Raíces de Europa
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Del Islam a la Yihad

UNA REFLEXIÓN GEOPOLITICA SOBRE EL MUNDO ISLÁMICO A COMIENZOS DEL SIGLO XXI

Bienvenido Gazapo.
Profesor Titular de Geopolítica. UEM

4. Algunos escenarios conflictivos

4.1. SIRIA, ENCRUCIJADA DE INTERESES

El conflicto sirio, tal y como lo hemos vivido es la manifestación de un doble problema: Uno, interno, del islamismo político, y que a mi parecer debe solucionar el mundo islámico. El otro es externo: Siria ocupa geopolíticamente un lugar privilegiado en Oriente Próximo, con fachada al Mediterráneo, entre dos estados rivales: Turquía, al norte, miembro de la OTAN e Israel al suroeste.

1. El problema interno: Siria es un país islámico de gran tradición. Piénsese en Damasco capital del califato Omeya. Hoy, más del 80% de su población es islámica. De ellos, una mayoría importante (un 85% acaso) es sunní; el resto es chií (alawi, druso, etc.). El resto de la población es una minoría cristiana (ortodoxa y católica).

Irak es un espacio ingobernable
Irak no ha conseguido pacificarse y la escalada de violencia va en aumento hasta generar el espectáculo sobrecogedor que estamos contemplando: ISIS / DAESH controla hoy el tercio norte irakí, constituyendo, de hecho, un nuevo Estado

Cuando en el año 1970 tomó el poder Hafez-Al-Asad, padre del actual presidente sirio (que gobernó el país hasta su muerte, dejando como heredero a su hijo) triunfó el Partido Socialista Islámico, Baaz. Siria se orientó políticamente hacia formas occidentales, en este caso hacia la URSS, entrando así, como otros Estados islámicos, en la senda del laicismo político, es decir, adoptando un sistema de gobierno que se separaba de la Sharia.

Pero la familia Asad es chií, lo que provocó malestar, por un lado entre gran parte de la población siria que, aunque moderada, es sunní, como hemos dicho, y por otra entre los sectores islamistas radicales, enemigos del estado “ateo”, secular, dirigido por un chií, apóstata, cuyas creencias están fuera de la ortodoxia islámica, por lo que merece la muerte. Said Hawwa, ideólogo de los Hermanos Musulmanes, escribía:

“Los países musulmanes son dirigidos por incrédulos y ateos. Es obligación individual de todo musulmán emprender una campaña de purificación destinada a restablecer el orden. Esto sólo ocurrirá por medio de una yihad que elimine, sin compasión ni piedad, a las incrédulas sectas ocultistas y a los alawíes, así como a los comunistas, a los nacionalistas y a quienes reclaman la separación entre Estado y religión”. (Citado por I. Álvarez-Ossorio, “Las paradojas del islam político en Siria”, Rev. CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 93-94, p. 163-178).

No es extraño, pues, que el régimen político de los Asad fuera extremadamente cuidadoso en incluir en sus gobiernos a personajes sunníes, a fin de mantener este difícil equilibrio, pero siempre controlados por los servicios secretos sirios. Su política ha dado resultados, de forma que gran parte de los islámicos de Siria entienden o aceptan la separación del poder político de los preceptos religiosos.

Pero los regímenes laicistas que se impusieron en el mundo árabe en la segunda mitad del siglo XX se han ido deslegitimando por la corrupción interna de sus líderes, perpetuados en el poder bajo formas falsas de democracia, por lo que el mundo islámico se encuentra ante un fenómeno de reislamización social y política. Siria está atravesando el mismo fenómeno y deberá elegir entre mantener la línea laicista de Asad o la de encontrar una alternativa (laicista o islamista) a dicho mandatario.

Y aquí comienza el problema, pues esa alternativa es muy compleja ya que la oposición al régimen de Asad es muy dispersa. Por un lado está el ESL (Ejército Sirio Libre), conglomerado de grupos muy diversos que coinciden en su oposición genérica al régimen; por otro, el MMS (Mando Militar Supremo, apoyado por la oposición en el exilio) que podría ser el grupo que estableciera un régimen moderado en Siria. Los kurdos, por su parte, luchan a dos bandas: contra el régimen de Asad y contra los islamistas radicales que intentan radicalizar a la población kurda. Finalmente está el conjunto de yihadistas (el Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda; el Emirato Islámico de Irak y el Levante –hoy ISIS/DAESH-- y otros).

