia de un museo, sino que reflejara el espíritu del tiempo y el color. Creamos una paleta muy rigurosa, rica y tenue, utilizando sólo materiales de la época (nada de vinilo o plástico), y buscamos artesanos expertos que supieran trabajarlos».
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“Es una obra maestra que supone una inteligente y culta indagación en el significado de la creación artística y en su relación con el misterio de Dios”. El filme es una recreación biográfica “del intratable Beethoven” que va “diseccionando el alma del músico y revelando tanto su profunda espiritualidad como su lucha interior”. (Juan Orellana) |
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El apartamento, de cuatro habitaciones, está atestado de platos sin lavar, papeles desperdigados, instrumentos, dos pianos y muchos otros objetos fuera de sitio. «Beethoven era muy desordenado (siempre estaba pensando en la música, no en limpiar, y tuvo muchas amas de llaves diferentes)», explica Amies. «Me sorprendió enterarme de que vivió nada menos que en cincuenta apartamentos diferentes en Viena. Muchas veces se mudaba para escapar de las amas de llaves, que no le inspiraban ninguna confianza. Siempre comprobaba las cuentas minuciosamente, porque sospechaba que le engañaban.»
Amies visitó archivos y museos, pudo ver partituras de Beethoven escritas de su puño y letra, y estuvo en dos de los apartamentos que el compositor alquiló. Incluso paseó por una de las calles en las que vivió (una de las pocas de aquella época que siguen intactas). «Empecé a enamorarme de él al descubrir más cosas sobre su vida», explica Amies. «Tenía una rutina muy organizada, se levantaba a la misma hora, se hacía siempre el café con sesenta granos exactamente, seguía el mismo horario de trabajo, comía siempre en el mismo sitio y a la misma hora, y solía acostarse a las nueve para leer a Goethe o a Schiller. Le gustaba tomar un poco de vino tinto y salía de vez en cuando, pero su sordera le obligó a refugiarse en sí mismo cada vez más, y quizás por eso su música es tan especial: no estaba influido por lo que pasaba a su alrededor».
Uno de los artilugios más curiosos que abarrotan el apartamento del maestro es un aparato de metal que se ataba alrededor de la cabeza para dirigir el sonido hacia sus oídos. «No existe un registro exacto de todos los aparatos que probó para amplificar el sonido», explica Amies, «pero se sabe que modificó algunos instrumentos para aumentar su audición». La sordera del compositor es evidente en las escenas rodadas en el Museo Etnográfico de Budapest, lugar en el que se rodó durante dos días la escena del ensayo de la innovadora Gran Fuga de Beethoven. En dicha escena, el Archiduque (Nicholas Jones) termina preguntándose si el grandioso genio ha perdido definitivamente los papeles. También se rodó en este museo la intensa confrontación entre Beethoven y Martin Bauer, a la que Anna asiste horrorizada.
El barrio medieval de la ciudad húngara de Sopron ha servido para rodar los exteriores de una de las escenas más complicadas de la película, en la que participan cientos de extras y en la que se ve a Anna deambulando por las concurridas calles de Viena. «Esta ciudad pasa perfectamente por Viena debido a su arquitectura similar y a la proximidad e influencia de Austria», comenta Agnieszka Holland. «Como mitades del Imperio Austrohúngaro, Austria y Hungría comparten una historia y una cultura comunes».
La monumental tarea de rodar los fragmentos de la sinfonía tuvo lugar en la ciudad de Kecskemet, Hungría, en el Teatro Katona Jozsef. Allí, durante cuatro días, Ed Harris y Diane Kruger dirigieron la Orquesta Sinfónica de Kecskemet, compuesta por 55 músicos, y el prestigioso Coro de Kecskemet, de 60 miembros, en cuatro partes diferentes de la sinfonía (que cubren aproximadamente diez minutos de película). Aunque la música que aparece en la película pertenece a una grabación del año 1996 de la discográfica Decca, la orquesta y el coro de Kecskemet interpretaron en directo algunas partes para acompañar el sonido grabado. Tenían que interpretar exactamente con el mismo ritmo de la grabación, y a Ed Harris le costó mucho marcarlo aunque, según el asesor musical Piotr Kaminski, lo hizo muy bien.
