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Bob Dylan

SÍMBOLO DE UNA GENERACIÓN, LA DE LOS 60

Bob Dylan
Enfadado con un mundo enloquecido que no quería vivir en paz pero que tampoco entendía la creatividad, se alejó del activismo político y se volvió huraño; quería aventurarse y hacer su música, innovar, transmitir, si acaso, su propia zozobra. Muchos querían interpretar sus letras como expresión de la desorientación, la injusticia o la opresión en el tiempo presente. Pero él siempre ha eludido esas interpretaciones.

2018 será un año en el que nos veremos inundados de referencias laudatorias al acontecimiento de mayo del 68. Sin lugar a dudas, la mayoría de ellas nos ofrecerán un panorama entusiasta de lo que pudo haber sido la revolución estudiantil y luego -dicen- no fue. También se aludirá a la unión de estudiantes y obreros en las calles para hacer saltar un sistema, el capitalista, con canciones a la guitarra y el lanzamiento de aquellos famosos adoquines bajo los que, según se aseguraba, se encontraban las playas de la libertad.

Pues nosotros también queremos hacer memoria de estos 50 años. De lo que han sido y de lo que han significado. De lo que movía a aquellos estudiantes y a los intelectuales que, de repente, se vieron elevados al olimpo y la vanguardia de la revolución.

De París y Berkeley, de Méjico y Praga. Del movimiento hippie y la canción protesta, del libertarismo y de la revolución sexual. De la anticultura y del posconcilio. De todo eso hubo, y de algunas cosas más.

¿Fue el mayo del 68 una ruptura con los valores tradicionales de occidente? ¿Se produjo entre las oleadas callejeras el fin de la modernidad y el nacimiento de una nueva época? Lo que nació, ¿era realmente nuevo y tal vez más hermoso?

Lo que estalló en la primavera del 68 no ocurrió por generación espontánea. Había sido sembrado y alimentado al menos una década antes. Y no tuvo lugar sólo en París. La capital del Sena fue en cierto modo el escaparate, la manifestación visible de toda una fermentación que venía de lejos.

El final de los años 50 y el arranque de los 60 habían sido de una crispación creciente, de reivindicaciones de libertades en los Estados Unidos (pensemos en la figura de Martin Luther King, por ejemplo), pero también con acontecimientos significativos al otro lado del telón de acero. Y pensemos aquí en los tanques soviéticos recorriendo las calles de Budapest.

Mao, Trotsky, el anarquismo, Freud y los iconos de la revolución cubana se convirtieron en adalides de un mundo nuevo.

Y junto a los líderes del activismo político surgieron aquí y allá poetas y cantautores que pusieron palabras a las nuevas voluntades, a los afanes de cambio y a la crítica social: Joan Baez, Allan Ginsberg, y el propio Dylan. Su canción "La respuesta está soplando en el viento", mundialmente conocida, acompañó a Martin Luther King en aquel famoso discurso "Hoy he tenido un sueño", en la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, el 28 de agosto de 1963.

Bob Dylan ha sido considerado "augur de la contracultura" y "símbolo de la generación de los 60", si bien él nunca quiso ser considerado de este modo. Enfadado con un mundo enloquecido que no quería vivir en paz pero que tampoco entendía la creatividad, se alejó del activismo político y se volvió huraño; quería aventurarse y hacer su música, innovar, transmitir, si acaso, su propia zozobra. Muchos querían interpretar sus letras como expresión de la desorientación, la injusticia o la opresión en el tiempo presente. Pero él siempre ha eludido esas interpretaciones.

Ha pasado el tiempo.

De vuelta de muchas cosas, escribe en una de sus canciones más recientes, Not Dark Yet (Aún no ha oscurecido):

Caen las sombras y llevo aquí todo el día,
Hace demasiado calor para dormir
y el tiempo se escapa,
Siento como si mi alma
se hubiese vuelto de acero,
Aún tengo las cicatrices que el sol no sanó.
Ni siquiera hay habitación suficiente
como para estar en ningún lado.
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar

Mi sentido de la humanidad
se ha ido por el desagüe,
Detrás de cada belleza
ha habido siempre algún dolor,
Ella me escribió una carta, amablemente
Puso todo lo que se le pasó por la cabeza,
No acabo de ver por qué me habría de molestar.
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.

"He estado en Londres y también en el alegre Paris,
Seguí el río hasta llegar al mar,
He alcanzado el fondo de un mundo lleno de mentiras,
No estoy buscando nada en los ojos de nadie,
A veces mi carga es más pesada de lo que puedo soportar."

Nací aquí y aquí moriré en contra de mi voluntad,
Ya sé que parece que me marcho,
pero estoy quieto,
Cada nervio de mi cuerpo está ausente
e insensible,
Ni siquiera recuerdo
de qué vine huyendo,
Ni siquiera oigo el murmullo de una oración.
Aún no ha oscurecido, pero no va a tardar.


Bob Dylan
"He alcanzado el fondo de un mundo lleno de mentiras, / No estoy buscando nada en los ojos de nadie, / A veces mi carga es más pesada de lo que puedo soportar."

En 1978, dos años después de haberse divorciado, Dylan se acercó al cristianismo y al judaísmo, y esta doble referencia no ha sido abandonada del todo; a la vez, su carácter a todas luces se hizo más afable. Sin embargo, cierta amargura resignada parece venir acompañándole en estos últimos años. En el discurso de recepción del premio Nobel de Literatura, en 2016, se compara expresamente con Ulises, zarandeado por el destino, aunque -al parecer- sin un hogar al que regresar.

En esto también, como tantos de nuestros contemporáneos ante el fiasco de las profecías revolucionarias de la modernidad, Bob Dylan habla de una existencia marcada por el desencanto:

"He alcanzado el fondo de un mundo lleno de mentiras, / No estoy buscando nada en los ojos de nadie, / A veces mi carga es más pesada de lo que puedo soportar."


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