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El drama del hombre moderno y contemporáneo

FASCINADOS POR LA MARAVILLA DE DIOS

1.- CONSECUENCIAS DE LA MUERTE DE DIOS

El poeta Juan José Domechina en un poema de sus últimos años en que del indiferentismo religioso volvió a la fe, lo confesó vivido en propia carne:


Estás solo, sin Dios. ¿Has entrevisto
lo que es un hombre solo? ¿Cabe tanta
soledad en un hombre? ¿No te espanta
sentir la vida a solas? Yo—que existo


a medias, porque Dios, visto
y no visto, no siempre está en mis ojos, y, en su santa
noche, la sombra que yo soy no canta—
a la vida de veras he previsto.


Tras tanta muerte engañadora, asisto
en el amanecer, que se levanta
antes que el sol, a mi existir, y existo,


porque Dios, que se enciende, pone tanta
verdad en mí, que resucita Cristo
como un raudal de luz en mi garganta.

Os lo pongo de manifiesto con un ejemplo, escrito por Eduardo Carranza, poeta colombiano, muy presente en España entre los ya asentados poetas del 27 entre los años 50 y 60.

EL DESDICHADO


No tenemos sino este planeta
hermoso y triste.
No tenemos sino esta única vida
hermosa y triste.
No tenemos sino este corazón
que recorre un fantasma a veces transparente,
otras veces siniestro. Y esta punzada de la música.
Y este sorbo de vino soñador.
No tenemos sino este pan terrestre,
infernal o celeste de amar y de esperar
o morir...
Yo no tenía sino una campana
que llama y llama ahora para nadie
y la llave que abría aquella hermosa puerta
que ya no existe.
No tenemos sino eso: es decir nada.
Mejor dicho: no tengo nada. Y punto.
Si tocas las palabras anteriores
te quedará la mano ensangrentada.


24 de diciembre


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