2. El problema externo es geopolítico. De poder de las grandes potencias. Siria es un cruce de intereses internacionales. El régimen de Asad, apoyado por la URSS, primero y por Rusia ahora, tiene intereses económicos (venta de armas) y geoestratégicos (utilización de la base naval de Tartus, construida por la URSS en el contexto de la Guerra Fría), se opone a los intereses de EE.UU, que consiguió incluir a Turquía en la OTAN (1952) y que ha apoyado inequívocamente a Israel.

4.2. IRAK ES UN ESPACIO INGOBERNABLE

Vecina de Siria por el Sur, Irak es un espacio muy fragmentado religiosamente: Sunníes: 35-40%; chiíes: 55-60%.

En 1958 un golpe de estado acabó con la monarquía e impuso la República islámica. En 1979 un sunní laicista, Sadam Husein llegó al poder, iniciando la represión contra los chiíes y embarcándose en una dinámica bélica suicida: Guerra contra Irán que terminó en 1988. Inmediatamente reclamó Kuwait y lo invadió (1990). Occidente reaccionó, pues Kuwait posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Fue la Primera Guerra del Golfo, tras la que Irak fue condenado a un bloqueo internacional que perjudicó fundamentalmente a la población.

Tras los atentados de Mahattan, EE.UU acusó a Sadam de formar parte de un “eje del mal” y de arropar al terrorismo internacional contra Occidente, por lo que Irak se situó en el punto de mira de una nueva operación de castigo por parte de Occidente si no admitía a los inspectores de la ONU, que controlaban el estado de los arsenales de armamento. Sadam fue dilatando este compromiso hasta que los EE.UU intervinieron. Fue la Segunda Guerra del Golfo (2003) que duró unas semanas, tras la que Sadam fue capturado.

En 2005 se votó una nueva Constitución democrática para un Irak dividido entre los intereses difícilmente conciliables de los tres grupos religiosos más importantes: Los kurdos (islámicos suníes; el 17% de la población) al norte; los iraquíes sunníes en el centro (20% aprox.) y los iraquíes chiíes en el centro sur (60%).

Irak no ha conseguido pacificarse y la escalada de violencia va en aumento hasta generar el espectáculo sobrecogedor que estamos contemplando: ISIS / DAESH controla hoy el tercio norte irakí, constituyendo, de hecho, un nuevo Estado.

4.3. IRAN ES UNA TEOCRACIA ISLÁMICA Y UNA POTENCIA REGIONAL

Irán presenta la trayectoria del triunfo político del islam chií.

El Sha Reza Pahlevi acometió en 1941 la occidentalización de Persia sin contar con el peso de la tradición religiosa del pueblo iraní, que se opuso, dirigido por el Imam Jomeini y la Universidad de Teherán. El agravamiento de la situación económica en los años setenta provocó el derrocamiento de éste y la proclamación de la República islámica de Irán (1979).

A la muerte de Jomeini (1989) tomó la “guía de la revolución” el Imam Jamenei, que representaba el ala dura de la revolución, aunque fue elegido el moderado Jatamí como Presidente, que inició un proceso de apertura hacia Occidente. En 2004, este proceso de apertura quedó paralizado pues se impuso de nuevo el ala dura, con el triunfo de Ahmadinejad, rival político de Jatamí y cordial enemigo de Israel (negó el “Holocausto”; prometió la desaparición del estado sionista; apoyó a los grupos islámicos radicales Hamás e Hizbolá, etc.).

Las elecciones de 2013 dieron el triunfo a Hasan Rouhani, clérigo moderado, que promete prudencia y desarrollo en un Irán rico, pero estancado económicamente. Su talante augura una mayor apertura hacia Occidente, si el “Guía de la Revolución” lo permite.

Irán es una potencia regional indiscutible. Con una extensión de más de 1,6 millones de km2 (más de 3 Españas), con accesos al Mar Caspio y Golfo Pérsico (cuencas petrolíferas de primer orden), se convierte en el cuarto productor de petróleo del mundo y la primera en reservas de gas. Su población joven (80 millones de habitantes) supone un activo importante.

De cómo termine el conflicto sirio-irakí depende el que Irán, se convierta o no en la gran potencia chií del Golfo Pérsico, con los problemas que esto crearía a Arabia Saudí.

4.4. AFGANISTÁN ES UN REDUCTO INDOMABLE

Afganistán es un país marcado por la fragmentación étnica, que se une frente a los intentos de dominio procedentes del exterior, pero que se resiste a unificarse internamente.

