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¿Qué hace aquí Don Quijote?

Una aproximación a su lectura

SANTIAGO ARELLANO HERNÁNDEZ

3. UNA CONSIDERACIÓN CULTA PREVIA

Son muchos los profesores que me ayudaron a descubrir la maravilla  de  Don Quijote. Aunque no los cite expresamente sus enseñanzas están incorporadas a mis reflexiones y proclamo mi agradecimiento.

Por ejemplo, aprendí que en el Quijote se hace patente la contienda entre los ideales y valores medievales y el surgimiento de una nueva sociedad cuyas aspiraciones llegan hasta nuestros días. Solemos repetidamente afirmar que Cervantes manifiesta su propósito de acabar con los libros de Caballería. No lo negamos; pero es evidente que la grandeza de la obra no se encuentra en esa finalidad. Las novelas y mucho más el ideal de la caballería habían entrado en un declive evidente. Aunque Carlos V tenía en su mesa de noche el Amadis de Gaula como libro preferido, y los conquistadores del Nuevo Mundo tenían como recuerdo sus aventuras desmesuradas, como enseñaba Don  Manuel de Montoliu, a quien sigo en este apartado “Los libros de caballerías significan el último esfuerzo para demorar por algún tiempo el hundimiento ineluctable de aquel ideal de civilización”.

Otra vía diferente fue la seguida en el siglo XVI por la Italia Renacentista por ejemplo Ariosto, en el Orlando Furioso El caballero encarna el espíritu renacentista burlesco, escéptico, realista y humano, y conserva sin embargo el mismo paisaje quimérico y maravilloso de la primitiva leyenda; el interés resulta entonces del rudo contraste entre lo maravilloso del ambiente y el escepticismo realista y mordaz del héroe. El efecto es eminentemente cómico.

Cervantes sigue un camino opuesto: el Caballero conserva toda la gravedad antigua pero tiene que actuar en el mundo real, en los paisajes de su tierra nativa, la Mancha. El choque resulta brutal entre la idealidad  aprendida en los libros del caballero y la dura realidad del ambiente; choque muchas veces cómico, pero en el fondo siempre trágico. Esta es la genial solución de Cervantes.

Cervantes conoce el cambio de rumbo de la civilización y de la cultura determinado por el Renacimiento; en lo más íntimo de su corazón, brilla todavía atractivo y fascinador, el hechizo de los ideales pasados, como demuestra su biografía. Es el contraste entre la verdad interior y la verdad exterior. En ninguna obra de la literatura renacentista se presentan en oposición la contienda entre el ideal caballeresco y el picaresco. Cuando consigue la libertad tras cinco años de esclavitud, mantiene íntegramente todos los valores de los que hizo gala en la batalla de Lepanto, la más gloriosa ocasión que vieron los siglos, y su heroica defensa de la galera Sol. Un mundo social absolutamente cambiado encuentra a su regreso. En sus duros recorridos como recaudador de impuestos va a constatar que el nuevo mundo está en manos de pícaros y celestinas. El mundo que contrapuso por separado en las novelas ejemplares, el de Rinconete y Cortadillo o La española inglesa, aparecen en la novela  en un vivir común y como es lógico, saltando chispas en cada encuentro.

El caballero –“casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida defenderla”- “quiere lo que debe ser; el pícaro acepta lo que es. El caballero se impone por su voluntad y por su idea; el pícaro se impone por su astucia y por su sentido práctico. El caballero se evade del mundo para imponerle una realidad superior; el pícaro se evade también del mundo pero para burlarlo y acomodarlo a su holganza y conveniencia. El Quijote nos presenta al Caballero en una sola figura y al Pícaro fragmentado en una muchedumbre de los más heterogéneos personajes. En el Quijote lo caballeresco está en el protagonista; lo picaresco está en el ambiente”.

 Como he dicho anteriormente, el “Ya no soy Don Quijote” del último capítulo, deja en mensaje claro que para vencer al pícaro no sirven las armas de la caballería. En esto para mí radica lo que llamamos la locura o semilocura del héroe. El error de Don Quijote consiste en haber creído que al desbarajuste de una sociedad que ha dejado de ser comunidad, en la que vale todo para medrar y en la que, imitando a Sancho, el que más chufle capador, la podía remediar el ideal de la caballería Y probablemente de ahí nace la melancolía  que le lleva a la muerte.


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