«Me impresionó mucho (por lo que vi y lo que oí comentar a los músicos) la habilidad de Ed para dirigir la orquesta en todas aquellas partes. Estuvo increíble, muy convincente, igual que Diane, que tenía que dirigir desde una posición bastante difícil en el foso de orquesta». Ed Harris dice: «Tras cierta inquietud inicial, el coro y la orquesta se dieron cuenta de que tenía idea de lo que estaba haciendo y de que había hecho los deberes, y cuantas más tomas hacíamos, más libres y cómodos se sentían. Hubo un momento en que, justo antes del final, Agnieszka gritó: “¡Corten!”, pero no podíamos parar. Yo seguí dirigiendo, y ellos siguieron tocando hasta el final. Cuando acabamos, el teatro estalló en aplausos. Fue un momento muy gratificante».
Para iluminar el teatro, decorado con madera oscura y colores rojos, se utilizaron 600 velas, y fueron necesarias ocho personas para encenderlas y apagarlas rápidamente entre toma y toma.
De pie frente a la orquesta, Ed Harris está ataviado con lo que la diseñadora de vestuario Jany Temime describe como un traje «chic-raído. Quería que pareciera una estrella del pop avejentada, alguien que aún conserva cierto sentido de la elegancia pero que ya no se preocupa por su aspecto». Temime fabricó y ajustó más de 650 trajes de época inspirándose en los retratos del maestro francés Ingres (1780-1867). Todos los trajes y tejidos se trajeron de Londres, incluidos cien trajes de noche. «1824 fue una época de transición en la forma de vestir de las mujeres. Los talles altos empezaron a bajar. Aún así, he decidido mantenerlos altos, porque se identifican más fácilmente con esa época», explica Temime.
Para el personaje de Anna Holtz, Temime diseñó vestidos y abrigos sencillos que «Anna, por ser una mujer trabajadora y sin recursos, se habría hecho a mano. Sólo tenía dos vestidos, que diseñamos a partir de patrones antiguos y luego tratamos y envejecimos con planchas de hierro calientes y jabón».
La directora
Agnieszka Holland afirma que ha intentado permanecer fiel al espíritu del gran compositor y al mismo tiempo acercar su música tanto a quienes ya conocían su trabajo como a quienes lo descubren por primera vez. «En la película, la música no es una ilusión. La estamos utilizando, como hizo Beethoven, para reflejar una época de la historia con un estilo contemporáneo popular. Así era Beethoven: su música pertenecía a una época y al mismo tiempo era eterna».
Reflexionando sobre las muchas contradicciones de la vida de Beethoven, Agnieszka Holland se preguntó cómo pudo la sordera influir en su música. «Es una paradoja que te hace reflexionar sobre el concepto de genio», explica. «La sordera no parecía restarle talento. Tendió un puente entre el romanticismo clásico y la música moderna, y luego lo destruyó para que no hubiera vuelta atrás».
Ed Harris apunta: «Quizá eso hizo que escapara a las influencias de su época y que sólo tuviera su mundo. Empezó a romper moldes y a cambiar enormemente las cosas».
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«En la película, la música no es una ilusión. La estamos utilizando, como hizo Beethoven, para reflejar una época de la historia con un estilo contemporáneo popular. Así era Beethoven: su música pertenecía a una época y al mismo tiempo era eterna». (Agnieszka Holland) |
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Stephen Rivele concluye: «Encontré un disco que da una idea de cómo debía de ser su pérdida de audición. Me pareció enloquecedor, y eso me hizo preguntarme cómo él no se volvió loco también. Eran todo silbidos, aullidos y estridencias, y el frustrante enmudecimiento de los sonidos iba cada vez a peor. Seguir trabajando fue una muestra de valor y determinación por su parte. Sin embargo, pienso que compuso la música más poderosa, conmovedora, heroica y espiritual de nuestra civilización».
Para el rodaje de la película se necesitaron cientos de páginas de partituras, tanto para conseguir un efecto visual realista como para las interpretaciones de Ed Harris, Diane Kruger, el coro y la orquesta. La letra de Beethoven va desde esbozos muy resumidos hasta pequeñas anotaciones hechas muy deprisa, y varía en función de su estado de ánimo: en sus manuscritos pueden verse furiosas tachaduras que reflejan ira y frustración.
Diane Kruger demostró ser extraordinariamente buena escribiendo música, con una letra muy bonita, y que en la mayoría de los primeros planos se grabó su mano. Ed Harris también era muy bueno escribiendo con el estilo de Beethoven, y con muy pocas muestras consiguió garabatear maravillosamente bien el final de la Novena Sinfonía ante la cámara». |