Fragmentación étnica: en el norte dominan los uzbecos y tayicos, mayoritariamente sunníes.l Al oeste la población es mayoritariamente persa y chií. En el centro, los hazaras, descendientes de nómadas mongoles chiíes, mantienen sus formas de vida aparte. Es sur está dominado por los pashtos (mayoritariamente afganos), un conjunto de tribus con instintos guerreros, muy celosos de su independencia.

En el año 1919 el nuevo emir afgano emprendió un programa de occidentalización, pero encontró gran resistencia social (en particular por su propuesta de emancipación de las mujeres). Esta hostilidad de parte de la población y el oportunismo soviético facilitaron el golpe de estado de 1973, proclamando la república. Se abría así el camino hacia una dictadura comunista que se instauró en 1979, apoyada por la URSS, que invadió militarmente Afganistán. La resistencia de pasthos al sur y tayicos al norte fue incontestable (Lo mismo puede decirse del apoyo norteamericano a estos grupos, que consideraban este asunto como un episodio de la Guerra Fría frente a la URSS. En aquella escena apareció Ben Laden (aliado con EE. UU al principio en sus fines antisoviéticos, pero convertido en feroz enemigo a raíz de la intervención americana en la Guerra del Golfo), haciendo de Afganistán su base de entrenamiento de muyahidines contra los infieles de Occidente).

El hundimiento de la URSS en 1991 supuso el fin del régimen comunista afgano. Empezó entonces el enfrentamiento entre las gentes del norte (tayicos y uzbecos) y los pashtos del sur, hasta vencer estos, imponiendo un régimen islámico arcaico: el régimen talibán (El origen de los grupos integristas pashtos talibán hay que buscarlo en las escuelas islámicas –madrasas– de Pakistán durante la resistencia anticomunista).

En el año 2002 los EE. UU intervinieron como represalia contra los atentados de Manhattan, favoreciendo la guerra civil entre los distintos grupos afganos (los “señores de la guerra”, al norte; el régimen talibán de Kabul, al sur) hasta conseguir derrocar al régimen talibán, que protegía a Ben Laden. Desde ese momento, los esfuerzos han ido orientados a fortalecer un régimen político democrático, muy parecido a los de Occidente, pero que choca con una sociedad muy fragmentada étnicamente y con estructuras sociales, culturales y económicas muy arcaicas. El Presidente Karzai, apoyado por la comunidad internacional y refrendado popularmente en 2005, ha intentado controlar hasta setiembre de 2014 a duras penas un país indómito, pues los grupos talibán tienen una fuerza operativa muy grande. La situación actual es caótica.

4.5. TURQUÍA SE HA CONVERTIDO EN UNA INCÓGNITA

Fue el primer país islámico que llevó a cabo la revolución laicista que desarraigó las formas islámicas del poder. En el año 1923, Kemal Atatürk aprovechó la derrota Turquía en la 1ª G.M. y puso en marcha el proceso de fundación de la nueva Turquía, concretado en seis puntos: republicanismo (abolición del sultanato), nacionalismo (especialmente agresivo con las minorías étnicas, kurdos y armenios); populismo, a falta de una verdadera democracia; estatalismo, es decir, poderosa intervención del estado en todos los aspectos, fundamentalmente en la economía; secularización del poder, reduciendo al islam a funciones meramente religiosas.

En 1952 entró a formar parte de la OTAN, pues Turquía constituye una cuña geopolítica entre la URSS y los estados islámicos del sur. Se situaba así en la órbita del mundo occidental, pero en Turquía se da una contradicción: El Partido Republicano, laicista, que permite la separación entre el poder religioso y el civil, es nacionalista, autoritario y no democrático. Por el contrario, el Partido Democrático permite el juego político de todas las fuerzas, con lo que el islamismo dominante en la sociedad ha ido tomando fuerza política, entrando en el parlamento y ganando las elecciones.

Dicho de otra forma: en Turquía, si se opta por el sistema democrático, permitiendo el juego de partidos, se termina en manos del islamismo dominante socialmente. Si se opta por el laicismo, es preciso ser autoritarios y frenar el islamismo. De ahí que los golpes de estado militares (protagonizados por nacionalistas, partidarios de Atatürk) se hayan sucedido, hasta que en el año 2002 venció en las elecciones políticas Tayyip Erdogan (actual presidente), un islámico que, aunque propugna la separación entre la religión y el estado, mantiene una línea de recuperación de la influencia del islamismo en la vida pública. ¿Habrá iniciado Turquía un proceso de reislamización? Las últimas elecciones (noviembre 2015) que dan mayoría absoluta parlamentaria al partido en el poder (AKP), lo hacen sospechar.


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